Extrayendo ADN de las pinturas.

La Universidad de Cádiz participa en un hallazgo que permite extraer ADN de las paredes de cuevas prehistóricas

Recuperar ADN de las paredes de una cueva abre una nueva vía para estudiar a los autores del arte rupestre

·

Las paredes de algunas cuevas con arte rupestre, consideradas hasta ahora principalmente un soporte para las pinturas prehistóricas, podrían convertirse también en una fuente directa de información genética sobre quienes las utilizaron.

Un estudio internacional publicado en la revista científica Nature Communications, en el que participa la Universidad de Cádiz (UCA) junto al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y otros centros de investigación europeos, ha logrado recuperar ADN humano antiguo de superficies rocosas vinculadas a estos enclaves, un avance que puede ampliar las posibilidades de la arqueogenética.

La investigación parte de una idea que hasta hace pocos años parecía difícil de demostrar: que las paredes de las cuevas son capaces de conservar rastros biológicos durante milenios.

Si esta capacidad se confirma en nuevos trabajos, los científicos podrán obtener información sobre la presencia humana en espacios prehistóricos donde no se han hallado huesos, sedimentos con suficiente carga genética o restos arqueológicos que permitan reconstruir quiénes ocuparon esos lugares.

UCA: once cuevas analizadas entre España y Portugal

El trabajo se desarrolló dentro del proyecto internacional First Art, dedicado al estudio del arte rupestre más antiguo y a la caracterización de los pigmentos utilizados por las comunidades prehistóricas. La incorporación del análisis de ADN permitió ampliar los objetivos iniciales y explorar si las propias superficies de roca podían conservar información genética.

Para ello, el equipo examinó muestras procedentes de 24 paneles distribuidos en once cuevas de España y Portugal.

Los investigadores analizaron tanto fragmentos con pigmentos como zonas sin pinturas visibles, además de sedimentos, restos óseos y una antigua herramienta empleada para aplicar pintura mediante aerografía.

Los resultados permitieron identificar ADN mitocondrial humano antiguo en varias muestras. Entre ellas destacan restos recuperados en una costra de calcita pigmentada de la cueva portuguesa de Escoural y en superficies sin pigmento tanto de esa cavidad como de la cueva de Covarón, situada en el norte de España.

El contacto directo con la roca gana peso como explicación

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la interpretación del origen de ese material genético. En algunas muestras no aparecieron restos de ADN animal, un dato que, según los investigadores, refuerza la posibilidad de que el ADN humano quedara depositado directamente sobre la roca por contacto físico, posiblemente mediante saliva u otros fluidos corporales durante las actividades desarrolladas en el interior de las cuevas.

En otros casos sí se detectó una combinación de ADN humano y de fauna, una circunstancia que podría explicarse por procesos naturales, como el desplazamiento de sedimentos o la circulación de agua dentro de las cavidades a lo largo del tiempo.

Aunque los investigadores subrayan que será necesario ampliar el número de análisis y continuar perfeccionando las técnicas de extracción, el estudio demuestra que las paredes de las cuevas pueden conservar información biológica de gran valor para reconstruir el pasado.

Una herramienta para comprender mejor a las sociedades prehistóricas

La participación de la Universidad de Cádiz se integra en una línea de investigación centrada en las sociedades cazadoras-recolectoras del entorno del Estrecho de Gibraltar y en sus manifestaciones gráficas. El equipo español forma parte de un consorcio internacional que reúne instituciones de España, Portugal, Reino Unido, China y Alemania.

Además de confirmar la presencia de ADN perteneciente a humanos modernos relacionados con antiguos grupos de cazadores-recolectores del occidente europeo, algunas muestras ofrecen indicios que permiten aproximarse al sexo biológico de las personas que dejaron esos rastros.

Si bien estos datos todavía no permiten identificar a los autores de las pinturas, sí abren nuevas líneas de investigación sobre quiénes accedían a las zonas profundas de las cuevas y cuál pudo ser su papel en la creación o utilización de estos espacios.

El hallazgo representa un cambio de enfoque para la investigación arqueológica. Tradicionalmente, el ADN antiguo se obtenía sobre todo a partir de huesos o sedimentos.

La posibilidad de extraerlo directamente de las paredes amplía el número de yacimientos que podrían aportar información genética y ofrece una nueva herramienta para estudiar la ocupación humana de lugares donde apenas se conservan restos materiales.

Todo ello podría ayudar, en futuras investigaciones, a comprender mejor la relación entre las comunidades prehistóricas y algunos de los conjuntos de arte rupestre más antiguos de la península ibérica.

Ver más de Cádiz