El pintor Pepe Baena en plena intervención en los tipos de la chirigota 'La cosa pinta mal'. Foto: José Luis Porquicho Prada.
El pintor Pepe Baena en plena intervención en los tipos de la chirigota 'La cosa pinta mal'.

'La cosa pinta mal'… pero con mucho arte: la Chirigota del Parchís se convierte en una obra de Pepe Baena andante

El grupo callejero celebra sus diez agrupaciones llevando “en lo alto” una intervención del pintor de los bodegones más reconocibles del país

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En Cádiz hay quien cuelga arte en el ECCO, quien lo expone en la Casa de Iberoamérica y quien, directamente, lo lleva en lo alto por La Viña con un pito de Carnaval en la mano. Este 2026, La Chirigota del Parchís ha decidido que su décima chirigota no podía ser una más. Y se han convertido en una de las agrupaciones que tiene más arte. Sin entrar a valorar repertorios ni nada.

Para celebrarlo, han convertido su tipo de La cosa pinta mal en algo que, literalmente, podría cotizar en galería, o al menos ellos bromean con eso. Se trata de una intervención de Pepe Baena, el pintor gaditano que ha elevado una torta de Inés Rosales, bodegones de escenas del día a día, un colacao, pescao frito o una botella de cerveza fría a categoría de arte contemporáneo.

La escena parece más propia de un documental artístico que de un tipo de una chirigota callejera. El nuevo estudio de Baena, brochas alineadas, lienzos apoyados en la pared, luz entrando por la ventana. Y, de pronto, pantalones de trabajo en vez de bastidores, camisetas de rallas. Salpicaduras. Brochazos. Óleo sobre algodón y licra. Edición limitada. Óleo, óleo el Carnaval (como cantan en su estribillo, inspirado precisamente en el nombre de una exposición del artista).

Cada componente, un cuadro andante.

Del bodegón al tipo chirigotero

Para entender la magnitud de la vacilada de la chirigota hay que saber quién es Pepe Baena. Su pintura es una oda a lo cotidiano: desayunos familiares, pucheros humeantes, pescaíto frito con textura crujiente, botellas con el frío condensado en el cristal. Un realismo que conecta con la memoria colectiva y que ha convertido sus obras en piezas reconocibles y muy demandadas.

Algo que le ha convertido en uno de los pintores de moda en España y del que hasta el mísmisimo Antonio López habla maravillas. Ahora, esa estética ha saltado del lienzo al mono de trabajo. O al tipo de Carnaval. Los integrantes del Parchís no van disfrazados de pintores: van vestidos con una intervención artística de uno. Y no por uno cualquiera.

“Llevamos un Pepe Baena encima”, presumen entre risas. Y la frase, que podría sonar a exageración de barra de bar, es técnicamente cierta. La colaboración surgió del vínculo personal del artista con la agrupación. De hecho, el pintor y el grupo llevaban tiempo queriendo unir sus caminos carnavalescos. Este año parecía que era el Carnaval. Incluso, el tipo de pintor vino por eso.

No pudo ser, pero había incluso un nombre alternativo: “Los Pepe Baena que dan pena”. Pero la agenda artística pudo más que el cuplé. Al final no salió de componente, pero sí de autor… de vestuario.

¿El tipo con más arte del Carnaval?

Cumplir diez agrupaciones en la calle no es poca cosa. Desde aquel debut en 2015, la Chirigota del Parchís ha sobrevivido a la pandemia, al parón de 2021 y a aquel Carnaval de verano posterior en el que descansó por otros motivos. Diez carnavales de constancia, esquina tras esquina.

Pero este aniversario trae una pregunta inevitable: ¿vale más el simbolismo de una década… o la intervención de uno de los pintores más de moda del país?

En el vídeo del proceso —grabado en el estudio de la calle Vea Murguía— se ve a Baena manchando pantalones y camisetas como si estuviera bautizando lienzos humanos. No es un diseño industrial. No es estampación. Es gesto. Es acción. Es performance chirigotera.

'La cosa pinta mal'… pero con mucho arte: la Chirigota del Parchís se convierte en una obra de Pepe Baena andante

Cada salpicadura es única. Cada mancha, irrepetible. Técnicamente, cada chirigotero podría considerarse una pieza original. O no.

Eso sí, con un pequeño inconveniente logístico: la lluvia. Secar un pintura en este lluvioso enero y febrero gaditano no ha sido tarea fácil. Durante días, los tipos han estado “manchando” más de la cuenta. Pero, claro, el arte tiene estas cosas. El arte no tiene fronteras, pero, en este caso, sí tiene manchas.

El contraste es puro Cádiz: un grupo callejero convertido en galería ambulante. En obras de arte andantes. Mientras otros pelean con la purpurina, ellos presumen de brochazos. Mientras algunos ajustan lentejuelas, aquí se habla de intervención artística.

La ironía es evidente: la chirigota se llama La cosa pinta mal, pero nunca había pintado tan bien.

Puede que este año, entre cuplés y cacioncillas, la calle huela un poco más a pintura. Puede que algún despistado quiera tasar un pantalón en plena esquina. Puede que el Levante revalorice la pieza.

Y puede que, en el fondo, esta sea la mejor definición posible del carnaval gaditano: convertir lo cotidiano en arte (como la pintura de Pepe Baena)… y el arte en cachondeo.

Eso sí, desde aquí queda lanzada la invitación formal: "Pepe, algún año sales con nosotros". reto lanzado.