“No nos bajamos”, el pulso de dos soldadores contra las 'listas negras' desde una grúa en Navantia en San Fernando
La protesta puede dar un paso más hoy y podría tarsladarse a los actos que la candidata del PSOE a la Junta, María Jesús Montero, tiene en Cádiz
“No nos bajamos”. Con ese mensaje, los soldadores Manuel Balber y Jesús Galván afrontan otra jornada subidos a una grúa en Navantia San Fernando, donde mantienen una protesta de alto riesgo contra lo que denuncian como listas negras en el sector del metal en la Bahía de Cádiz.
Tras pasar su otra noche a la intemperie, durmiendo sobre metal y sin apenas abrigo, su mensaje es claro: no bajarán hasta obtener una solución que les permita volver a trabajar. La protesta podría dar este viernes un nuevo salto, coincidiendo con la presencia en Cádiz de la candidata del PSOE a la Junta de Andalucía, María Jesús Montero.
La situación, este veto, según vienen denunciando, se prolonga desde hace años. Ambos aseguran que llevan aproximadamente una década sin poder trabajar en la provincia de Cádiz, pese a su cualificación. Durante ese tiempo, han tenido que desplazarse a otras ciudades españolas e incluso al extranjero para encontrar empleo.
El origen del conflicto, según explican, se remonta a su implicación en reivindicaciones sindicales dentro del sector del metal, a la existencia de "listas negras" que excluyen a trabajadores según indican.
Su participación activa en movilizaciones para exigir el cumplimiento del convenio colectivo y mejores condiciones laborales habría derivado, sostienen, en un veto no oficial dentro de empresas del sector y sus subcontratas.
Tras meses de denuncia y varias semanas de concentración en el aparcamiento de Navantia San Fernando, esta semana dieron un paso más subiéndose a la grúa. Incluso la producción se paralizó el miércoles en solidaridad con ellos. Hoy, con la presencia de Montero en Cádiz, la protesta podría llevar a estos actos, dando un nuevo paso en su intensidad.
Años en la lista negra
El punto de inflexión se sitúa en agosto de 2020, cuando ambos trabajaban en una subcontrata vinculada a Navantia en Puerto Real. Tras impulsar movilizaciones para reclamar la redistribución de carga de trabajo hacia Cádiz, fueron despedidos.
Cabe destacar que posteriormente el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía reconoció que se trató de una represalia sindical, la resolución solo implicó una indemnización, sin readmisión.
Desde entonces, su situación no ha mejorado. Ante la falta de respuestas, han desarrollado durante el último año diversas acciones como son reuniones institucionales, campañas informativas, recogida de firmas y protestas pacíficas.
No obstante, aseguran que ninguna de estas iniciativas obtuvo resultados efectivos, lo que les llevó a optar por una medida más contundente.
La protesta ha tenido un impacto inmediato. Un piquete a primera hora logró paralizar la actividad en la factoría durante toda una jornada, poniendo en evidencia el respaldo de parte del colectivo de trabajadores.
Entre tanto, la empresa mantiene que no existen listas negras y defiende que los procesos de contratación se rigen por criterios objetivos.
Hablan los trabajadores desde la grúa en la que están atrincherados en Navantia
Ambos trabajadores, desde la grúa donde de encuentran han indicado que: "Hoy amanecemos en Avantia San Fernando y como veis han obligado a compañeros a entrar antes de que nuestros compañeros lleguen a los tornos para mantener una asamblea y que sean las trabajadoras y los trabajadores los que decidamos si entramos o no entramos o cualquier acción para llevar a cabo".
"Y si podéis ver, no lo han dejado pasar ni a los tornos. Es decir, no quieren que los trabajadores nos organicemos. Mandan a los antidisturbios y a nosotros nos gustaría que esos antidisturbios entraran aquí y le leyeran la cartilla a esta dirección que está dejando mucho que desear", añaden.
Balber y Galván denuncian que "nos han cortado la luz. Ayer no nos quisieron pasar alimentos y no llega a ser porque nuestra abogada y unos compañeros desbloquearon el bloqueo que nos tenían".
"Hoy nos necesitamos porque esto que estamos haciendo Manuel y yo aquí en la grúa es la lucha de todos y de todas, no solo de la clase trabajadora del metal, sino de todos los sectores. Así que, compañeros y compañeras, os necesitamos, nos necesitamos. A la lucha", señala Jesús Galván.
Además, añaden que "hemos contado esto para decir que por mucho que lo intenten, no nos van a mover de aquí. El pueblo unido jamás será vencido. Hoy estamos pidiendo una respuesta política a lo que está sucediendo, y no se puede pasar por aquí sin intentar solucionar este problema. Si no se acerca nadie, iremos nosotros a pedir explicaciones. Hacer sindicalismo no es delito. Las listas negras sí es delito".
En un segundo vídeo indican: "Esta es la lucha que aprendimos de nuestros padres. De compañeros que también dejaron la vida aquí para mantener esto vivo. Esto es una herramienta de lucha, la culebrina, para que los compañeros que todavía no han entendido el movimiento puedan comprenderlo mejor.
Seguimos taller por taller. Queremos explicar a quienes no son del sector que esta es una forma de organización colectiva. Gracias a la lucha y a la unión, los astilleros han mantenido su actividad. Ahora los compañeros se están movilizando para trasladar este mensaje a todos.
Hay gente organizándose para acudir a la sede del PSOE y pedir explicaciones. La solución, dicen, depende de responsables políticos concretos. Consideran incomprensible que, después de tantos años, no se haya dado una respuesta a una situación que califican de injusta".
Insisten en que no abandonarán la protesta y que permanecerán en la grúa el tiempo que sea necesario hasta que se produzca un cambio real. Su objetivo no es solo recuperar su empleo, ya va más allá y se trata de denunciar lo que consideran una práctica que afecta a más trabajadores.
El conflicto sigue abierto. La empresa mantiene su postura, las instituciones centran su atención en aspectos de seguridad y los trabajadores elevan la presión. La imagen de ambos soldadores resistiendo en altura se ha convertido ya en un símbolo de una reivindicación que trasciende su caso individual.