Lo que esconde la tierra blanca de Cádiz que cambia por completo el vino de la zona, según un estudio de la UCA
La Universidad de Cádiz lleva el Geolodía a las albarizas y los vinos de pasto de la campiña gaditana
La relación entre los suelos de albariza y los vinos tradicionales de la provincia de Cádiz volvió a situarse en el centro de una jornada científica y divulgativa organizada por la Universidad de Cádiz con motivo del Geolodía 2026.
La actividad, celebrada entre Trebujena y Sanlúcar de Barrameda, reunió a especialistas, participantes y aficionados para explicar cómo la geología condiciona el cultivo de la vid y las características finales de algunos de los vinos más reconocidos de la campiña gaditana.
El encuentro formó parte del programa nacional impulsado por la Sociedad Geológica de España, una iniciativa que cada año organiza recorridos divulgativos en distintas provincias para acercar la geología al público general fuera del ámbito académico.
En el caso de Cádiz, la propuesta se centró en el papel que desempeñan las llamadas moronitas o albarizas en la elaboración de los vinos de pasto.
Estudio de la UCA: un recorrido por el paisaje geológico del vino
La jornada incluyó varias paradas en enclaves de la campiña situados junto al río Guadalquivir, donde los asistentes pudieron observar sobre el terreno las propiedades de estos suelos blanquecinos, ricos en carbonato cálcico y con una elevada capacidad de retención de humedad.
Según explicaron los organizadores, estas características resultan determinantes para el desarrollo del viñedo en una zona marcada por las altas temperaturas y los largos periodos secos.
El itinerario estuvo coordinado por los catedráticos Salvador Domínguez Bella y Víctor Palacios Macías, vinculados a la Facultad de Ciencias de la UCA.
Ambos guiaron las explicaciones sobre el origen geológico de las albarizas y su influencia directa en aspectos como la mineralidad, la textura y la personalidad de los vinos producidos en la zona.
Durante la actividad también se abordó la evolución histórica del paisaje vitivinícola gaditano y la conexión entre la composición del terreno y una tradición agrícola que se remonta a época romana.
Los organizadores insistieron en que la geología no solo forma parte del patrimonio natural, sino que mantiene una relación directa con sectores económicos y culturales todavía activos en la provincia.
Catas y visitas para explicar la influencia del terreno
Además de las explicaciones técnicas, el Geolodía de Cádiz incorporó una vertiente práctica orientada a mostrar cómo las diferencias entre tipos de albariza pueden apreciarse también en el vino. El programa incluyó una cata dirigida de vinos de pasto elaborados en viñedos asentados sobre distintos suelos de la campiña gaditana.
Los participantes visitaron igualmente una bodega artesanal de Trebujena, donde conocieron el proceso de elaboración y las particularidades de los vinos procedentes de diferentes pagos de la comarca.
La actividad permitió comparar variedades y métodos de producción ligados al territorio, uno de los elementos que los expertos consideran fundamentales para entender la singularidad del vino gaditano.
La propuesta combinó así divulgación científica y patrimonio vitivinícola en un formato pensado para un público amplio. Según la organización, el objetivo principal consistía en explicar conceptos geológicos complejos mediante ejemplos cercanos y fácilmente identificables para la población local.
El Geolodía 2026 se celebró de forma simultánea en las 50 provincias españolas y amplió además su alcance con actividades en Andorra, México y Uruguay, así como rutas transfronterizas junto a Portugal y Francia.
La edición gaditana contó con el respaldo de entidades científicas y organismos públicos vinculados a la investigación y la divulgación.
Entre las instituciones colaboradoras figuran la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el IGME-CSIC y la Asociación Internacional de Sedimentólogos.
La actividad desarrollada en Cádiz volvió a poner el foco en uno de los elementos más característicos del paisaje de la provincia: unas albarizas que, más allá de su valor geológico, siguen marcando la identidad agrícola y vinícola de buena parte de la campiña.