El drama de Noelia en Cádiz estalla frente al Ayuntamiento: “Parece que solo soy un número y nadie me escucha”
“Solo tengo mi voz”: sin vivienda, pasando por albergues y diagnosticada con depresión, denuncia un año sin respuesta mientras espera en una lista que no avanza
La historia de Noelia Fraga López es tan demoledora como representativa del problema de la vivienda en Cádiz, de los fallos y vacíos del sistema y de la falta de respuesta del Ayuntamiento ante casos que no trascienden a la opinión pública. Hoy ha dicho basta.
Tras casi un año esperando una respuesta del concejal de Asuntos Sociales, Pablo Otero, ha decidido plantarse a las puertas del consistorio para hacerse escuchar. Y, de forma casi inmediata, lo ha conseguido: en apenas unas horas ha logrado ser recibida por un miembro del equipo de Gobierno de Bruno García. “Me siento como si fuera un número”, resume, visiblemente afectada.
Su historia arranca con la pérdida de una vivienda de alquiler y una cadena de situaciones cada vez más precarias. Tras varios cambios (de una casa a otra, entre familiares en distintas localidades) acabó dependiendo de recursos públicos. Pero lejos de encontrar estabilidad, lo que encontró fue un entorno que, según su testimonio, agravó su situación.
El paso por el pensión de la calle Soledad fue un punto de inflexión. Espacios compartidos, falta de intimidad y convivencia complicada derivaron en ataques de ansiedad que agravó su estado de depresión (diagnosticada y medicada). “No es por lujo, es que es inhumano”, explica. La situación llegó a tal extremo que tuvo que abandonar el recurso y ser atendida sanitariamente.
Con tratamiento médico, medicación y un deterioro físico evidente (pérdida de peso, caída del cabello), su estado emocional se ha ido resquebrajando. Reconoce incluso episodios límite que le hicieron intenrar en dos ocasiones acabar con su vida. Momentos que reflejan hasta dónde ha llegado su desesperación. .
A sus 43 años, con dos hijos (uno de ellos menor al que paga su formacion) y responsabilidades familiares, vive con la sensación constante de haber fallado. Sin vivienda estable, sin capacidad de ofrecer un entorno seguro a su hijo menor y dependiendo de un entorno familiar también frágil (madre y pareja de la madre con depresión y problemas físicos), su día a día es, en sus propias palabras, “sobrevivir”.
El muro administrativo: sin empadronamiento, sin acceso
Durante este tiempo, asegura haber seguido los pasos habituales: contactar con servicios sociales, solicitar ayuda, esperar respuestas. Sin éxito. “Llevo casi un año esperando”, insiste.
Desde el Ayuntamiento, la explicación es clara: su situación está bloqueada por no estar empadronada actualmente en ningún domicilio, lo que limita su acceso a recursos. La solución propuesta pasa por empadronarse en el albergue municipal, paso previo para asignarle una trabajadora social y activar su expediente.
Además, figura en el registro de demandantes de vivienda, pero en una posición que aleja cualquier solución inmediata: el número 112. Para Noelia, este proceso no es una solución, sino una prolongación del problema. “Primero empadrónate, luego espera”, resume. Mientras tanto, sigue fuera del sistema.
Lo que no ocurrió en meses, sucedió en una mañana. Su presencia frente al Ayuntamiento, visibilizando su situación, provocó una reacción inmediata. Tras la intervención del portavoz del PSOE Óscar Torres, fue llamada desde Alcaldía y atendida sin cita previa por la concejala de Vivienda, Ana Sanjuán, y la coordinadora de Asuntos Sociales.
De ahí ha salido esa propuesta de empadronamiento en el albergue minicipal y una cita con la trabajadora social de Procasa. En menos de una mañana dos pasos. Un contraste que marca su relato: casi un año sin respuesta frente a una reacción en cuestión de horas. “Sabía que vienen elecciones y conviene quitarme de la vista”, afirma, dejando entrever su interpretación de lo ocurrido.
Aun así, reconoce que en esa reunión ha recibido un trato más directo y cierta orientación: empadronarse, acceder a trabajadora social y estudiar posibles soluciones como pensiones temporales. Un avance, pero aún lejos de resolver su situación de fondo. "Me ha transmitido confianza", dice de Ana Sanjuan, algo que en su situación no es menor.
Fuera del sistema: ingresos sin validez y puertas cerradas
Su situación económica tampoco le permite acceder al mercado de alquiler. Percibe una prestación el ingreso mínimo vital, una prestación no contributiva, pero no se considera una nómina válida para propietarios. Sin avalistas que acepten los arrendatarios (su padre es pensionista) y con exigencias cada vez mayores, el acceso a una vivienda es prácticamente imposible.
Mientras tanto, sigue ayudando económicamente a su familia que acogen a su hijo, en un entorno donde también hay problemas de salud y recursos limitados. “¿De qué me sirve esa solución?”, se pregunta, ante un sistema que le exige requisitos que no puede cumplir.
“Solo tengo mi voz”: cuando hacerse visible es la única salida
Hay una idea que atraviesa todo su testimonio: la invisibilidad. La sensación de no existir dentro del sistema hasta que el problema se expone públicamente. “Lo único que tengo para defenderme es mi voz”, repite.
Su caso pone sobre la mesa una realidad más amplia en Cádiz: la dificultad de acceso a la vivienda, la burocracia como barrera y unos servicios sociales que, según denuncian muchos afectados, no llegan a tiempo.
En su caso, la diferencia ha sido dar un paso más: dejar de esperar y hacerse visible.