La crónica de Vera Luque del Dépor-Cádiz CF (2-2): Rebotes malditos. Golazos benditos
El autor destaca la mala suerte cadista en Riazor y la mejoría del cuadro amarillo. Capítulo a parte merece el golpeo de balón de Tabatadze
Ese preciso momento que la pelota en su trayectoria fallida tropieza con el defensa que involuntariamente corrige la ruta y la cuela dentro del marco. Ese rebote...
Y ese portero que inicia el vuelo hacia el punto de encuentro prefijado con el balón, inclinándose sin solución de cambio por la irremediable inercia y las puñeteras leyes de la Física, mirando con cara de pánfilo como su cita con la pelota se desbarata a mitad de camino, por el rebote que te contaba antes.
Ese aficionado viendo desde su butacón o desde el taburete del bar de cabecera, cerveza en mano, un balón entrando en las redes sin entender que detalle visual se la ha escapado en el fragor de la retransmisión y preguntándose el por qué la pelota iba en dirección norte y el portero se desplomaba en dirección sur sin gesto palomitero, sin el glamour del cromo, concienciado ya de la fatalidad del puñeterito rebote que te contaba antes. Si ya es desgraciada la jugada, imagina que te pasa dos veces.
Y si para el que encaja es chungo, imaginate la ración y media de potra que se agencia el que dispara. El cupón y la Primitiva el mismo día, cuando sendos disparos que iban camino del fracaso, bien porque Aznar trincaría la pelota de cómodas maneras, bien porque la misma iba camino de las escolleras de la playa de Riazor, o de saludar de tú a tú al banderín de córner…. entran. Pues dos veces, dos goles, por dos puñeteritos rebotes como el que te contaba antes.
El empate fue justo, pero no lo hubiera sido si se tomara como parámetro la estética de los goles. Ante los dos chupinazos churriguerescos de los gallegos, dos coreografías perfectas de los nuestros. El primero, por fin y sin que sirva de precedente, en jugada ensayada a la perfección. Ahora que el Falla está a la vuelta de las esquina, parece que no sólo en los locales de ensayo con humedad, botellas abiertas y cuartillas dobladas se aprietan los machos.
Y el segundo, Tabatadzá Populá. La facilidad del georgiano por endiñarle desde donde le pille es gloriosa. Y el porcentaje de acierto no es malote. Poco dispara para el superpoder que posee. Esta habilidad francotiradora nos ha salvado alguna que otra papeleta, encaramándose ya no como máximo goleador del equipo, sino también como líder en efectividad y aprovechamiento. La fauna futbolera de la ciudad debate desde hace tiempo, y después de lo de ayer más, acerca de la posición más provechosa para Taba teniendo en cuenta que maneja artillería de calibre gordo.
Y que pasaría en el caso de moverse detrás del delantero centro correspondiente, en esa zona del césped en la que el campo de visión es más amplio y la perspectiva de la portería más amplia, en lugar de andar arriba y abajo por la banda, arrinconadete y limitadillo a la hora de pegar el potalazo a doscientos por hora camino de los tres palos.
Con todo, la imagen del equipo mejora. Precisamente ahora que parece enganchado desde hace semanas a una solidez y a un juego más memorizado que va in crescendo, no ocupa plazas clasificatorias que den premio aunque sea a título de repechaje. En esta complicada y escalonada categoría parece empezar a crearse cierta zanja justo a mitad de tabla entre los que pelearán para buscar un huequito en la fiesta final y los que combatirán por no caer al foso. Entre los once primeros, y los once restantes, se abren cuatro puntos de diferencia.
Quizás en este mundo polarizado, la Segunda División vaya por el mismo camino, y a partir de la segunda vuelta la distinción entre los de arriba y los de abajo sea más nítida que nunca. Mientras que Córdoba, undécimo con 29 puntos, está a tres del playoff de ascenso, Valladolid, un puesto por debajo pero con 25 puntos, está a tres del descenso. Todo ello, a puntito del ecuador de la competición.
Los números van desemborronándose y a nosotros nos pilla en el grupo de arriba. Respiramos porque eludimos al cien por cien situaciones embarazosas. Si el mundo se fractura, que nos pille en la parte buena. Fútbol: la vida misma.