Desquiciante exhibición de inoperancia del Cádiz CF ante el colista que sentencia la era Garitano
El equipo amarillo vuelve a mostrar su absoluta incapacidad para generar fútbol o rebelarse ante el partido y suma solo un punto de los últimos 24 posibles
No va más, que se dice en al ruleta. Gaizka Garitano ha perdido su ultima bola extra, o al menos eso debería ser. La etapa del entrenador vasco toca a su fin. Un punto de los últimos 24 que ha disputado el Cádiz CF parece una base suficiente para su cese. Perder ante el colista, el agravante definitivo.
El Cádiz CF volvió a mostrar un desquiciante ejercicio de inoperancia en el Nuevo Mirandilla, o mejor dicho, en el estrenado JP Financial Estadio. El colista Real Zaragoza se llevó los tres puntos con un 0-1 que resume a la perfección el momento del equipo amarillo: impotencia, previsibilidad y una alarmante incapacidad para reaccionar. Nada es nuevo.
La derrota deja al Cádiz con un solo punto de los últimos 24 posibles y con la sensación de que la etapa de Gaizka Garitano en el banquillo está prácticamente agotada. Ni el equipo transmite carácter, ni muestra capacidad de reacción, ni ofrece argumentos futbolísticos que inviten a pensar en una recuperación inmediata.
Y lo más preocupante no es solo el resultado. Es la sensación de vacío futbolístico. Es la nada. La cañida libre no parece tener forma de pararse. El equipo está en descomposición y las alarmas ante el descenso suenan cada vez más reales.
El aún entrenador cadista lo intenta, eso sí, pero no. Garitano volvió a mover piezas buscando una reacción que nunca llegó. El técnico regresó al 1-4-4-2 previsto en la previa, aunque con algunas decisiones que llamaron la atención. La principal fue el cambio en la portería, con David Gil como titular pese a que Víctor Aznar había sido indiscutible durante las últimas jornadas.
En defensa se mantuvo la línea de cuatro esperada, mientras que la variación más significativa apareció en el doble pivote, donde el técnico apostó por Ortuño junto a Álex con la idea de tener más control del balón.
En las bandas, De la Rosa ocupó la izquierda y Antoñito Cordero la derecha, mientras que Suso actuó como segundo delantero acompañando a Dawda. Sobre el papel parecía un once pensado para tener más posesión y presencia ofensiva. En el campo, sin embargo, volvió a aparecer el mismo Cádiz plano y sin profundidad de toda la segunda vuelta.
El equipo comenzó teniendo más balón, pero sin generar peligro real. Mucho toque horizontal, muchos centros sin rematador y muy poca capacidad para romper el bloque rival. Aún asi, tuvo dos remates de Dawda y Suso, que fueron interceptados por la defensa cuando iban a portería.
El Zaragoza, pese a su condición de colista, fue creciendo poco a poco. Sabia que en este partido tenññia que esperar, aunque no le hizo falta hacerlo demasiado. Primero con disparos lejanos que no encontraron portería y después con llegadas más claras.
Hasta que en el minuto 19 llegó el único gol del partido. Kodro remató en el área, el balón fue rechazado por la defensa y el propio delantero aprovechó el rebote para marcar en segunda instancia. El Cádiz, al menos esta vez, no se vino abajo de inmediato. Pero tampoco reaccionó como un animal herido, no.
El equipo siguió manejando el balón sin profundidad ni agresividad, incapaz de acelerar el ritmo o de incomodar realmente al conjunto aragonés. Por momentos incluso fue el Zaragoza el que tocó con más criterio, algo que refleja hasta qué punto el Cádiz atraviesa una profunda crisis futbolística.
Un intento de reacción que se diluyó pronto
En el descanso Garitano intentó rectificar. O rectificarse. Diakité entró por Ortuño y Brian Ocampo sustituyó a De la Rosa buscando más profundidad. Durante los primeros minutos del segundo tiempo pareció haber algo de reacción. El Cádiz acumuló algunas llegadas y generó varios disparos consecutivos que dieron cierta sensación de peligro. Pero fue un efecto gaseosa.
La intensidad inicial se diluyó rápidamente y el equipo volvió a caer en la misma dinámica de juego plano y previsible. Garitano siguió moviendo el banquillo, dando entrada a García Pascual, Roger y posteriormente a Kouamé, pero nada cambió.
El Cádiz siguió acumulando centros laterales sin rematador, ataques lentos y previsibles con un fútbol incapaz de desbordar a un rival que llegaba como colista. Mientras tanto, el Real Zaragoza incluso tuvo alguna ocasión clara para sentenciar el partido en el tramo final.
Entre bostezos y cabezadas de mi vecino de grada, se consumió el último cuarto de hora de partido. Esa escena resume perfectamente lo que está siendo este Cádiz: plano, impotente e inoperante. Ni si quiera da opción al cabreo excesivo.
Números que reflejan un dominio estéril
Las estadísticas reflejan bien lo que fue el partido: un dominio estéril del Cádiz. El equipo amarillo terminó con un 67 por ciento de posesión y casi el doble de pases que el Zaragoza (531 por 270), además de una precisión del 89 poor ciento en circulación. Pero ese control apenas se tradujo en peligro real.
El Cádiz disparó 12 veces, solo cuatro entre los tres palos. El Zaragoza lo hizo diez veces con tres tiros a puerta, suficientes para llevarse el partido. También tuvo más córners (6-3) y más recuperaciones, pero todo ese volumen de juego volvió a quedarse lejos de las áreas. Mucha circulación, poca profundidad y casi ninguna capacidad de desequilibrio.
La diferencia volvió a estar donde se deciden los partidos: en la eficacia.
El tramo final fue un reflejo perfecto del momento del equipo. El Cádiz siguió atacando de forma desordenada, acumulando centros laterales sin rematador y sin encontrar ninguna forma de romper el partido.
Pero lo más llamativo no estuvo solo en el campo. La grada, que durante semanas había mostrado su enfado, esta vez pareció más resignada que enfadada. Algunos pitos al descanso y al final, algunos gritos contra Vizcaíno e insultos hacia Contreras… y poco más.
La impotencia que transmite el equipo parece haberse trasladado también a la grada. Y esa sensación de apatía es quizás el síntoma más preocupante.
Una racha insostenible
Era la primera de las dos finales inesperadas que tenía el Cádiz en esta fase de la temporada. Y el resultado no pudo ser peor. El equipo sigue en caída libre. Sin alma, sin carácter y sin capacidad de reacción.
La derrota deja al Cádiz con un solo punto de los últimos 24 posibles, la peor racha que ha tenido nunca un entrenador del club en Segunda División. Entre otras cosas porque nunca antes se había llegado a ese extremo: los técnicos eran cesados antes.
La era Garitano parece prácticamente sentenciada. En los últimos partidos se le ha visto no solo desanimado, sino superado e incapaz de encontrar soluciones. Incluso cuando intenta corregir algo, acaba generando nuevos problemas.
En fútbol hay dos reglas básicas. La primera: no tocar lo que funciona. Garitano lleva semanas haciéndolo para mal. La segunda: no generar debates nuevos cuando ya existen demasiados. Y el técnico cadista lo ha vuelto a hacer.
Todas las señales que transmite el equipo son negativas. Es hora de dar un golpe de timón. No hay más.
Al menos, el Cádiz tiene un nombre comercial para su estadio. A este paso, para los partidos en Primera RFEF.