Varias personas pasan junto al escaparate de La Chula, en los Callejones de Cardoso de Cádiz, donde grandes mensajes manuscritos sobre el cristal anuncian la liquidación por cierre de la tienda.
El escaparate de La Chula anuncia su cierre con un contundente mensaje que llama la atención de quienes pasan por los Callejones de Cardoso. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Otra tienda que cierra en Cádiz y lo hace con un contundente mensaje en su escaparate

‘La Chula’ se despide tras dos años en los Callejones de Cardoso, una calle con mucha historia comercial que hoy está lejos de la actividad que tuvo

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"Con lo que eran los Callejones y mira...". Lo decía una mujer mayor mientras hablaba con un vecino a pocos metros de La Chula cuando salíamos del establecimiento para hacer este reportaje. La conversación no tenía que ver exactamente con la tienda y su cierre, pero la frase parecía escrita para la ocasión.

Los Callejones de Cardoso, una calle con una importante presencia comercial histórica en Cádiz y hoy muy venida a menos en este aspecto, vuelven a perder un negocio. Después de dos años, Rey Romero y Sara Morán han decidido echar el cierre a una tienda que comenzó con expectativas muy diferentes a las que finalmente han marcado su despedida.

Hay que acercarse al escaparate para entender también cómo han decidido anunciarlo. O quizá ni siquiera haga falta acercarse demasiado. En letras enormes puede leerse "Liquidación por cierre", acompañado de dos mensajes bastante menos convencionales: "Tener un negocio pequeño es un marrón que te cagas" y "Otro que se va al mismísimo carajo".

El cartel está consiguiendo precisamente lo que parece inevitable ante un mensaje así: que muchos viandantes reduzcan el paso o directamente se detengan a leerlo.

Dos años que comenzaron con buenas expectativas

La Chula abrió hace dos años como tienda de ropa, complementos y accesorios para fumadores. Su primera etapa invitaba al optimismo. El arranque fue suficientemente bueno como para que sus propietarios pensaran que la inversión inicial terminaría recuperándose.

Incluso decidieron avanzar con una idea propia: desarrollar líneas de ropa bajo el nombre de La Chula. La intención era ofrecer prendas diferentes y alejadas de una rotación constante de los mismos diseños.

"Nunca repetimos una colección. Si la compras solo la vas a llevar tú y te va a durar mucho tiempo", explica Romero. La actividad, sin embargo, fue bajando con el paso del tiempo, alejándose de las expectativas que había generado aquel buen comienzo.

Su propietario observa además un cambio en la forma de consumir ropa que choca con la filosofía que intentaban mantener en el establecimiento.

Romero contrapone ese modelo a la compra inmediata y barata que identifica con plataformas como Shein. Describe consumidores que compran una camisa para estrenarla un fin de semana sin demasiada preocupación por cuánto tiempo permanecerá después en el armario. Una forma de consumo frente a la que una pequeña tienda que apuesta por prendas diferentes y duraderas juega con otras reglas.

Eso no significa, insiste, que el barrio haya dado la espalda al negocio. "Nada que decir del barrio, que la mayoría de la clientela fija que tengo es del barrio", afirma. Su público ha sido además bastante transversal, desde gente joven hasta clientes de mediana edad.

Un cierre que no responde a un único motivo

La decisión tampoco llega después de un verano especialmente malo. Romero asegura que la temporada estival no ha ido mal. Es más bien la suma de circunstancias la que ha llevado a la pareja a considerar que ha llegado el momento de bajarse del proyecto.

Ambos tienen otras iniciativas profesionales relacionadas con el mundo de la comunicación. Mantener abierta una tienda exige horas, energía y una atención que termina restándose a esos proyectos. A ello se suma la propia rentabilidad del establecimiento, que ya no compensa esa dedicación.

"Hay que facturar mucho para poder sacar un sueldo", explica Romero, que considera importante señalarlo también como parte de la realidad que supone poner en marcha un pequeño negocio, especialmente para quienes puedan estar planteándose hacerlo.

Llegado el momento de prescindir de alguna de sus actividades, han optado por la tienda. Una decisión en la que también entra la vida familiar.

Romero y Morán tienen una hija de apenas un año, aunque el propietario introduce aquí un matiz importante. Durante este primer año, precisamente el hecho de tener su propio negocio y no depender de jefes les ha permitido organizar sus horarios y conciliar. Ahora, sin embargo, necesitan disponer de más tiempo para la familia y quieren concentrar también sus esfuerzos en los otros proyectos profesionales que mantienen.

Así que han optado por reorganizar prioridades. La Chula está actualmente en liquidación y tiene previsto abrir por última vez el 20 de octubre, salvo que para entonces ya no quede nada que vender.

Los Callejones que fueron y los que quedan

El cierre adquiere otra dimensión por el lugar en el que sucede. La tienda se encuentra en Callejones de Cardoso, prácticamente junto a la plaza Antonio Martín, la antigua plaza de la Cruz Verde.

La calle conserva una importante memoria comercial, aunque el número de establecimientos actuales está muy lejos del que llegó a tener. Por eso, la desaparición de un negocio no es únicamente una historia empresarial. También añade una nueva escena al cambio que ha experimentado este rincón de Cádiz.

Quizá por eso esa conversación escuchada justo al salir de La Chula parecía resumir involuntariamente la historia. "Con lo que eran los Callejones y mira...", lamentaba una mujer ante un vecino. No estaba hablando del cierre de esta tienda. Pero bastaba mirar alrededor para entender la frase.