La crónica de Vera Luque del SD Huesca-Cádiz CF (1-0): Lo pasarán bien en la calle
Para el autor, entre el tedio, las lesiones y la falta de revulsivos, el equipo amarilla se hunde sin capacidad de reacción
Caída libre sin síntomas de mejora. Tres partidos de la segunda vuelta ante tres equipos que merodean los sótanos de la categoría, con sus tres derrotas correspondientes, nos llevan a mirar la parte noble con un catalejo, y a volver a desear como mal menor un resto de temporada afincados en la equidistancia de la tabla, conformándonos con el aburrido sentimiento de ver el partido semanal por simple y llana inercia, sin más.
El primer gol que ellos marcaron a los cinco minutos (el anulado) aliñado con un despistazo defensivo de kilates, fue como esa alarma que el lunes te despierta a las siete de la mañana en lo mejor del querer. La diferencia es que tú y yo postergamos la alarma cinco minutos, y a la segunda pegamos el salto desde la cama sí o sí.
Al Cádiz le sonó la segunda alarma cinco minutos después y no despegó ni medio párpado. Volvió a postergarla. Cuando ya por fin quiso despertar , el VAR no había salido más a nuestro rescate, y el Huesca ya estaba ganando uno a cero, asunto este enormemente ventajoso para cualquier rival que se nos ponga por delante. Y perdonen si doy pistas, y espero que los entrenadores contrincantes no lean estas líneas.
Pero ponerse por delante jugando contra el Cádiz es apuesta segura. En las últimas dos temporadas y media, el Cádiz sólo ha remontado dos veces un resultado adverso: contra el Villarreal en Septiembre del 2023 con Sergio González aún en el banquillo, y aquella curiosa remontada del año pasado contra el Almería con dos goles en los últimos suspiros del descuento. Los dos en casa.
Porque si buscamos una remontada fuera de casa, nos tenemos que remontar a febrero de 2019, cuando le dimos la vuelta al marcador en un Alcorcón-Cádiz. Aún no se habían comido el sandwich de pangolín. Siete años, oiga. Hay pibes jugando en infantiles que, desde que tienen uso de razón, no han visto al Cádiz remontar un partido en campo ajeno. En nada salimos en el Guiness. Al loro.
Se cerró el cambalache de fichajes invernales y entre la ausencia (de momento) de medios probatorios que acrediten que los nuevos sirven de revulsivo, las lesiones, y lo que no son las lesiones, virgencita haberme dejado como estaba. El equipo necesita un solucionador de partidos. Porque ahora, o no están, o están pero como si no estuvieran.
El año pasado, las papeletas complicadas se la echaron en lo alto entre Chris Ramos, al que vemos en la distancia y ahora mismo nos parece que tuvimos a Van Basten en el vestuario y lo dejamos ir... y Ontiveros que parece seguir en la plantilla, sólo que vete a saber lo que le pasa, entre lesiones crónicas y teorías conspiranoicas que involucran al Burger King, y a dos gallegos que trabajan en un freidor.
Este año teníamos un nuevo solucionador llegado de las montañas del Caúcaso, que desgraciadamente no saltará al campo hasta agosto. Así que de buenas a primeras, nos hemos quedado sin ese futbolista al que le poníamos dos velitas cuando la cosas se ponía complicada.
Dicen por ahí que se incorpora Kouamé tras su aventura yanqui. Me atrevería a decir que aportaría buen fútbol, que no es poco. Sólo que también tiene pinta de aportar desidia a toneladas, lo que unido al resto de la peña, conformaría una atractiva panizá popular, ahora que tanta orgía gastronómica nos llega por febrerillo. Apunten pues, si ya no tenemos capacidad de remontar un partido, súmenle la falta del milagrero de turno. Misión imposible, o casi.
Cannavá, Cannavá... Cannavá tesquiero. Si tuviéramos que comparar el panorama con el mundillo de la serpentina, somos esa comparsa con cuatro o cinco veteranos que se juntan con chavalitos voluntariosos pero sin mucho bagaje, que crea expectación y se subraya con rotulador fosforito en los pases de mano (si es que todavía existen), pero que llega el día de Preliminares y decepciona porque cada uno va por un lado a la hora de pegar la pellaíta por arribita.
Pasan a cuartos arrastradetes, y hasta ahí llegaron. Les espera un Cannavá escardante, cantando en escenarios infumables por tal de terminar de pagar el forillo y los gorros de pierró. Ruina pura. Para el año que bien desmembramiento general.
Pues si lo llevamos al noble deporte del balompié, así andamos. Entre futbolistas con cierto nombre que ya están viniendo de vuelta, algunos de ellos con la desmotivación por las nubes, mezclados con otros acostumbrados a la Primera Federación sin experiencia contrastada en pisos superiores.
Todo ello reflejado en un juego empantanado, tedioso, burdo... y empezando a mirar más hacia abajo a ver por donde tenemos a los perseguidores, que para arriba buscando echarle el lazo a los que compiten por ascender. Olemos a maera, Osé.