El Cerro del Moro empieza a perder el miedo: vecinos salen a la calle y denuncian tres narcopisos
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El Cerro del Moro ha empezado a movilizarse contra una situación que un grupo de vecinos considera ya insostenible. Venta y consumo de droga en pisos, amenazas a personas mayores y niños que vienen de jugar al fútbol en el cercano campo Manuel Irigoyen. Y miedo, mucho miedo, al que comienzan a plantarle cara.
Desde el pasado viernes, alrededor de medio centenar de personas participa en concentraciones y recorridos de vigilancia de día y de noche para denunciar la existencia de tres narcopisos, además de diferentes problemas de seguridad y convivencia que aseguran estar sufriendo en el barrio. La participación todavía es pequeña, pero quienes han dado el paso sostienen que detrás de muchas ausencias está, sobre todo, ese miedo.
Pepa Fernández, responsable del comedor social Amigas al Sur y portavoz de esta plataforma ciudadana, asegura que en las viviendas señaladas no solo se estaría vendiendo droga, sino que también se consumiría en su interior.
En el vecindario sitúan algunos de estos puntos en la avenida de Lacave y la calle Grazalema y relatan situaciones que consideran especialmente preocupantes, con personas que supuestamente llegan portando cuchillos, destornilladores e incluso catanas y amenazando a quienes se le cruzan en su camino. “Van locos, idos”, señala la portavoz.
“Muchas vecinas no bajan por miedo”, explica Fernández. Según su relato, algunas de las personas que acuden a estos pisos salen después de consumir en un estado muy alterado, una situación que estaría provocando temor entre quienes viven en las inmediaciones.
La plataforma también denuncia intentos de quitar móviles y patinetes a menores cuando regresan de jugar, así como insultos y empujones a personas mayores.
Ese miedo ayuda a entender que las primeras concentraciones estén reuniendo a apenas medio centenar de personas pese a tratarse de un barrio con miles de residentes. Quienes sí se han movilizado comenzaron la pasada semana a realizar recorridos tanto de día como de noche y, según Fernández, en algunas ocasiones acompañan a vecinos que no se sienten seguros al transitar por determinadas zonas.
Problemas en las viviendas y respuesta policial
Las denuncias se extienden también al estado de algunos de los inmuebles. Fernández habla de personas que pernoctan en ellos, fuegos en el interior y desperfectos importantes en techos y suelos que estarían afectando a otras viviendas. La plataforma reclama que se revise la situación de estos pisos y que las administraciones intervengan en aquellas cuestiones que sean de su competencia.
La portavoz, sin embargo, valora positivamente la respuesta que están obteniendo de los servicios de seguridad y emergencias. Destaca la actuación de la Policía Nacional y señala que tanto la Policía Local como los Bomberos han respondido cuando se ha solicitado su presencia. Paralelamente, la plataforma ha comenzado a trasladar sus reivindicaciones a las administraciones y a buscar reuniones para explicar directamente lo que está ocurriendo.
“Nos sentimos solas”
Más allá de la actuación institucional, Pepa Fernández lanza una llamada al resto de Cádiz. La portavoz recuerda que desde el Cerro del Moro se han respaldado durante años movilizaciones de otros colectivos y barrios y ahora echa en falta esa misma solidaridad. “Nos sentimos solas. No somos un barrio de tercera, somos de primera como cualquiera; necesitamos que estén apoyando y estén dando la cara”, reclama.
La experiencia vivida durante la primavera en Santa María aparece inevitablemente como referencia. Allí la movilización contra la droga fue creciendo hasta sacar a cientos de personas a la calle; en el Cerro del Moro, por ahora, el proceso acaba de comenzar y lo hace con una dificultad añadida que sus propios vecinos no esconden: conseguir que quienes comparten la preocupación, pero todavía tienen miedo, se atrevan también a bajar.
“No veo a nadie aquí. Necesito a mi gente y a la gente a la que he apoyado siempre”, resume Fernández. Desde el pasado viernes, ese pequeño grupo continúa saliendo de día y de noche con la intención de que las primeras concentraciones sean solo el comienzo de una respuesta más amplia del barrio.