La filial del Cádiz CF cerró 2025 perdiendo el 85 por ciento de su valor desde su salida en Wall Street
Nomadar también ha comenzado 2026 con pérdidas, cayendo por debajo de los 4 dólares por acción pese a activar en diciembre una línea de liquidez ya pactada
La filial tecnológica del Cádiz CF, Nomadar, cerró 2025 muy lejos de las expectativas con las que debutó en Wall Street. Apenas dos meses después de comenzar a cotizar en el Nasdaq, la compañía ha perdido en torno al 85% de su valor de referencia desde la salida al mercado estadounidense y ha iniciado el nuevo año sin señales claras de recuperación. Al revés.
Y es que 2026 también ha comenzado con descensos. La acción ha perdido el nivel de los 4 dólares por título, situándose claramente por debajo del precio objetivo que se marcó el club en su estreno bursátil. Todo ello, además, pese a haber activado a comienzos de diciembre una palanca financiera destinada a frenar la caída del valor y sostener la operativa tras la salida a bolsa.
El aterrizaje bursátil de Nomadar estuvo acompañado de un fuerte impacto mediático y de un relato de ambición global vinculado al proyecto Sportech City. Sin embargo, la evolución de la acción ha seguido un camino bien distinto. Tras las primeras sesiones de volatilidad extrema, el ajuste ha sido rápido, profundo y sostenido en el tiempo.
La acción de Nomadar, que comenzó a negociarse en noviembre en un entorno de elevada expectación, cerró el ejercicio en el entorno de los 4,5 dólares por título, una cifra muy alejada tanto del rango de precios que la propia compañía manejaba como objetivo inicial como de los máximos alcanzados durante las primeras horas de cotización.
Desde el entorno del club se insiste en una lectura alternativa de la situación, subrayando que Nomadar mantiene hoy una valoración cercana a los 70 millones de euros. Sin embargo, la lectura del mercado es menos complaciente: la cotización refleja una pérdida muy significativa de valor respecto a las referencias iniciales y sitúa a la compañía claramente por debajo de los niveles que se consideraban razonables para su proyecto.
Uno de los episodios clave de este primer tramo de vida bursátil llegó el pasado 1 de diciembre. Según los registros oficiales remitidos a la Securities and Exchange Commission (SEC), Nomadar recurrió entonces a la utilización de una línea de financiación que ya tenía pactada con el fondo Yorkville Advisors.
La compañía no firmó un nuevo acuerdo en esa fecha, sino que activó uno de los mecanismos previstos en un Standby Equity Purchase Agreement (SEPA) suscrito con anterioridad. Este instrumento permite a la empresa obtener liquidez mediante la emisión de acciones a favor del fondo cuando así lo solicita.
En la práctica, esa activación se tradujo en la entrada de algo más de dos millones de euros, un balón de oxígeno que permitió reforzar la liquidez y sostener la operativa tras el estreno bursátil. A cambio, Nomadar tuvo que emitir nuevas acciones a un precio descontado, lo que provocó un efecto dilutivo sobre los accionistas existentes.
Este tipo de operaciones son habituales en compañías jóvenes con fuerte consumo de caja, pero suelen ser interpretadas por el mercado como una señal de necesidad financiera a corto plazo. En el caso de Nomadar, la activación de esta línea coincidió con una nueva fase de descensos en el parqué y reforzó el escepticismo de los inversores.
El nuevo año tampoco ha traído un cambio de tendencia. Nomadar cerró la sesión del martes 6 de enero por debajo de los 4 dólares por acción y abrió la jornada del miércoles 7 moviéndose en el entorno de los 3,7–3,9 dólares, sin volumen relevante y sin recuperar niveles técnicos significativos.
Más allá del precio, otro de los indicadores que empieza a preocupar es precisamente el volumen de negociación. Tras un debut con una actividad muy elevada —señalada en su día por los propios responsables de la compañía como síntoma de interés—, la negociación diaria se ha ido apagando progresivamente hasta niveles muy reducidos.
En términos bursátiles, la caída del volumen suele interpretarse como una pérdida de relevancia del valor. Cuando el interés inversor desaparece, la acción queda fuera del radar del mercado y su capacidad de recuperación se reduce notablemente. Es, en cierto modo, el escenario que hoy rodea a Nomadar.
El mensaje que lanza Wall Street no es tanto una condena definitiva como una llamada de atención. Cotizar muy por debajo del precio de referencia inicial y hacerlo con un volumen menguante indica que los inversores no compran, por ahora, el relato de crecimiento que acompaña a Nomadar y al ambicioso proyecto Sportech impulsado desde el Cádiz CF.
La distancia entre la magnitud de los planes anunciados —un complejo tecnológico y de eventos de gran escala— y la realidad actual de una empresa en fase temprana, con ingresos todavía limitados y necesidad de financiación recurrente, explica en buena medida el castigo sufrido en bolsa. El mercado, ajeno al componente emocional, exige tracción comercial y resultados antes de respaldar valoraciones elevadas.
Con el cierre de 2025 y el arranque de 2026, la aventura americana del Cádiz CF entra así en una fase menos vistosa y mucho más determinante. Lejos de los focos de Times Square, Nomadar afronta ahora el reto de demostrar que su modelo de negocio puede sostenerse por sí mismo y recuperar la confianza de unos inversores que, por el momento, han optado claramente por la cautela.