El Cádiz CF logra una importante y sufrida victoria ante un Sporting que estuvo a punto de empatar
Tres goles, un penalti que rompe la maldición y una primera vuelta con 34 puntos confirman el buen momento de un equipo en línea ascendente
El Cádiz CF cerró la primera vuelta de LaLiga Hypermotion con una victoria tan trabajada como simbólica ante el Sporting de Gijón (3-2), un rival directo, en un partido que volvió a confirmar que el equipo de Gaizka Garitano atraviesa su mejor momento del curso.
No fue un encuentro cómodo, ni mucho menos, pero sí uno de esos que consolidan dinámicas y refuerzan convicciones: este Cádiz vuelve a creer en lo que hace. Y eso que hace pasa por defenderse con calma cuando el rival aprieta (salvo en los minutos finales) y saber que las que tenga arriba las va a aprovechar.
El 3-0 que se vio en el marcador tras el penalti de Tabatadze se antojaba un duro castigo para el Sporting, pero el empate final que rozaron los asturianos hubiera sido demoledor para los amarillos por cómo se desarrolló el choque, pero, estadísticas en mano, no hubiera sido escesivamente injusto. El Cádiz tuvo menos balón, disparó menos y menos entre los tres palos y casi en todos los números sale perdiendo.
Garitano apostó por mantener el bloque y no hizo más cambios que el regreso de Iza. Brian le devolvió la confianza con un golazo, pero deja abierto el debate sobre si debe seguir de titular o no.

El arranque tuvo un primer aviso visitante, pero pronto el Cádiz empezó a mostrarse reconocible, con dos buenas internadas de De la Rosa y una puesta en escena valiente. El Sporting trató de adueñarse del centro del campo y durante varios minutos obligó a los amarillos a defender sin balón, pero bastó una salida limpia para cambiar el guion.
En el minuto 10 llegó la primera gran acción local. En un saque de esquina, Jorge More prolongó en el primer palo y Álvaro García Pascual, atento en el área pequeña, envió el balón a la red. Primer gol de cabeza en acción de estrategia (segundo de cabeza del curso) y premio al trabajo del delantero malagueño y a su insistencia en un rol cada vez más completo, más allá del gol.
El tanto no cambió el guion del partido: más balón visitante y más veneno cadista cuando encontraba espacios. Otero rozó la escuadra en el minuto 15 y el Cádiz, con poco, transmitía peligro. De hecho fue la tónica y los números de todo el choque.

Antes del descanso, el Sporting volvió a rozar el empate en una acción a balón parado que Moussa Diakité estrelló en el larguero tras una intervención decisiva de Víctor Aznar.
La segunda mitad arrancó con un susto mayúsculo: Iker Recio salvó bajo palos por dos ocasiones en la misma jugada el empate visitante en la primera acción tras el descanso. A partir de ahí, el Cádiz aceptó su papel: bloque bajo, orden defensivo y espera paciente para castigar a la contra.
Y lo hizo. En el minuto 52, Brian Ocampo firmó una de esas acciones que explican al futbolista en apenas segundos. Pudo elegir el pase, pero eligió el desafío individual. Condujo, amagó, se fabricó el espacio y soltó un derechazo al palo para hacer el 2-0. Golazo celebrado con contención por el uruguayo, pero muy respaldado por sus compañeros, conscientes del peso emocional del tanto.
Los mejores minutos del Cádiz coincidieron con ese segundo tanto. Garitano movió el banquillo en el 71 dando entrada a Tabatadze y Antoñito Cordero, y el georgiano volvió a demostrar por qué su rol como revulsivo le sienta como un guante.
En una cabalgada de más de 60 metros, resistió un agarrón, recortó dentro del área y forzó un penalti claro. Él mismo lo transformó con decisión, rompiendo por fin la mala racha desde los once metros: los cuatro lanzamientos anteriores del equipo habían acabado en error. Sexto gol del máximo artillero cadista, quinto saliendo desde el banquillo.
Con el 3-0, el partido parecía sentenciado, pero el fútbol moderno volvió a asomarse en forma de penalti dudoso. Ortuño tocó al delantero cuando el balón ya no estaba en ni en el terreno de juego, el colegiado se tomó unos segundos y señaló la pena máxima. Dubasin recortó distancias y sembró dudas.
El Sporting se metió definitivamente en el partido tras un segundo tanto en el 92, nacido de un despeje blando que acabó en un disparo ajustado. Fueron minutos de nervios, más de resistencia que de control, con el Cádiz muy hundido y defendiendo con más corazón que orden. Pero resistió.

Tres puntos más, 34 al término de la primera vuelta y una sensación inequívoca: el Cádiz está en racha. Desde el cambio al 4-4-2, el equipo ha marcado al menos dos goles en todos los partidos, esta vez tres, y ha encontrado una identidad clara. Una identidad que pasa por el saber sufrir y defender, pero que tiene en la contundencia arriba el elemento diferencia.
Hay margen de mejora, sí, pero también una base sólida, confianza y viento a favor. Otra vez. El Cádiz entra en la segunda vuelta en puesto de fase de ascenso (al menos provisionalmente) y con margen importate respecto a los puestos de descenso.
Pero, sobre todo, lo hace con argumentos, con patrón y sistema d ejuego claro, con jugadores enchufados y con la certeza de que vuelve a ser un equipo incómodo… y peligroso.