Entró en una pensión para pasar unos días y tres años y medio después sigue allí con su hija en Cádiz
Rosa llegó a un recurso temporal tras derrumbarse el techo de su vivienda. Más de 1.200 días después continúa esperando una solución habitacional
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La historia de Rosa vuelve a poner nombre a una de las realidades más invisibles de la crisis de vivienda en Cádiz. Esta gaditana de 41 años pone su nombre y su complicada historia de más de tres años en la pensión de la calle Soledad, aunque prefiere no mostrar su rostro.
Mientras el debate público suele centrarse en los precios del alquiler, los desahucios o la falta de vivienda pública, ella y su hija llevan tres años y medio viviendo en un recurso de emergencia que, en teoría, iba a ser una solución provisional de apenas unos días.
La situación cobra especial relevancia después de que en los últimos días hayan trascendido nuevas denuncias relacionadas con el mismo recurso alojativo. Aunque se trata de casos diferentes, vuelven a situar el foco sobre unas instalaciones concebidas para emergencias temporales y no para convertirse en el hogar de familias durante años.
Cuando los bomberos desalojaron a Rosa y a sus hijos de la vivienda donde residían tras el derrumbe del techo del cuarto de baño, la solución parecía temporal. Según recuerda, le dijeron que podría permanecer entre diez y veinte días en la pensión de la calle Soledad (con la que tiene un convenio el Ayuntamiento) mientras se buscaba una alternativa.
Han pasado tres años y medio.
A 3 de junio de 2026, Rosa continúa viviendo en ese mismo recurso junto a su hija. Cuando llegaron allí, la menor tenía apenas 13 años. Hoy está a punto de cumplir 17. Su hijo, que también entró inicialmente con ellas, terminó marchándose porque no pudo soportar la situación.
La historia de Rosa ya fue publicada por Cádiz Directo en mayo de 2024. Dos años después, su situación apenas ha cambiado. Sigue esperando una vivienda y continúa residiendo en un recurso que nació como una solución de emergencia.
Un techo que se vino abajo y una solución que nunca llegó
Todo comenzó cuando el techo del cuarto de baño de la vivienda en la que residía se desplomó de forma repentina. La casa presentaba graves problemas estructurales y los bomberos consideraron que permanecer en ella suponía un riesgo para la familia.
“Me preguntaron si tenía algún sitio donde ir con mis hijos y les dije que no”, recuerda ahora. La familia fue trasladada a la pensión de la calle Soledad. Allí comenzó una estancia que debía durar apenas unos días y que se ha convertido en una espera de más de tres años.
Rosa explica que tuvo que vaciar la vivienda en tiempo récord y trasladar todas sus pertenencias a un trastero por el que sigue pagando alrededor de 130 euros al mes. A ello se suma la aportación que realiza para mantenerse en el recurso alojativo.
Durante este tiempo ha pasado por diferentes situaciones laborales y periodos de desempleo, pero asegura que nunca ha conseguido ingresos suficientes para acceder al mercado del alquiler en Cádiz. “Me dicen que busque vivienda, pero cuando llego a una inmobiliaria y explico lo que gano, directamente me dicen que es imposible”, relata.
La adolescencia de su hija entre habitaciones temporales
Más allá de la falta de una vivienda estable, Rosa asegura que la situación ha tenido un fuerte impacto emocional tanto para ella como para su hija.
La menor recibe apoyo en su instituto, donde conocen perfectamente el caso. Según explica su madre, el centro educativo se interesa con frecuencia por la situación de ambas y por si existe alguna novedad que permita poner fin a la espera.
También están recibiendo apoyo psicológico a través de programas sociales impulsados por entidades de la ciudad. “Aquello no es un sitio adecuado para una menor”, resume Rosa.
La madre describe la dificultad de convivir durante años en un recurso compartido por personas que atraviesan situaciones muy complejas. Explica que muchas noches ella y su hija utilizan auriculares para intentar descansar y aislarse del entorno. “Esto no es para contarlo, esto es para vivirlo”, afirma.
Según relata, su hija llegó incluso a dirigirse recientemente al alcalde de Cádiz en plena calle para preguntarle cuándo encontrarían una solución que les permitiera abandonar el recurso y empezar una vida normal.
Rosa continúa inscrita como demandante de vivienda y mantiene contacto periódico con los servicios municipales y con distintas entidades vecinales que la han acompañado durante estos años.
Entre ellas cita especialmente a Juana y Pilar, vinculadas al movimiento vecinal gaditano, a quienes agradece el apoyo recibido durante este tiempo.
Mientras tanto, sigue pagando el trastero donde guarda la que fue su casa y continúa esperando una oportunidad para acceder a una vivienda que pueda asumir económicamente.
Tres años y medio después de entrar en un recurso que debía durar apenas unos días, Rosa y su hija siguen esperando la misma respuesta que buscaban cuando los bomberos les pidieron abandonar aquella vivienda en ruinas: un hogar donde poder empezar de nuevo.