La denuncia vecinal da resultados en un día: la Policía Local desaloja una finca en Santa María
La actuación en Botica 12 llega justo tras las pancartas, el vídeo vecinal y la convocatoria de una manifestación contra la droga en el barrio
La denuncia vecinal ha encontrado una respuesta exprés en el Barrio de Santa María de Cádiz. Apenas un día después de que las pancartas contra la droga empezaran a multiplicarse por sus calles, de que circulara un vídeo llamando a la movilización y de que se anunciara una manifestación para este viernes, la Policía Local ha actuado este miércoles en la finca del número 12 de la calle Botica, uno de los puntos que venían siendo señalados por los vecinos del barrio.
La intervención se ha saldado con el desalojo y cierre del inmueble, sobre el que pesaba un expediente de derrumbe, según la información difundida este miércoles. Hasta allí se han desplazado efectivos de la Policía Local, recursos municipales y también el alcalde de Cádiz, Bruno García, que ha acudido a la zona a primera hora de la mañana.
En la escena, además, no han faltado cámaras: estaba la televisión municipal y al menos un medio de comunicación siguiendo de cerca una actuación que, por oportunidad y por escenografía, difícilmente ha pasado desapercibida en el barrio.
Primero las pancartas, después la actuación
La secuencia resulta, cuanto menos, llamativa. El martes, los vecinos comenzaron a poner en el barrio de Santa María pancartas con mensajes directos contra la droga, el menudeo y la degradación que denuncian desde hace tiempo. También empezó a difundirse un vídeo en el que una vecina invitaba a participar en una manifestación convocada por la Asociación de Vecinos Las Tres Torres para este viernes a las 20:00 horas.
https://youtube.com/shorts/dMy7XbjyttQ
Y este miércoles, apenas 24 horas después de que el problema se hiciera visible con toda su crudeza en calles y redes sociales, ha llegado la actuación policial. Justo a unos metros donde se instalaba la pancarta que acompaña esta información. Una de las más de una docena que se han instalado por todo el bafrio.
La pregunta flota sola en el ambiente entre el vecindario: si la situación era conocida desde hace tiempo en el barrio, si los vecinos llevaban meses o años alertando de lo que ocurría en determinados puntos, si incluso se hablaba abiertamente de inseguridad, trapicheo, amenazas y altercados nocturnos, ¿por qué la respuesta visible llega ahora? Coincidencias, seguramente. O quizá no tanto.
Una finca señalada desde hace tiempo
El inmueble desalojado, en la calle Botica, 12, había sido ocupado recientemente por dos familias con menores y, según se ha trasladado, se encontraba afectado por un expediente de derrumbe. Ese ha sido el argumento administrativo utilizado para proceder al tapiado y cierre de la finca, además de ofrecer una alternativa a sus ocupantes desde los servicios sociales municipales.
El alcalde, que ha defendido la actuación en la zona, ha admitido que el Ayuntamiento no tiene competencias en materia de venta de drogas, aunque sí ha insistido en la voluntad municipal de participar en la seguridad del barrio.
También ha apuntado a que en ese mismo espacio “presuntamente” se desarrollaba actividad ilícita y que la intervención permitirá cortar ese uso. Una explicación que, aun siendo cierta, no impide otra evidencia: ha hecho falta que el barrio se mueva y que el foco mediático se encienda para que la escena cambie de golpe.
Eso es precisamente lo que más repiten estos días los vecinos. Que esto no ha aparecido de la noche a la mañana. Que no se trata de un sobresalto repentino ni de una alarma improvisada. Que en Santa María se sabía desde hace tiempo qué edificios, qué esquinas y qué movimientos estaban generando malestar. Que la sensación de deterioro no es nueva. Y que ha sido ahora, justo ahora, cuando se ha reaccionado con una contundencia y una visibilidad institucional que hasta hace unos días brillaban por su ausencia.
La propia subdelegada del Gobierno ha reconocido, según las declaraciones difundidas este miércoles, que existía conocimiento del trapicheo y de al menos dos viviendas conflictivas, aunque no de una situación “tan alarmante” como la que ha aflorado tras las movilizaciones.
Es decir: se sabía algo, pero no tanto; se intuía el problema, pero no su alcance; se conocía el runrún, pero no parecía suficiente como para precipitar una respuesta de este calibre. Ha tenido que hablar el barrio más alto para que se le escuche mejor.
Del silencio a la foto
La imagen de este miércoles tiene también otra lectura política. Durante meses, incluso años, las quejas vecinales sobre distintos problemas del barrio no habían logrado una reacción pública de semejante intensidad. S
in embargo, ha bastado un puñado de pancartas, un vídeo corriendo por mensajería y la convocatoria de una protesta para que se despliegue una actuación con Policía Local, servicios sociales, presencia del alcalde y cobertura audiovisual casi en tiempo real.
Todo ello, por supuesto, puede interpretarse como eficacia. También como sensibilidad institucional. O como una respuesta rápida ante una preocupación vecinal legítima. Pero en Santa María cuesta no verlo también como una reacción tardía que ha necesitado exposición pública para activarse. Porque si el problema existía antes de las pancartas, y los vecinos insisten en que existía, entonces lo novedoso no ha sido el problema, sino la prisa por intervenir una vez que ya estaba en boca de todos.
La manifestación sigue adelante
Pese al cierre de Botica 12, la movilización vecinal no se detiene. La manifestación convocada para este viernes sigue en pie y partirá a las 20:00 horas desde la sede de la Asociación de Vecinos Las Tres Torres, en la calle Suárez de Salazar, 8.
En el barrio existe la sensación de que la actuación de este miércoles no deja de ser un primer paso, insuficiente por sí solo para afrontar una realidad que consideran más amplia y más enquistada.
De hecho, los propios vecinos vienen alertando de que el problema no se limita a un único inmueble ni a un único punto conflictivo. Hablan de consumo y compraventa en la vía pública, de peleas, de miedo, de robos y de noches en las que son ellos mismos quienes terminan organizándose para vigilar esquinas y casapuertas. Ese es el contexto en el que se entiende que el tapiado de una finca pueda verse como alivio inmediato, sí, pero no exactamente como solución definitiva.
La conclusión provisional que deja este miércoles en el barrio es sencilla. Santa María ha denunciado, se ha organizado, ha llenado sus calles de mensajes y ha puesto fecha a una manifestación. Y, casi de inmediato, ha llegado una actuación policial con presencia institucional y foco mediático.
Cada cual que orden esa secuencia como prefiera. Pero a estas alturas cuesta creer que todo sea fruto del azar. Y menos con unas elecciones el 17 de mayo.
En un barrio acostumbrado a pelear por su dignidad, la noticia no es solo que se haya desalojado Botica 12. La noticia también es que ha bastado un día de presión vecinal visible para obtener la primera respuesta que llevaba demasiado tiempo sin aparecer.