La crónica de Vera Luque del Cádiz CF-Granada CF (1-2): Desconexiones territoriales
El autor destaca la sensación de desgaste que tiene ya este equipo de acumular dos derrotas en los dos partidos de la segunda vuelta
La vuelta a casa el sábado por la noche no te reconcilia con el fútbol, precisamente. Noche antártica con amenaza de lluvia, que en ciertos momentos fue más allá... sesión fallera más que atractiva... qué plan mejor que plantarte en el mullido palco de tu sofá, mantita hasta la boca, y castigar el mando a distancia. Pero no.
La hoja de ruta marcaba parada y fonda en el Nuevo Mirandilla, y allí estuvimos con la esperanza de retomar la rachita en la que el equipo se instaló en los estertores de la primera vuelta, aprovechando la visita de uno de los que andaban por los sótanos de la categoría. Nuestro hipotético gozo en un pozo.
La segunda vuelta no puede ir peor. Dos derrotas de dos. Y la sensación de desgaste creciendo. No sé por qué, pero me da que no hay que ser muy perspicaz para intuir el objetivo: cincuenta puntitos que llegarán a finales de marzo o abril, y a guardar la ropa. O lo que es lo mismo, una vez que la permanencia esté certificada, a ver la vida pasar.
Lo paradójico es que el equipo en ciertos momentos vuela sobre el campo. Pocos momentos. Instantes diría yo. Pero en esos segundos de conexión cósmica, los arreones son considerables. Cierto es que lo eléctrico pasa por una corriente alterna, y de buenas a primeras el bajón supera al arreón que te dije.
Puede ser por esa constante currorromerista en la que se mueven parte de los principales del plantel: ya no sólo Ocampo, que de perder balones blandengues o parecer tener las botas adheridas al césped con Superglú, pasa a marcar el gol de la jornada. Hay más futbolistas que tienen en la gráfica de su rendimientómetro unos picos maravillosos separados por planicies de juego que ni pa mí, ni pa tí.
Cabría preguntarse si la preparación psicológica está a la altura de los acontecimientos. El Cádiz comenzó la segunda parte mordiendo hasta que marcó el gol. La actitud jabata, el vendaval amarillo, se vino abajo tras el penalty. A partir de ahí, almas en pena. Como si el partido sólo te concediera una oportunidad para remontar, y una vez gastada, hubiera que conformarse con el resultado.
Vemos constantes remontadas en partidos de toda índoles. Equipos que van perdiendo a falta de pocos minutos y obran milagros que ponen pitoso al más pintado. Nosotros no. Este año cuando hemos ido perdiendo, nunca le hemos dado la vuelta al marcador. A lo sumo, hemos empatado y gracias. Pero a nosotros nos han remontado hasta tres veces, y las tres en casa (Burgos, Cultural y Racing). ¿Es grave doctor?
Falta poquito para el cierre de los mercados. Al hombre que nos ha salvado la papela más de una vez (Tabatadze), no lo veremos sobre el campo hasta el Trofeo, mínimo. Hemos hecho un cambio de cromos en la banda, Antoñito por Efe, que de momento, es sólo eso. Ni para bien, ni para mal.
Y el otro fichaje, el pibe argentino, ultimísimo en la lista de delanteros, sin noticias de momento. Con lo cual, enfermería mediante, parece que el mercado invernal no mejora lo habido, siempre y cuando no aparezca alguna ganga de última hora que nos sorprenda para bien. Seguimos instalados en la mitad del tablón, amenazando comodidad.
La ambición no es el punto fuerte de los últimos años, por lo que, como te dije antes, respiraremos el día que alcancemos los cincuenta puntos, y chimpón. Y eso que hay tiempo y espacio por delante para encaramarse arriba, que hay apretujón de puntos y en tres partidos te metes arriba.
Pero hay algo que no sé...un sí pero no, o un no pero sí... A estas alturas, yo que sé tío,de ilusión se vive, y siendo cadista más. Lo iremos viendo.