“¿Qué hago ahora?”: seis meses de espera, la solución que el Ayuntamiento de Cádiz da a Noelia

No puede empadronarse, no accede a ayudas y sigue sin vivienda: su situación empeora tras la respuesta recibida

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El grito de Noelia Fraga López ya no es solo una denuncia, es una súplica directa. Un día después de plantarse ante el Ayuntamiento de Cádiz y conseguir ser atendida por la concejala de Vivienda, Ana Sanjuán, su situación ha dado un giro aún más duro: la única salida que le plantean pasa por esperar seis meses.

Sin padrón, sin acceso a ayudas y sin vivienda, resume su situación con una pregunta que lo atraviesa todo: “¿Qué hago ahora?”. La solución pasaba por el empadronamiento. Era el primer paso para acceder a recursos básicos, a una trabajadora social y a posibles ayudas. Así se lo trasladaron tras su protesta.

Tras contactar con una trabajadora social de Procasa, la respuesta ha sido clara: no puede empadronarse hasta que lleve al menos seis meses registrada allí. Un requisito que la deja completamente fuera del sistema.

Sin padrón no hay acceso a servicios sociales. Sin servicios sociales no hay ayudas. Y sin ayudas, no hay posibilidad real de acceder a una vivienda. “Ya no tengo ni dónde empadronarme yo ni mi hijo”, explica.

Una lista que no ofrece salida

Mientras tanto, su situación dentro del registro de demandantes de vivienda tampoco le da una solución inmediata. Actualmente se encuentra en el puesto 112, con 19 puntos. Una posición que incluso podría empeorar en breve. Su hijo menor cumplirá 18 años en pocas semanas, lo que podría hacerla perder puntuación y descender aún más en la lista.

“Me dicen que tengo buena puntuación, pero sigo igual. Y ahora puedo ir hacia atrás”, lamenta.

Su día a día sigue marcado por la inestabilidad. Sin vivienda propia, depende de estancias puntuales en casas de familiares, una situación que no puede sostenerse en el tiempo. A sus 43 años, insiste en que no quiere vivir de favor. Quiere pagar su alquiler, tener su espacio y recuperar una rutina básica junto a su hijo.

Pero el sistema tampoco le abre la puerta por otra vía: el mercado. Percibe una prestación de 1.172 euros, pero no se considera una nómina válida. Sin avalista ni garantías, nadie le alquila una vivienda.

“He llamado a muchos pisos. No tengo fiador, no tengo nada. Nadie me la alquila, porque no se fían del Ayunamiento”, resume.

Mientras tanto, su estado emocional se deteriora. Lleva años en tratamiento por ansiedad y depresión, con medicación, y reconoce que la situación la está superando. “Me dicen que vaya a salud mental, pero lo que necesito es una vivienda”, insiste.

De la visibilidad a la desesperación

El contraste vuelve a ser evidente. Tras un año sin respuesta, bastó con exponerse públicamente para ser atendida en cuestión de horas. Sin embargo, esa atención no se ha traducido en una solución real.

La única respuesta concreta que ha recibido es esperar. Seis meses. “¿Qué hago ahora? ¿Dónde duermo?”, se pregunta. Su testimonio deja una imagen clara: la de una persona que ha seguido los pasos, que ha pedido ayuda y que, aun así, se encuentra fuera de todo.

En su mensaje hay una petición constante y sencilla: una vivienda. No pide dinero, ni ayudas extraordinarias. Pide estabilidad. “Yo no quiero nada gratis. Quiero pagar mi luz, mi agua, mi casa. Quiero estar con mi hijo”, explica.

Incluso lanza un llamamiento directo: si alguien puede ofrecerle un alquiler asequible, está dispuesta a asumirlo. Porque, ahora mismo, su realidad es esa: no tiene casa, no tiene padrón y no tiene una solución inmediata.

Y lo único que le queda, como ella misma repite, es su voz.