La crónica de Vera Luque del Cádiz CF-Celta Fortuna (0-0): Tapaporos canterano
El autor advierte del uso de la elevada presencia de canteranos en el once para tapar "lo que viene a ser una planificación deportiva chapucera"
Que somos un equipo pequeño no hace falta que nos lo recuerden. Los aficionados con ciertos trienios nunca tuvimos delirios de nuevos ricos, ni ansias de convertirnos en un club-estado que coleccionara torneos continentales.
Todo lo que venga bueno es, pero sin faltar a nuestra futbolera conciencia de clase. Los que llevan las riendas del club, por el contrario, en sus deliriums tremens de grandez, continuamente nos han estado vendiendo la moto del estadio de cuarenta mil localidades, y otras milongas que ni pegaban ni llegaban.
La última, una descoordinación escandalosa entre presidente y entrenador nuevo a cuenta del objetivo de la temporada: mientras el de la corbata hablaba de Play-off, el del chándal se hacía el longui.
Siempre reconforta ver en el once inicial a chavales de no más de 20 años, canteranos con dorsales en la espalda más típicos de la NBA, prácticamente desconocidos, pero cumpliendo como campeones y corriendo como descosidos
Es por eso, que el sábado se salía del estadio con sentimiento agridulce: agri por los tres puntos que no se consiguieron ante un rival que no parece que vaya a ser uno de los gallitos de la categoría. Y dulce, porque siempre reconforta ver en el once inicial a chavales de no más de 20 años, canteranos con dorsales en la espalda más típicos de la NBA, prácticamente desconocidos, pero cumpliendo como campeones y corriendo como descosidos.
Y nosotros, los paganini con su tanto por ciento de subida de carnet, esas cosas las valoramos porque nos recordaba momentos pretéritos como aquellos encierros con Orúe, donde había que tirar de los Jesulito Velázquez, Victor Vía, Sergio Iglesias, etc etc… más que nada por imperativo económico y casi como última esperanza antes de aquella extremaunción con final feliz de principios de siglo.
Sería incluso de alabar eso de echar mano de chavales de Cádiz y sus alrededores si no fuera porque esto no es sino un tapaporos de lo que viene a ser una planificación deportiva chapucera
A raíz de esto, desde la cúpula se saca pecho y se tuitea (qué gusta un tuiteo) reivindicando este giro temporal a mirar a la cantera y darle sitio a los jóvenes. Ya se avisó en su día poniendo como ejemplo al Málaga. Y sería incluso de alabar eso de echar mano de chavales de Cádiz y sus alrededores si no fuera porque esto no es sino un tapaporos de lo que viene a ser una planificación deportiva chapucera, aliñada por una ida y venida de flujos de millones de euros entre empresas que ya no sabe uno ni a quienes pertenecen.
En medio del quilombo de las acciones, los terrenos de no se qué, el alcalde de El Puerto apareciendo de estrella invitada y los memes ontiveriles, no nos quieran convencer de heroicidades y épicas canteranas, que lo único que se ha hecho es empatar en casa con otro equipo repleto de pibes de los que dicen “Bro”, filial de otro con el que hace dos años y medio nos la jugábamos de tú a tú en Primera. El declive es claro.
Otra cosa es que en nuestra santa paciencia y nuestro incurable conformismo ,al ver a Juan Díaz partiéndose la cara y recuperando balones como un poseso, se nos dibuje una sonrisita en la cara. Pero no se confundan, por favor.
Saliendo por los vomitorios, ya se escuchaba aquello de “Faltan 49”. La salvación se firma con sangre ahora mismo. Después de haberle visto las orejas al lobo, la peña lo que quiere es finiquitar la temporada con tranquilidad. Queda tela.
Celades (con su eterna hechurita de buen chiquillo y de ir los domingos a misa en lugar de a la Pachá, punto en común de otros productos de la Masía como Iniesta, Cubarsí y alguno más) tiene bagaje y experiencia para montar un Cádiz que por lo menos no deambule como deambuló la segunda vuelta de la liga pasada cual figurante de The Walking Dead.
Posiblemente cuando empiece a tomar inercia el campeonato, miraremos la alineación de la primera jornada y nos echaremos las manos en la cabeza. Una pena (o una negligencia por parte de los que sean) no haber tenido el equipo bien montado, y bien trabajado por un entrenador que no hubiera llegado tres días antes, porque estos puntitos no ganados ante filiales a priori flojitos son los que a final de temporada nos salen en el ‘debe’. Mieo.