Empate de carácter en La Coruña de un Cádiz CF que refuerza su fiabilidad
El equipo de Garitano se sobrepuso a dos goles de rebote, mostró madurez y volvió a confirmar su crecimiento competitivo ante un rival directo
Buen punto del Cádiz CF en La Coruña, sobre todo por su capacidad para restablecerse y agarrarse al partido pese a recibir dos goles de rebote —el segundo, apenas tres minutos después de empatar— y no descomponerse ni perder el orden. El equipo vuelve a competir como mejor sabe: defendiendo con orden y compromiso y con pegada arriba.
Un empate con valor fuera de casa ante un rival directo como el Deportivo de La Coruña, que pese a no estar en su mejor momento de resultados mantiene pegada y recursos ofensivos. El Cádiz le supo contrarrestar, dio una buena imagen, compitió y volvió a mostrar nuevas virtudes en su evolución desde que Garitano encontró la solución en el 1-4-4-2.
El equipo amarillo ha demostrado haber recuperado su fiabilidad y, sobre todo, su pegada arriba. Dos goles en dos rechaces no le hicieron descomponerse y siempre dio la sensacion de estar en el partido. Y de controlarlo en muchos momentos, pese a tener menos balón y menos remates que el rival.
Además, Garitano va sumando efectivos a la causa. La entrada de Antoñito Cordero apunta a sumar por la izquierda, mientras que el equipo sigue creciendo en solidez y capacidad para sufrir sin perder estructura. Jorge More y Juan Díaz completaron un partido notable, este último ante un rival exigente como Yeremay, que apenas tuvo incidencia.

El choque arrancó con dominio territorial del Deportivo, que aprovechó la falta de contundencia amarilla en el minuto 6 para adelantarse. Una acción hasta la linea de fondo por la izquierda terminó con un centro-chut de Mella, que rebotó en Jorge More y acabó dentro. Demasiado espacio, poca intensidad y un punto de mala suerte.
Tras el gol, el Dépor cedió la iniciativa y el Cádiz empezó a estirarse, con posesión y presencia aunque sin peligro claro. En el 16, Iker Recio evitó el segundo local al anticiparse al remate de Yeremay, y dos minutos después García Pascual tuvo una buena ocasión tras combinar con Dawda y De la Rosa, aunque sin acierto en la definición.
El premio llegó en el 21, en una acción de estrategia ejecutada con precisión: Sergio Ortuño amagó con centrar, tocó en profundidad para De la Rosa, que la dejó atrás a Jorge More, autor de una volea impecable. Golazo y primer tanto del central en Segunda, además en una jugada ensayada que supone el primer tanto cadista de estrategia, ya que el de Diakité en Zaragoza no se puede casi considerar así.
Pero la alegría duró poco. En el minuto 24, otro rebote castigó al Cádiz: Villares probó desde la frontal y el balón, tras golpear en Jorge More otra vez, se coló de nuevo. Mucha fortuna para el Dépor, más que mérito.
Dos goles de rechace, riesgos de jugar con una defensa tan hundida como viene demostrando el Cádiz. Eso le hace sentirse más cómodo y no elude tener que defedenderse en su área, pero el riesgo de este tipo de acciones siempre está ahí. Tampoco es normal que se produzcan por partida doble en el mismo partido y, menos, en un mismo periodo.
Pese al golpe, el Cádiz mantuvo la compostura. Dominó el balón sin profundidad y rozó el empate antes del descanso, pero le faltó precisión o pegada en los últimos metros. En el 38, Víctor Aznar firmó su parada habitual salvadora del curso al repeler con el pie un cabezazo de Lodeiro tras un córner. Luego le haría otra a Stoichkov.
En la prolongación, llegó una de esas manos que nunca se saben si son penalti o no, y que dependen del día y a favor de quién se piten o no. Spoiler: no era penalti, no debe serlo, pero por menos se los han pitado al Cádiz CF. El descontrol del fútbol moderno que ha traído un VAR mal usado y utilizado por gente que lo perpetra... Lo dicho: no era penalti. No debería serlo.
El Cádiz salió con otra cara tras el descanso: más presencia, más metros y más balón, aunque seguía faltando acierto. El Dépor resistía replegado y, paradójicamente, tuvo la ocasión más clara del tramo con un disparo de Stoichkov en el 57, que Víctor Aznar desvió con su segunda gran parada.
En el 68, una buena acción individual de García Pascual se marchó alta, preludio de lo que llegaría más tarde. En el minuto siguiente, Garitano agitó el árbol: entraron Roger Martí, Álex Fernández y Tabatadze, y el equipo se lanzó con todo. Con Roger como referencia y García Pascual más abierto, el Cádiz ganó metros y ritmo.

Y en el 84, la fe tuvo premio. Un robo de Diakité en campo rival permitió a García Pascual proteger la pelota, girarse y habilitar a Tabatadze, que en el uno contra uno hizo lo que mejor sabe: pegarle a romper con poquisimo. Disparo de izquierda, al palo, imparable. El georgiano no marcaba desde el 12 de octubre y ha vuelto a rescatar un punto. Golazo y empate merecido.
El tramo final mantuvo la tendencia de todo el partido: igualdad, con el Dépor queriendo algo más de balón y el Cádiz defendiendo con orden, esperando una contra que nunca llegó, pero que buscó hasta el último momento.

Más allá de las cifras —63% de posesión y 542 pases del Dépor frente al 38% y 319 del Cádiz—, el partido se jugó más donde y como quiso el equipo de Garitano. Supo controlar el ritmo, reducir la pegada coruñesa y competir con autoridad. Las estadísticas no reflejan la madurez táctica de este equipo. El Cádiz manejó el encuentro con personalidad y sumó un punto de mérito que refuerza su crecimiento.
El Cádiz CF regresará al Nuevo Mirandilla con la sensación de estar en el camino correcto. El empate en Riazor no solo le mantiene a un punto de los puestos de playoff, sino que reafirma su capacidad competitiva ante rivales directos. Cuatro de los seis puntos que ha jugador contra rivales directos en las dos últimas jornadas.
El próximo rival será el Sporting de Gijón, otro equipo instalado en esa misma pelea por el playoff, un duelo que medirá hasta dónde puede estirarse el crecimiento de este Cádiz que compite, mejora y vuelve a creer en sí mismo.
Con nueve puntos de margen sobre el descenso, el equipo de Gaizka Garitano ha encontrado estabilidad, estructura y una identidad que lo sostienen y lo han devuelto a la pelea por la zona noble.