Caseta en la que se guardaba el material sustraído a Ximenez. Foto: Eulogio García.
Caseta en la que se guardaba el material sustraído a Ximenez. Foto: Eulogio García.

La racanería del gigante del alumbrado: Ximénez y las sombras del rey de las luces en Cádiz

La ausencia de vigilancia permitió el robo de material necesario para el expectáculo ‘El Bosque Mágico’. La Policía Cientifica busca huellas en la caseta forzada

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Cuando una empresa que cobra 3,8 millones de euros en dos años del Ayuntamiento de Cádiz (1,9 millones anuales, IVA incluido) decide escatimar en un gasto básico de seguridad y acaba viendo cómo le roban el corazón tecnológico de su montaje estrella, ya no estamos ante un error puntual. Estamos ante una forma de actuar. Y esa forma, en Cádiz, lleva tiempo quedando retratada.

Ximénez Iluminación, empresa adjudicataria del alumbrado extraordinario de la ciudad (Tosantos, salida de La Palma por la conmemoración del Maremoto, Navidad y Carnaval), vio cómo su principal reclamo navideño quedaba fuera de servicio tras la sustracción de tres de los cuatro ordenadores que controlaban el espectáculo. El material se encontraba en una caseta técnica sin vigilancia física, que fue forzada con facilidad.

Ha sido el último episodio de una cadena de decisiones desde la llegada a Cádiz de este gigante de las luces de Navidad que deja en evidencia su forma de actuar y el nivel de mirar hasta el céntimo los beneficios por encima de todo.

La empresa responsable, Ximénez Iluminación, líder del sector y rey del alumbrado extraordinario en las principales ciudades, dejó esa instalación sin vigilancia privada, sin seguridad física y sin presencia permanente por no gastarse en vigilancia una cantidad irrisoria para el volumen del contrato. El resultado fue inmediato. Y previsible.

Este martes la policía científica investiga el suceso y busca huellas en la caseta forzada. Pero la racanería y su forma de actuar ha salido de nuevo, nunca mejor dicho, a la luz.

Un 'sarna' con un contrato millonario

Los números desmontan cualquier excusa. Si se calcula, por ejemplo, entre el 28 de noviembre y el 4 de enero, periodo completo de funcionamiento del espectáculo, un servicio de vigilancia privada 24 horas, con al menos tres vigilantes diarios en turnos de ocho horas, habría tenido un coste perfectamente asumible para una empresa que factura casi dos millones de euros al año solo en Cádiz.

Tomando como referencia publicaciones de la propia patronal de las empresas de vigilancia, según precios reales y habituales del sector de la seguridad privada en España, el coste estimado habría sido el siguiente:

  • Pymes locales de seguridad ( si recurriera a empresas de Cádiz): vigilante sin arma entre 17 y 19 euros la hora. Coste total estimado entre 15.500 y 17.300 euros.
  • Empresas de servicios de ámbito nacional (Eulen, Clece): vigilante sin arma entre 19 y 21 euros la hora. Coste total estimado entre 17.300 y 19.100 euros.
  • Grandes multinacionales del sector (Prosegur, Securitas): vigilante sin arma, con recargos de festivos y nocturnidad, entre 22 y 25 euros la hora. Coste total estimado entre 21.500 y 22.800 euros.

Incluso en el escenario más caro, el gasto no habría alcanzado los 23.000 euros. Eso representa poco más del 1 por ciento de los 1,9 millones de euros anuales (con IVA) que Ximénez factura en Cádiz. Menos del uno por ciento. Un ahorro propio de, como se dice en Cádiz, un sarna.

Traducido a la vida real, el gesto retrata la magnitud de la cicatería. Para un trabajador con un sueldo neto de 1.100 euros mensuales (lo que gana ahora mismo lo que se llama un mileurista), ese 1 por ciento equivale a 11 euros al mes.

Once euros. El precio de una suscripción básica, una comida rápida o un pequeño gasto doméstico. No tomarse un café algunos días. No pagar una plataforma de streaming. No comprar una barra de pan algunos días.

Ximénez ha decidido que no merecía la pena gastar ese “equivalente” para proteger unas herramientas de trabajo imprescindibles. El resultado ha sido el previsible: robo del material, suspensión del espectáculo y una imagen de precariedad impropia de una empresa que se presenta como líder del sector (instala las luces de Vigo, las de Málaga y su calle Larios...).

Eso es lo que el gigante de las luces decidió ahorrarse. Y como ocurre siempre que se mira el dinero hasta el exceso, alguien entró y robó.

Ese servicio de vigilancia no solo habría evitado el robo. Habría generado empleo directo en plena Navidad: tres personas diarias como mínimo, más de 900 horas de trabajo, durante más de un mes. Empleo local, real, perdido por un ahorro que no llega ni al uno por ciento del contrato.

Ni siquiera eso compensó.

No es un hecho aislado: es un patrón

Lo ocurrido con la vigilancia encaja, punto por punto, con la forma de actuar que desde este medio se viene denunciando en distintos artículos durante las dos últimas campañas, desde que Ximenez desembarcó en Cádiz.

Primero fue el malestar ciudadano por la instalación del alumbrado, con marcas pintadas en el suelo que aún permanecen visibles un año después, cables apoyados en balcones y ventanas privadas sin permiso, tramos de cableado a la vista y una sensación generalizada de improvisación. El episodio más llamativo fue la colocación de un cuadro eléctrico directamente sobre la piedra ostionera de la Puerta de Tierra, un Bien de Interés Cultural, convertido de facto en soporte técnico.

Después llegó el debate por el reciclaje del diseño de Málaga. El Bosque Mágico de Cádiz (el espectáculo suspendido este lunes), presentado como gran novedad, mostró un parecido evidente con el Bosque de la Navidad instalado por la misma empresa en la calle Larios en 2019. Un reciclaje permitido por contrato, pero que a Cádiz no le supone ningun ahorro, en una ciudad que paga más por habitante en alumbrado extraordinario que ninguna otra de Andalucía.

Y finalmente, los daños materiales. La rotura de al menos dos balcones, uno en la calle Plocia y otro en la Plaza de San Juan de Dios, confirmó que no se trataba solo de estética o molestias. En el caso de Plocia, la campana quedó suspendida tras ceder el anclaje y fue necesaria la intervención de los bomberos.

El arreglo posterior (repellado rápido y campana colgada más baja) reforzó la sensación de parche y no de solución. Todo ello dibuja un mismo patrón: ahorrar donde no toca, actuar con prisa, dar por hecho que no pasará nada. Hasta que pasa.

El rey desnudo

Ximénez presume de iluminar grandes capitales y de liderar el sector a nivel internacional. Pero en Cádiz ha quedado retratada como un gigante con pies de barro, capaz de montar espectáculos millonarios mientras escatima en lo más elemental.

Luces de primera división. Gestión de mercadillo. Racanería. Y cuando la racanería gobierna al rey de las luces, el brillo dura lo justo. Luego llegan las sombras.

En Cádiz, de toda la vida, a eso se le llama ser un agonía o ser un sarna. Y ya lo cantaron Ños curas de Pueblo...