Algunos carteles de Adelante Andalucia en un escaparate de una tienda cerrada. Foto: José Luis Porquicho Prada.
Algunos carteles de Adelante Andalucia en un escaparate de una tienda cerrada. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Los carteles electorales siguen presentes en Cádiz cinco semanas después de las elecciones andaluzas

Sigue la propaganda de casi todas las fuerzas en escaparates, fachadas, cristaleras y cuadros eléctricos de distintos puntos de la ciudad más de un mes después de los comicios

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Cinco semanas después de las elecciones andaluzas, la campaña sigue presente en las calles de Cádiz. No hay mítines, ni debates; ni sigue en las redes sociales donde hoy se libra buena parte de la batalla política. No.

Sigue presente en forma de los carteles electorales que continúan pegados en escaparates vacíos, fachadas, cristaleras y cuadros eléctricos que continúan mostrando mensajes electorales de PSOE, Adelante Andalucía, Por Andalucía y otras formaciones mucho después de que se cerraran las urnas.

Las imágenes pueden encontrarse en distintos puntos de la ciudad. Carteles enteros, carteles medio arrancados, pegatinas superpuestas y restos de propaganda que el paso de las semanas ha ido deteriorando sin que nadie parezca haberse preocupado demasiado por retirarlos. Hay hasta pancartas en vallas de edificios abandonados.

No se trata de un fenómeno atribuible a una única sigla. Precisamente por eso resulta más llamativo: cuando todos son responsables, nadie parece sentirse obligado a actuar. El resultado: el poco respeto a una ciudad a la que todos los partidos se les llenaba la boca diciendo que iban a defender. Una monería, que se dice por aquí.

Si te he visto, no me acuerdo

La sensación que transmiten muchos de estos carteles es la de haber sido abandonados a su suerte. Como si la estrategia consistiera en esperar a que el sol, el viento, la lluvia o el simple paso del tiempo hicieran el trabajo pendiente. Algunos aparecen ya descoloridos. Otros están parcialmente arrancados. Otros han comenzado a quedar ocultos bajo nuevas capas de publicidad.

La retirada no parece formar parte de la campaña. La colocación sí. La fotografía de la pegada también, incluida la del paripé de la primera pegada. Pero la recogida posterior se queda fuera del guion. Ahí va perfecto aquello de “si te he visto, no me acuerdo”.

Mientras tanto, la ciudad acumula un nuevo elemento de deterioro visual: escaparates cerrados convertidos en soportes improvisados, cristales cubiertos de restos de cola y papeles rasgados que prolongan durante semanas una campaña que terminó hace tiempo.

La permanencia de esta propaganda tiene además una consecuencia visible. Allí donde aparece un cartel electoral que nadie retira, suele aparecer después otro cartel. Y después otro.

Un anuncio de un concierto, una fiesta, una actividad cultural, un alquiler o cualquier otro mensaje acaba ocupando el mismo espacio. El escaparate deja de ser un escaparate para convertirse en un tablón informal donde cada nueva capa tapa parcialmente a la anterior.

Los carteles siguen ocupan el lugar en el que fueron pegados hace más de un mes.. Foto: Eulogio García.

Los carteles siguen ocupan el lugar en el que fueron pegados hace más de un mes. Foto: Eulogio García.

La ciudad no se degrada de golpe. Lo hace por acumulación. Por pequeñas renuncias. Por la costumbre de asumir como normal aquello que no debería serlo. Como lo de pegar carteles en lugares no habilitados ni permitidos para ello y luego dejarlos allí.

La situación resulta especialmente llamativa en algunas formaciones que durante años han defendido discursos vinculados a la sostenibilidad, el cuidado del entorno urbano o la protección del espacio público.

Porque más allá de la legalidad concreta de cada soporte utilizado durante la campaña, la imagen que hoy ofrecen muchos de estos carteles es difícilmente compatible con esos mensajes. El papel deteriorado, las pegatinas superpuestas y los restos de propaganda abandonada transmiten precisamente lo contrario de lo que suele reivindicarse cuando se habla de ciudad, convivencia o civismo.

No es una cuestión ideológica. Es más una cuestión de coherencia.

De retirar carteles como símbolo político a dejarlos en la calle

La situación adquiere un matiz especialmente llamativo si se observa con perspectiva histórica.

Hace poco más de una década, en la campaña de las municipales de 2015, una de las imágenes que acompañaron el ascenso político de Por Cádiz Sí Se Puede fue precisamente la de la retirada de propaganda electoral y la limpieza de espacios urbanos una vez concluida la campaña. Aquellos gestos fueron presentados como una forma distinta de entender la política y la relación con la ciudad.

Aquella formación fue el proyecto político con el que José María González, Kichi, llegó a la Alcaldía de Cádiz y constituye uno de los antecedentes directos de los espacios políticos que hoy representan otras siglas de la izquierda gaditana.

Por eso resulta inevitable recordar aquellas imágenes cuando, cinco semanas después de las elecciones, todavía pueden encontrarse carteles electorales en distintos puntos de la ciudad. Especialmente en el caso de Adelante Andalucía, cuya campaña destacó por una presencia muy visible y personalista de la imagen de su candidato por Cádiz y a la Presidencia de la Junta de Andalucía, José Ignacio García, reproducida en numerosos soportes repartidos por distintos barrios.

Donde antes se exhibía la retirada de carteles como ejemplo de responsabilidad política, hoy la sensación es muy distinta.

Una tradición cada vez más artificial

La paradoja es que los carteles electorales tienen cada vez menos importancia real en las campañas modernas. La política se consume hoy a través de Instagram, Facebook, TikTok, WhatsApp, Telegram o X. Los mensajes llegan al móvil mucho antes de aparecer en una pared. La segmentación digital ha sustituido en buena medida a la propaganda tradicional.

Incluso la clásica pegada de carteles que marcaba el inicio oficial de la campaña se ha convertido en muchos casos en una ceremonia simbólica, en todo un paripé. Un acto pensado para las cámaras, realizado a plena luz del día y sobre paneles preparados expresamente para la ocasión. Un ritual que mantiene la estética de otra época aunque gran parte de la campaña ya se juegue en otros escenarios.

Sin embargo, mientras los mensajes digitales desaparecen con un simple desplazamiento de pantalla, los carteles físicos permanecen. Y cuando nadie se ocupa de retirarlos, acaban convirtiéndose en la única parte de la campaña que sigue visible mucho después de que los candidatos hayan dejado de pedir el voto.

Cinco semanas después de las elecciones, Cádiz sigue teniendo ejemplos de ello repartidos por sus calles. Un ejemplo de coherencia y defensa de la ciudad y su entorno.