Entrada a la prisión de El Puerto II.

Nueva agresión en la prisión de Puerto II desata alarmas, los sindicatos denuncian falta de seguridad

Nueva agresión en Puerto II reabre el debate sobre la seguridad en las prisiones españolas

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La violencia en los centros penitenciarios vuelve a situarse en el foco y la lupa tras la agresión sufrida por un funcionario en la prisión de Puerto II, un episodio que los sindicatos consideran reflejo de un problema estructural que se arrastra desde hace años.

La agresión se produjo durante el traslado de un interno al Módulo 1 del centro penitenciario Puerto II. Según relatan fuentes sindicales, el recluso, de manera repentina y sorpresiva, atacó al funcionario con dos puñetazos que lo derribaron, provocándole lesiones faciales que requirieron atención en la enfermería del propio centro.

El incidente no fue un hecho aislado. El interno implicado se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico y ya había protagonizado conflictos en distintos módulos, lo que vuelve a poner sobre la mesa la dificultad de gestionar perfiles cada vez más complejos dentro del sistema penitenciario.

Los sindicatos Acaip y UGT han denunciado que este tipo de situaciones se repiten con creciente frecuencia y advierten de que los trabajadores afrontan escenarios de riesgo sin los medios adecuados.

La mezcla de internos con patologías mentales y la falta de personal especializado configura, según subrayan, un entorno especialmente delicado.

Falta de medios y un modelo desactualizado en Puerto II

Uno de los principales problemas señalados por las organizaciones sindicales es el déficit estructural en el ámbito sanitario penitenciario. Más del 70% de las plazas de médicos permanecen vacantes, una cifra que contrasta con el aumento de reclusos que requieren atención psiquiátrica o seguimiento clínico.

Esta carencia impacta directamente tanto en la calidad de vida de los internos como en la seguridad de los trabajadores.

Sin apoyo sanitario suficiente, los funcionarios deben intervenir en situaciones de crisis sin la preparación ni los recursos necesarios, lo que incrementa el riesgo de incidentes graves.

A ello se suma un modelo organizativo que, según denuncian, no se ha adaptado a la evolución del perfil de la población reclusa. Las actuales relaciones de puestos de trabajo responden a esquemas diseñados hace décadas, cuando la realidad penitenciaria era muy distinta.

Hoy, los centros albergan a internos con trayectorias más complejas, mayor diversidad de problemáticas y necesidades específicas que requieren un enfoque actualizado.

La formación en defensa personal también es objeto de crítica. Los sindicatos consideran que resulta insuficiente para afrontar intervenciones con internos violentos, especialmente cuando existen antecedentes de agresividad o trastornos mentales descompensados.

Reivindicaciones y exigencias tras la agresión en Puerto II

Tras lo ocurrido, las organizaciones sindicales han reiterado un conjunto de demandas que consideran urgentes. Entre ellas destaca el reconocimiento de los funcionarios de prisiones como agentes de la autoridad, una medida que, a su juicio, reforzaría la protección jurídica frente a las agresiones.

También reclaman una revisión profunda de la legislación penitenciaria, la ampliación de plantillas y la dotación de medios materiales adecuados. La cobertura de plazas médicas y el desarrollo de una formación específica en gestión de conflictos violentos son otras de las prioridades señaladas.

Por su parte, desde el sindicato CSIF se ha solicitado que el interno implicado sea clasificado en primer grado, el régimen más restrictivo, reservado para casos de especial peligrosidad o inadaptación. Consideran que esta medida debe aplicarse con rapidez para evitar nuevos episodios similares.

Además, critican lo que califican como una política excesivamente permisiva con internos conflictivos, que, en su opinión, favorece la repetición de agresiones. Insisten en que la seguridad no puede depender de factores aleatorios ni de la capacidad individual de los trabajadores para gestionar situaciones extremas.

El suceso ha vuelto a poner de manifiesto el desgaste de un colectivo que desempeña su labor en condiciones de alta presión. Los sindicatos coinciden en que cada agresión no solo afecta al trabajador implicado, sino que refleja un problema más amplio que requiere respuestas estructurales.

Mientras tanto, el funcionario herido se recupera de las lesiones, respaldado por sus compañeros, en un contexto en el que la preocupación por la seguridad en los centros penitenciarios continúa en aumento.

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