Lluvia en Cádiz durante uno de las borrascas que ha pasado en por Cádiz en este inicio de 2026. Foto: Eulogio García.

Por qué no para de llover en Cádiz: el tren de borrascas que ha provocado desalojos y ha colapsado ríos y embalses

La sucesión anómala de temporales atlánticos, con un índice NAO negativa y un Atlántico más cálido, explica la intensidad y persistencia de las lluvias de las últimas semanas

·

La provincia de Cádiz atraviesa uno de los episodios de lluvias más intensos y persistentes que se recuerdan. Hasta siete borrascas de alto impacto han entrado en la Península por el Golfo de Cádiz en lo que va de año 2026.

Pero es que lejos de tratarse de un fenómeno puntual, la sucesión de borrascas que han cruzado el Golfo de Cádiz en las últimas semanas responde a un patrón atmosférico muy concreto que está teniendo consecuencias directas sobre ríos, embalses, acuíferos y el propio subsuelo.

Según explica Javier Benavente González, decano de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la Universidad de Cádiz (UCA), el origen de esta situación está en la persistencia de una fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO).

Cuando la NAO es negativa, el anticiclón de las Azores pierde fuerza y las borrascas atlánticas no se desvían hacia el norte de Europa, sino que entran de lleno por el Golfo de Cádiz.

A este patrón se suma un Atlántico más cálido, tanto en superficie como en capas bajas de la atmósfera. Esto incrementa la evaporación y hace que las borrascas lleguen más cargadas de humedad.

El resultado son lluvias más intensas, más persistentes y concentradas en zonas de sierra, donde el relieve actúa como barrera y multiplica los acumulados.

El encadenamiento de temporales ha llevado al sistema hidrológico de la provincia a una situación de saturación extrema. Los acuíferos están prácticamente llenos, los embalses rozan el cien por cien de su capacidad y el suelo ha perdido la capacidad de infiltrar agua. En estas condiciones, todo lo que llueve acaba directamente en arroyos y ríos.

De hecho, muchas presas llevan días desembalsando de forma continuada sin que los niveles bajen de manera apreciable. “Están abiertas desde hace más de una semana y aun así no descienden del 98 por ciento. Eso es lo realmente grave”, señala Benavente, que recuerda que sin estos desembalses el desbordamiento de ríos como el Guadalete habría sido inevitable.

Esta situación de colapso ha obligado ya a tomar medidas excepcionales. El caso más significativo ha sido el desalojo preventivo de toda la localidad de Grazalema ante el riesgo de derrumbes y movimientos del terreno, después de registrar las precipitaciones más altas de su historia reciente.

Y es que, además de las inundaciones visibles, comienza a manifestarse otro fenómeno menos conocido pero estrechamente ligado a este escenario: el hidrosismo. Se trata de pequeños movimientos sísmicos provocados no por fallas tectónicas activas, sino por cambios bruscos en la presión del agua en el subsuelo.

Cuando el terreno y la roca se saturan hasta el límite, el agua se infiltra en fracturas preexistentes, reduce la fricción entre bloques y puede desencadenar pequeños desplazamientos. No genera grandes terremotos, pero sí temblores perceptibles y, sobre todo, aumenta el riesgo de corrimientos, desprendimientos y colapsos en zonas sensibles.

En este contexto, el riesgo ya no depende únicamente de la intensidad de una nueva borrasca, sino del momento en el que llega. Con el sistema completamente saturado, cualquier episodio adicional de lluvia, aunque no sea extremo por sí solo, puede tener consecuencias importantes.

La previsión a medio plazo apunta a que la NAO podría tender a valores positivos a finales de la próxima semana, lo que favorecería una estabilización progresiva del tiempo. Hasta entonces, la clave está en entender que el peligro actual no está solo en lo que vaya a llover, sino en todo lo que ya ha llovido.

Ver más de Cádiz