La crónica de Vera Luque del Cádiz CF-Sporting de Gijon (3-2): La tranquilidad está sobrevalorada
Nada más descriptivo para definir el pensamiento global de la afición amarilla segundos después del pepinazo que Tabatadze mandó a la red desde el punto de penal, que esa famosa coletilla del Profesor Reguera... "Envidio tu ingenuidad". La ingenuidad que a estas alturas, conociendo el plan histórico de nuestro equipo debería estar más que hibernando, pudo con nosotros.
Y pensábamos que eramos testigos, por fin, de un partido sin digestión pesada, cómodo para encarar el tramo final sin amagos de infarto, sin maldiciones en arameo. Nada más lejos de la realidad.
Tuvimos que guardarnos en el bolsillo el estribillo de El Profesor Majareta y los niños probeta, (para los neófitos, aquello del “Que bonito está mi Cai”, etcétera), que en la grada ya se entonaba en su versión más festivalera como preludio de eso que llaman COAC y los irreductibles supervivientes al Carnaval tiktokero llamamos er Falla.
Pastillita bajo la lengua, y a sufrir los envites asturianos que fueron numerosos y demasiado insertados en el área chica a lo largo del partido. Esta vez, el pinball en el que se convierte la defensa cadista mandó la pelota para fuera, al contrario de lo que pasó en Riazor.
Menos mal. El sufrimiento va codificado en el código de barras del abono que usted recoge en agosto. Ya lo sabe. Somos el Cádiz, y pasan estas cosas. No diga que no se lo advirtieron.
Siempre hemos sido recolectores de jugadores bizarros y rarunos. Desde la histórica foto de Juan José y Mágico posando con hechuras de rockeros con resaca después de echar una pachanga, el desfile de personajes, algunos dejando buen recuerdo, muchos dejando material de kilates para cuplés, ha sido continuo.
Pase lo que pase en futuros momentos, el paso de Ocampo por Cádiz no será fácil de olvidar. No se me ocurre así de golpe una comparación más cercana que la de Curro Romero, perdón por la impertinencia taurina. Capaz de desesperar a cualquiera con un primer tiempo insolente, en el segundo se inventa en el espacio que ocupa un alfombra de baño un regate de esos que deja a media defensa con la cintura desplazada una cuarta. Golazo aliñado con el efecto estético que provoca esos balones que se estrellan en el poste antes de entrar.
Saca lo peor del hincha, y también lo mejor. Hay que entenderlo al uruguayo, pero qué difícil es. Garitano decidió cambiarlo, y aparte de no variar el dibujo táctico, tampoco varió la cuota de majadería metiendo a Tabatadze, que tiró el penalty imparable, incluso para esas maquinitas donde el portero es un robot guiado por un sensor diabólico que adivina siempre el disparo.
Los equipos rivales se echan a temblar si ven que el georgiano no aparece en el once titular, sino en el banquillo. Porque saben que a poco que corretee por la cancha durante la última media hora, las probabilidades de que enchufe alguna pelota crecen. Es el curioso caso de Yuri Tabatadze: el jugador que del minuto 60 al minuto 90 es Balón de Oro. Otro loco más para la colección.
En este tortuoso camino que va de agosto a junio, toca parar justo en la mitad para tomarnos un cafelito, y ya de paso echamos un vistazo al plan. La primera vuelta se termina, y andamos en sitios de repechaje, con flechita para arriba.
Ha sido una primera rueda con altibajos, con principio de más resultados que sensaciones, parte central para echarla, y milagrosamente, remontada en su parte final gracias a que Garitano parece haber dado en la tecla después de probar tropecientas combinaciones en el centro del campo, y haber puesto a desfilar por las bandas a cualquiera que tuviera a mano.
Nos metemos en el grupo bueno, sin descolgarnos de cualquier posibilidad, incluso si ésta consiste en subir por la vía rápida. Algo que se hubiera firmado con los ojos cerrados hace mes y medio, cuando el equipo firmó un noviembre negro y desilusionante.
Las claves de la mejora, casi mejor que ni nombrarlas porque llevan a un debate incómodo, que tú ya te imaginas cual es. Disfrutemos el momento, y si es posible pegándonos el estribillo que te dije antes unas pocas de veces en estos casi dos meses papelilleros y serpentineros que tenemos por delante. Va telón.