Polémica en el Campus de Puerto Real con la denuncia del personal de limpieza de trato injusto y falta de respeto
Las limpiadoras del Campus de Puerto Real denuncian un trato “injusto” y exigen respeto institucional
La plantilla del servicio de limpieza del Campus de Puerto Real ha alzado la voz ante lo que considera un cambio preocupante en la forma en que se gestiona y percibe su trabajo dentro de la universidad.
El detonante ha sido una comunicación interna que, según el colectivo, cuestiona indirectamente su labor diaria y contribuye a generar desconfianza hacia su desempeño.
El origen del conflicto se sitúa en un correo electrónico remitido por la Administración del campus, en el que se insta a que cualquier incidencia relacionada con la limpieza sea canalizada a través de la comunidad educativa y del alumnado.
Si bien la medida podría interpretarse como una vía para mejorar la gestión de incidencias, las trabajadoras consideran que el mensaje encierra un trasfondo más preocupante.
Desde su perspectiva, esta decisión no solo desplaza los canales habituales de comunicación, sino que también introduce una dinámica que pone en duda su profesionalidad.
El hecho de que sean estudiantes y otros miembros de la comunidad quienes reporten incidencias genera, según denuncian, un sistema de vigilancia indirecta que las sitúa bajo sospecha constante.
El malestar aumenta al considerar que este tipo de medidas no se acompaña de un reconocimiento explícito de su trabajo.
Por el contrario, entienden que se transmite una imagen que resta valor a su labor, invisibilizando el esfuerzo diario que realizan para mantener en condiciones óptimas las instalaciones universitarias.
Un trabajo esencial de las limpiadoras, pero poco reconocido
Las trabajadoras insisten en que su función es clave para el funcionamiento del campus. La limpieza de aulas, despachos, zonas comunes y espacios administrativos no solo garantiza la higiene, sino también el bienestar de estudiantes, docentes y personal administrativo.
En este sentido, recuerdan que su trabajo tiene una dimensión que va más allá de lo meramente operativo.
Se trata de una actividad vinculada directamente con la salud pública, especialmente relevante en contextos donde la limpieza y la desinfección adquieren una importancia crucial.
Sin embargo, denuncian que históricamente se trata de un colectivo precarizado y altamente feminizado, lo que contribuye a que su labor sea infravalorada.
A pesar de sostener buena parte del funcionamiento cotidiano de la universidad, aseguran que continúan siendo consideradas un elemento secundario dentro de la estructura institucional.
Esta percepción se ve agravada, según explican, cuando desde instancias directivas no se promueve una cultura de reconocimiento y respeto hacia su trabajo.
La reciente comunicación, en lugar de reforzar su papel, ha sido interpretada como un paso más en esa línea de desconsideración.
Exigen un cambio en la gestión y el trato
Ante esta situación, el colectivo reclama un cambio urgente en el enfoque de la gestión del servicio de limpieza. Consideran que las decisiones organizativas deben construirse desde el diálogo y la participación, y no desde medidas que, aunque puedan parecer técnicas, tienen un impacto directo en la dignidad profesional.
Destacan la importancia de que la Administración adopte una actitud basada en el respeto institucional. Esto implica no solo escuchar sus demandas, sino también reconocer de manera clara y pública el valor de su trabajo dentro del campus.
Las trabajadoras también alertan sobre las consecuencias de mantener este tipo de dinámicas. A su juicio, fomentar la desconfianza no solo afecta a su colectivo, sino que deteriora el clima general de la comunidad universitaria.
Un entorno basado en la sospecha, señalan, dificulta la convivencia y debilita los principios de colaboración que deberían regir en un espacio académico.
Por ello, insisten en que dignificar el trabajo de limpieza no es una cuestión menor ni secundaria. Se trata de un asunto que afecta a la calidad del servicio público, al respeto laboral y al reconocimiento de quienes hacen posible el funcionamiento diario de la universidad.
El colectivo concluye reclamando una rectificación en la línea adoptada y una apuesta decidida por modelos de gestión más inclusivos, transparentes y respetuosos con todas las personas que forman parte del campus.