Casas en el lecho de la roca en una de las imágenes más típicas de Grazalema.
Calle típica de Grazalema.

El miedo aún frena al turismo en Grazalema semanas después del desalojo por las lluvias

Los hoteles de Grazalema siguen vacíos tras el desastre que paralizó la sierra de Cádiz

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El pequeño municipio de Grazalema, enclavado en pleno Parque Natural de la Sierra de Grazalema, intenta lentamente ir, poco a poco, recuperando su pulso turístico después del fuerte temporal que obligó al desalojo completo del pueblo el pasado 5 de febrero.

Las intensas lluvias, que dejaron casi 600 litros por metro cuadrado en apenas 24 horas, provocaron inundaciones, desprendimientos y daños estructurales que mantuvieron en vilo a vecinos y visitantes.

En medio de este escenario, los alojamientos turísticos —que se trata de uno de los pilares económicos de la localidad— tratan de adaptarse a una situación aún marcada por la cautela. Muchos establecimientos permanecen abiertos, pero su actividad dista mucho de la habitual.

El miedo de los visitantes a las condiciones de las carreteras y la existencia de una “zona roja” en el casco urbano continúan lastrando la llegada de turistas.

Uno de los ejemplos más claros es la Hospedería La Mejorana, donde sus propietarios, Andrés y Ana, decían a Europa Press que no solo gestionan el negocio, sino que también se han visto afectados directamente por el desalojo.

Sus habitaciones, que antes recibían a senderistas y viajeros, acogen ahora a familias que todavía no han podido regresar a sus casas.

“Tenemos todo parado hasta que veamos qué retoma la normalidad”, comenta Andrés, quien confiesa que incluso el esperado puente del Día de Andalucía podría pasar sin actividad si no cambia la situación.

Fines de semana de turismo en Grazalema

Los fines de semana, tradicionalmente con muchos visitantes en Grazalema, se han convertido en días de calma inusual. Los bares y restaurantes registran algo de movimiento, pero las pernoctaciones siguen siendo escasas.

El turismo de día ha sustituido al de estancia, con visitantes que prefieren regresar a sus lugares de origen antes del anochecer, evitando riesgos en carretera.

Mientras tanto, otros establecimientos intentan reorganizarse tras el caos provocado por las borrascas.

En la Casa de las Piedras, situada fuera de la zona de exclusión, su responsable Estela explicaba a Europa Press que este lunes “por fin hemos podido encender los ordenadores y ver qué tenemos”.

En el transcurso del desalojo, el negocio quedó cerrado por completo y, aunque confían en no haber sufrido demasiadas cancelaciones, el panorama sigue siendo incierto. “Antes de todo esto estábamos completos, pero ahora habrá que ver si la gente mantiene las reservas”, comenta.

En el Camping Tajo Rodillo, ubicado junto a varios senderos del parque natural, la reapertura llegó con la esperanza de que el próximo fin de semana festivo reactive algo el turismo.

Pepi, una de sus encargadas, reconoce que las llamadas de los clientes se han centrado más en preguntar por el estado de las carreteras que en reservar alojamiento. “La gente tiene miedo todavía, pero poco a poco se irá moviendo la cosa”, señala con optimismo.

Desde la reapertura, el camping también ha acogido temporalmente a tres familias desalojadas, que ya han podido volver a sus viviendas.

Las autoridades locales trabajan para acelerar el regreso a la normalidad. Según el Ayuntamiento de Grazalema, actualmente quedan 86 personas fuera de sus hogares, y se ha autorizado ya la vuelta de 35 vecinos pertenecientes a 22 viviendas que estaban dentro de la zona de exclusión.

El regidor ha anunciado la creación de una oficina de atención a los afectados, con el objetivo de agilizar ayudas y canalizar la información sobre los daños ocasionados.

El esfuerzo de recuperación se extiende por todo el pueblo, que intenta recomponer su economía sin perder el espíritu acogedor que lo caracteriza.

Entre tanto la vida cotidiana se reorganiza y los alojamientos se preparan para volver a recibir visitantes, el deseo común de todos los grazalemeños es que el turismo vuelva pronto a llenar sus bellas calles empedradas y que el eco de las borrascas quede atrás como un mal recuerdo en la historia reciente de la sierra de Cádiz.