Manu Sánchez abre el Olimpo gaditano en su pregón del Carnaval 2026
El pregonero escribe la epopeya de la fiesta entre coplas, crítica social y emoción ante una Plaza de San Antonio abarrotada
La plaza de San Antonio se transformó en la gran antesala del Carnaval de Cádiz 2026 con un lleno absoluto y una escenografía que recreaba un balcón inspirado en el del Ayuntamiento. El ambiente anunciaba una noche especial que finalmente comenzó a las 20:30, tras un ligero retraso, con unas simbólicas campanadas que situaban al público en “un Olimpo gaditano” con orquesta en directo.
El pregonero, Manu Sánchez, irrumpió en escena convertido en Hércules, dispuesto a completar doce trabajos cargados de simbolismo carnavalero. Desde ese planteamiento, el espectáculo avanzó como un relato cronológico en el que se entrelazaron humor, memoria, reivindicación y crítica política. Uno de los primeros guiños fue para los orígenes, con la evocación de la chirigota callejera Los fantasmas, una de las primeras agrupaciones que marcaron al pregonero, o Los Belloteros de Paco Alba.
El Olimpo del Carnaval tomó forma con un coro de voces (formado entre otros por Miguel Nández, Milián Oneta, Carli Brihuega, Pacoli, Ángel Subiela o Vicente Lázaro “Lali”) que, desde las azoteas, interpretó un popurrí de coplas históricas. En ese universo simbólico se reivindicó a figuras fundamentales como Paco Alba, Manolo Santander o el locutor Juan Manzorro, reforzando la idea de que “Cádiz no necesita Olimpo, el Olimpo sois ustedes”, como decía el pregonero. Aunque, de igual manera, "Cádiz no
El pregón avanzó con un formato dinámico en el que el romancero tuvo un papel destacado. A través de él, Hércules relató su origen mitológico y sus hazañas, como la separación de las columnas del Estrecho o su llegada al templo de Sancti Petri, despertando risas y complicidad entre el público. A partir de ahí, el espectáculo dio paso a distintas agrupaciones y estilos, con cuplés que abordaron temas de actualidad y crítica social. También el flamenco tuvo presencia, de la mano de María Terremoto que interpretó un cante por Alegrías, con Riki Rivera a la guitarra.
La emoción se intensificó con la aparición de la comparsa La Camorra y, especialmente, con la irrupción de El Selu, uno de los grandes nombres del Carnaval, que fue recibido con una ovación antes de interpretar un pasodoble que reflejaba su evolución personal, y con consejo que daba el pregonero, “Cuánto estorba un genio vivo y cuánto gusta un genio muerto”, como advertencia para cuidar a los genios maltratados por la fiesta.
Sin embargo, el pregón también reservó un espacio para la memoria más dura. En uno de los momentos más impactantes, se recordó la represión que silenció el Carnaval hace 90 años. Una versión oscura del “Vaporcito del Puerto” para hablar del buque Miraflores, el conocido como "Barco del terror", y que sirvió para homenajear a los represaliados y reivindicar la libertad como pilar fundamental de Cádiz y su fiesta.
El recorrido continuó con un homenaje a Andalucía y su historia, evocando la figura de Blas Infante y dando paso a la comparsa El Patriota, y con la aparición en escena de las hermanas de Manuel José García Caparrós (Loli, Paqui y Puri) y Pablo Cano, hijo de Carlos Cano, para completar uno de los momentos más emotivos, con la interpretación a capela por parte de Jesús Bienvenido del pasodoble de Las Ratas al malagueño asesinado en la manifestación del 4 de diciembre de 1978, reivindicando la identidad andaluza y la lucha social, un bloque que terminaba con una advertencia, “Cádiz, cuidado que con tanto acunarla, la van a dejar dormida”.
En el tramo final, el pregón alcanzó su punto más íntimo y sorprendente. Tras la intervención de Pastora Soler, que interpretó un pasodoble inédito de Juan Carlos Aragón, Manu Sánchez cerró su último “trabajo” con un gesto inesperado: una declaración de amor que trascendió lo artístico.
La pedida de mano a su pareja Lorena Sánchez, en plena Plaza de San Antonio y con la complicidad del alcalde Bruno García, puso el broche final a un pregón que combinó espectáculo, memoria y emoción, consolidándose como una auténtica epopeya del Carnaval de Cádiz.
Un pregón que, no obstante, tuvo como contrapunto la excesiva duración del mismo, llegando casi a las tres horas, que comenzó el Carnaval de Cádiz como una reivindicación de la lucha y la sociedad.