Garitano regresa a Ipurua en su momento más delicado en el Cádiz CF
El equipo amarillo visita este al SD Eibar obligado a frenar la sangría y a recuperar la competitividad
El Cádiz CF ha viajado a Ipurua para medirse al SD Eibar (21:00 horas) en un partido que llega cargado de necesidades y presión en el bando cadista, pero también de simbolismo. En lo clasificatorio, ambos equipos están empatados a 35 puntos y se mueven en la zona media: a siete del ‘play off’ y a seis del descenso.
En lo emocional, la visita supone el regreso de Gaizka Garitano a un estadio en el que dejó huella y donde es una figura muy reconocida. En lo deportivo, para el Cádiz es una prueba de supervivencia futbolística tras semanas de caída libre.
El encuentro llega con el técnico cadista en el centro del foco por resultados y sensaciones. El club no ha trasladado públicamente movimientos, aunque el ruido sobre su continuidad ha crecido tras el 0-2 ante la Real Sociedad B.
Garitano, sin embargo, mantiene un discurso de confianza: “Tenemos confianza plena pese al bache de resultados”, defendió en la previa, insistiendo en que el equipo “no está tan lejos de ganar” y que deben mejorar “detalles” para que “caigan las cosas a favor”.
La situación del equipo y sus prestaciones parece que condicionará el plan de partido. No han viajado Roger ni Mario Climent. A la vez, Suso está ya para más minutos y asoma como una de las grandes incógnitas de la alineación: titular o recurso como revulsivo.
Ontiveros, otro nombre llamado a marcar diferencias, sigue sin ofrecer continuidad. En la convocatoria figuran David Gil, Víctor Aznar, Rubén Rubio, Iker Recio, Arribas, Caicedo, Juan Díaz, Pereira, Jorge More, Pelayo, Iza, Álex, Diarra, Ortuño, Kouamé, Moussa, Joaquín, Antoñito Cordero, Suso, Ontiveros, Jero Dómina, Dawda Camara y García Pascual.
Con esa lista y el momento del equipo, no sería descabellado un nuevo giro táctico. La presencia de centrales y perfiles defensivos alimenta la idea de una defensa de tres, como en el segundo tiempo de Huesca: Jorge More e Iker Recio con Pelayo por dentro, y carriles para Iza y Pereira.
A partir de ahí, la duda está en el centro del campo (trivote o doble pivote) y en la altura de Suso, además de si Garitano apuesta por un solo punta para explotar el espacio con Dawda o mantiene dos delanteros con García Pascual.
Enfrente, un Eibar que, sin brillar fuera, se sostiene por su fiabilidad en casa. La racha local es su mayor escudo: Ipurua está manteniendo a flote al equipo en una temporada irregular y le ha permitido asentarse en esa zona de nadie que, en Segunda, se rompe en dos partidos malos.
Beñat San José, además, no escondió respeto por el rival y por el técnico cadista, al que definió como “uno de los mejores entrenadores de la categoría” y recordó como una de las figuras más importantes de la historia reciente armera.
Los números de la temporada retratan un duelo muy parejo en resultados y producción general, con matices. El Eibar maneja algo más de posesión (51% por 46%) y acumula más volumen de pase (11.751 por 9.770), con mejor precisión (81% por 79%). También tira más (245 por 221) y finaliza más a portería (108 por 89), además de mostrar una precisión de disparo ligeramente superior.
El Cádiz, por su parte, compensa con más córners (137 por 134) y un perfil competitivo similar en faltas y ritmo, aunque su fragilidad reciente ha estado más en lo emocional que en la estadística. Empatados a puntos y con cifras cercanas, la diferencia estará en quién logre imponerse en las áreas y en el control de los momentos.
Ahí entra Ipurua. Garitano lo subrayó en la previa: “Su fuerte está en los últimos minutos con el ambiente de Ipurúa”. Es un campo que aprieta, que acelera los partidos y que castiga la duda. Y el Cádiz llega precisamente con dudas: no solo por la racha, sino por la falta de continuidad en el juego y por los cambios de sistema recientes. El reto no es solo puntuar; es competir con personalidad y sostener un plan durante más tiempo.
En clave amarilla, el partido también tiene lectura de estado de ánimo. Tras la bronca del Nuevo Mirandilla y la sensación de equipo roto, puntuar en un escenario así serviría para frenar la caída, rebajar la presión y, sobre todo, mandar una señal interna: que el Cádiz sigue vivo, unido y con capacidad de respuesta. Porque si el equipo vuelve a partirse, Ipurua no perdona.