Luis Rivero hace resurgir el Carnaval de sus cenizas en la Quema del Gran Momo
Luis Rivero reivindica la quema de los malos vicios del Carnaval y reconstruirlo, además de hacer repaso de las coplas que marcaron su vida
El Carnaval de Cádiz 2026 se despidió con un mensaje claro, directo y profundamente reflexivo. Luis Rivero, proclamado Gran Momo, convirtió su pregón en algo más que un cierre festivo: fue una llamada a la transformación de la fiesta.
Lejos de la nostalgia, el autor gaditano planteó el final del carnaval como un punto de partida. “Resurgir de sus cenizas… esa es la cuestión”, afirmó desde el inicio, marcando el hilo conductor de un discurso que apostó por reconstruir la fiesta desde sus cimientos.
El pregón, cargado de referencias históricas y carnavalescas comenzó con el pasodoble de Los del Bocho de Paco Alba, avanzó hacia una crítica directa de algunas realidades actuales del carnaval. Uno de los bloques más contundentes fue el dedicado al feminismo, donde Rivero denunció actitudes aún presentes en la fiesta: “Un privilegio jamás puede ser un derecho”, recordó, reclamando una igualdad efectiva y no simbólica, que terminó con aplausos en la Plaza de San Antonio.
La libertad de expresión ocupó también un lugar central. El Gran Momo defendió un carnaval sin ataduras ideológicas ni presiones externas, "Todo vale si es sincero, porque solo desde esa sinceridad surgirá la verdadera libertad", reivindicó, alertando del riesgo de convertir la fiesta en un espacio “sectario, cerrado y escorado”.
Otro de los ejes fue la defensa del tango gaditano, al que situó como pieza esencial del patrimonio cultural del Carnaval. Rivero reclamó su regreso a la calle, lejos de limitaciones competitivas, insistiendo en que “no es un privilegio, es una necesidad y un deber”. Para ello, contó, como no podía ser de otra manera, de su coro, que interpretó subido a una batea en mitad de San Antonio, una de los momentos más curiosos del pregón.
En el plano institucional, el pregón dio un paso más allá al proponer la creación de una concejalía exclusiva de Carnaval, subrayando el peso cultural, económico y social de la fiesta en la ciudad, remarcándolo con uno de los tangos de ADN, cuarto premio de este concurso.
Pero el momento más emotivo llegó al poner el foco en los verdaderos protagonistas: autores, componentes y, especialmente, aquellos anónimos que sostienen el carnaval año tras año (artesanos y compositores entre otros), pero también poniendo hincapié en el papel de la Casa del Carnaval, incluso reclamando "un monumento anónimo, sin caras conocidas pero a la vez, englobe el protagonismo que reclamo para gargantas que elevan sus voces para hacer cantar a toda una ciudad en un espectáculo único y sin igual".
Antes del cierre, Luis Rivero dijo con cierta "guasa" que "tranquilos, que no me voy a casar" (haciendo referencia al pregón de Manu Sánchez), para dar paso a la última petición: apeló a recuperar la mirada de la infancia como única forma de preservar la esencia del carnaval: una fiesta libre, auténtica y sincera, ya que "sólo desde ahí se puede resurgir, sin heridas abiertas y con la fuerza necesaria e imprescindible", un momento que emocionó al pregonero y que arrancó los aplausos del público.
Un pregón de ritmo rápido y ameno que terminó con el pasodoble de la comparsa juvenil Guirigay, volviendo el Gran Momo a su propia infancia, antes de proceder a la quema del Dios Momo, poniendo fin al Carnaval de Cádiz 2026, sino que dejó sobre la mesa un reto colectivo: reconstruirlo desde lo más puro, dejando atrás todo aquello que impide que la fiesta siga siendo lo que siempre fue.