La impotencia del Cádiz CF en ataque alarga su mala racha a la cuarta derrota consecutiva
Los amarillos regalan prácticamente el partido con dos errores en la primera mitad y en la segunda parte no son capaces de igualar pese a disponer de un buen puñado de ocasiones claras
El Cádiz CF volvió a tropezar en el Nuevo Mirandilla en un partido que resumió demasiados males recientes: concesiones defensivas graves, poca contundencia en las áreas y una reacción que fue insuficiente en gran parte por la propia impotencia cadista de cara al gol.
El UD Almería, sin necesidad de dominar durante todo el choque, supo castigar cada regalo y gestionar la ventaja con oficio para llevarse los tres puntos. Cuatro jornadas perdiendo, las cuatro jornadas de la segunda vuelta, hacen que los amarillos se descuelguen de la pelea por la fase de ascenso.
Los cadistas mostraron dos caras. En muchos sentidos. Falta de contundencia, especialmente atrás, y falta de acierto arriba, sobre todo con un Dawda que disposo de al menos tres oportunidades más que claras. Regalo atrás e impotencia arriba, da poco margen para algo que no sea la derrota.
Garitano mantuvo su dibujo, el 1-4-4-2 que ya parece no funcionarle para darle la capacidad defensiva que habái mostrado hasta hace apenas un mes. Sí le vale para genera ocasiones, pero sin acierto y, como en este choque cuando ya vas perdiendo, poco margen hay para un equipo que no sabe lo que es remontar un partido esta campaña (para acabar ganándolo).
También volvió a darle otra oportunidad a Brian Ocampo, tras su sanción. Por lo demás, el once esperado.

No había pasado prácticamente nada cuando el Cádiz ya iba por detrás. En una acción evitable, la falta de contundencia de Diakité dentro del área, intentando un pase en corto en lugar de despejar, acabó con un balón franco a Sergio Arribas, que definió cómodo al palo para el 0-1. Demasiada ventaja demasiado pronto para un equipo que no ha remontado un partido en toda la temporada.
El plan cadista, una vez más, quedó retratado desde el inicio: bloque bajo, poco balón, esperar el error ajeno. Pero en el momento actual, con tres derrotas consecutivas a cuestas, ese guion exige una fiabilidad atrás que no está teniendo. Y cuando no se despeja, cuando no se rompe el balón, el castigo llega.
Apenas un minuto después, Diakité volvió a quedar señalado en la salida de balón y la jugada terminó con una amarilla a Iza. El Almería mandaba, el Cádiz corría detrás y el partido se jugaba a lo que quería el equipo visitante. En el 15, Luna entró con peligro por la derecha y el Cádiz se salvó cuando Pelayo metió el pie y el balón salió tras rebotar en el rostro de Víctor Aznar. No había control ni posesión; sí, en cambio, sensación de inferioridad.
El Cádiz tuvo su primera gran ocasión en el 21, cuando Dawda no supo aprovechar un error de Nelson dentro del área. Fue una oportunidad clara que no cambió la inercia: los amarillos seguían sin dominar, aunque al menos habían avisado. La impresión general era la misma de las últimas semanas: a este equipo le falta algo.
Bonini avisó de cabeza en el 24 y, dos minutos después, llegó el golpe casi definitivo. Morci ganó la espalda a un Iza confiado y firmó una acción casi de fútbol sala dentro del área, con pisadita incluida, para el 0-2. Pitos en la grada y un Cádiz superado, sin respuesta ni argumentos. Demasiada desventaja para un equipo ya tocado.
El gol de García Pascual en el 31, tras una buena acción de Brian y Climent, pareció meter a los amarillos en el partido. Fue un espejismo. Arribas pudo sentenciar en el 35, pero Aznar lo evitó con el pie. El Cádiz se movía más por orgullo que por fútbol, mientras el Almería seguía cómodo, asomándose cuando quería.
Antes del descanso, el colegiado perdonó la segunda amarilla a Embarba en una acción clara y García Pascual volvió a probar entre palos de cabeza. Ortuño rompió el balón desde lejos en el 43, pero el primer tiempo se cerró con un Cádiz a arreones, sin plan ni control.
La segunda mitad mostró a un mejor Cádiz, pero comenzó con el mismo problema: dificultad para defender hacia atrás. Morci volvió a ganar la espalda a Iza y el aviso quedó ahí. En ataque, Dawda tuvo dos ocasiones clarísimas: primero en un mano a mano tras un balón largo de Pelayo (desde el área cadista), que intentó picar sin éxito, y luego en el rechace,q eu estuvo lento y resolvió mal; más tarde, en el 56, cruzó en exceso otra buena oportunidad. El Cádiz necesita gol, lo necesitaba en el mercado de invierno, y no lo encontró (o no lo buscó realmente).
Pese a todo, era otro Cádiz tras el descanso. Más balón, más llegadas, más intención. Pero asumía riesgos y dejaba muchos espacios. En el 58, Aznar volvió a aparecer ante Embarba tras otra autopista abierta por el centro.
El acoso cadista continuó, con una acción polémica en el 64 por una mano que no pareció penalti, pero que volvió a dejar la sensación de arbitrariedad que acompaña al fútbol moderno. El mundo del árbitraje (no solo los árbitros) tienen un grave problema para aclararse con lo que es una mano punible o no. Imposible entenderlo para el resto de la humanidad.
Los primeros veinte minutos del segundo tiempo mostraron la mejor versión del Cádiz con balón y la peor en la definición. Un asedio sin equilibrio, obligado por el marcador, que evidenció dos realidades: el equipo tiene pulso y quiere, pero ha perdido consistencia defensiva y carece de alternativas claras arriba. No controla ni manda cuando el marcador está igualado y, cuando va por detrás, no tiene la pegada suficiente para compensar lo regalado.

El asedio fue constante en el tramo final. Ontiveros y Raúl Pereira encontraron espacios por la izquierda y llegaron los centros, muchos centros —cerca de 40—, pero sin remate. El único gol llegó tras control y definición, no desde el juego aéreo. Mientras, el Almería también tuvo el tercero a la contra, encontrándose de nuevo con Aznar en dos acciones (una de ellas a lo Iker Casillas parando un balón clarísimo para Baptistao).
Los amarillos firmaron mejores números: más posesión, más remates, más pases acertados, más llegadas... más todo, menos más goles, que es lo único que vale en el fútbol.

Ortuño e Iker Recio saludan a la grada con cara de desilusión tras la derrota. Foto: Cádiz CF.
Es el peor Cádiz no solo de la campaña, sino desde que llegó Garitano, que nunca había enganchado tantas derrotas consecutivas. Este equipo ha perdido la capacidad para controlar los encuentros y también su capacidad de competir. Porque competir no es tenet oportunidades y poder empatar. Competir es que el partido que se juegue sea más parecido al partido que a ti te interesa que al que quiere el rival.
El Cádiz ha firmado un buen segundo tiempo en intención, pero impotente en resultado. Cuando necesitas tanto para marcar, no puedes conceder tanto atrás. El Cádiz lo hizo en el primer tiempo y lo pagó. Y ya van muchas veces.