Orcas en el Estrecho.

Las orcas vuelven a acercarse a los barcos en el Estrecho: esta es la recomendación para reducir el riesgo

Circe detecta un repunte de las interacciones durante 2026 después del fuerte descenso de años anteriores y recuerda que navegar por zonas de menos de 30 metros de profundidad reduce el riesgo de incidentes

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Las interacciones entre orcas y embarcaciones vuelven a ganar presencia en aguas del Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz. Circe, organización dedicada al estudio y conservación de cetáceos, ha advertido de un repunte durante 2026 después de varios años de descenso.

Su presidente y coordinador, Renaud de Stephanis, considera que una de las claves está en que las recomendaciones de actuación no están llegando con suficiente claridad a todos los navegantes.

Los datos oficiales conocidos este verano refuerzan la alerta: hasta mediados de julio, los centros de Salvamento Marítimo de Tarifa y Cádiz habían registrado 31 interacciones, frente a las 17 contabilizadas durante todo 2025.

La recomendación de Circe para navegar por el Estrecho

La principal indicación de Circe se centra en la profundidad. De Stephanis sostiene que la medida más eficaz es transitar, siempre que las condiciones y la navegación lo permitan, por aguas de menos de 30 metros de profundidad. Si aparecen orcas, recomienda no detener la embarcación y continuar hacia zonas de menor calado.

El objetivo es reducir la posibilidad de que los animales prolonguen su interacción con el barco. Estos episodios afectan especialmente a veleros y embarcaciones de recreo y pueden provocar daños importantes en el timón.

Circe insiste además en una distinción relevante: define estas interacciones como comportamientos de juego y no como ataques. Eso no elimina los riesgos que pueden producirse para las personas, las embarcaciones y los propios cetáceos cuando el encuentro se prolonga o la tripulación no sabe cómo reaccionar.

La organización atribuye precisamente parte del repunte actual a una menor difusión de pautas claras y actualizadas. En 2025, Circe estimaba que las interacciones se habían reducido alrededor de un 80% en dos años y relacionaba aquella caída con las recomendaciones trasladadas a los barcos.

De las 17 interacciones de 2025 a las 31 registradas hasta julio

El cambio de tendencia ya había quedado reflejado en las cifras difundidas en julio por la Dirección General de la Marina Mercante. Los centros de Salvamento Marítimo de Tarifa y Cádiz contabilizaban entonces 31 encuentros en el Estrecho y el golfo de Cádiz durante 2026, casi el doble de los 17 registrados en todo el año anterior.

El Ministerio para la Transición Ecológica había señalado en abril que, durante el verano de 2025, las interacciones disminuyeron en términos generales en España, aunque aumentaron ligeramente en Galicia y el Cantábrico.

Las administraciones mantienen campañas informativas y recomiendan extremar las precauciones entre abril y octubre, periodo en el que existe una mayor probabilidad de presencia de orcas durante sus desplazamientos asociados al atún.

Las interacciones recurrentes con embarcaciones de esta población comenzaron a documentarse en el verano de 2020 y desde entonces se han registrado en diferentes puntos de la fachada atlántica ibérica.

Una población protegida y un nuevo foco sobre la orca Toñi

Circe calcula que el grupo catalogado en el Estrecho está compuesto por entre 16 y 17 ejemplares. Un avistamiento reciente permitió localizar únicamente a tres, algo que De Stephanis encuadra dentro de la dispersión habitual de estos animales y no como señal de una reducción del grupo.

La preocupación por la convivencia entre navegación y cetáceos ha aumentado además por el caso de Toñi, una orca localizada con heridas en la aleta dorsal compatibles con perdigones. Circe mantiene su seguimiento y señala que el animal se encuentra bien, aunque continúa pendiente de la evolución de las lesiones.

Las orcas del Estrecho y el golfo de Cádiz figuran como vulnerables en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. La legislación española prohíbe matarlas, capturarlas, perseguirlas o molestarlas intencionadamente.

Las infracciones pueden derivar en sanciones de hasta dos millones de euros y, según las circunstancias, también en responsabilidad penal.

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