¿Se le ha ido de las manos al Ayuntamiento de Cadiz las ventas por sorpresa de las entradas del COAC 2026?
La lucha contra la nueva reventa y la apuesta por la venta presencial han derivado en anuncios casis a deshora, fases agotadas antes de oír una copla y un modelo que empieza a generar dudas entre la afición
La estrategia del Ayuntamiento de Cádiz para la venta de entradas del COAC 2026 parte de una premisa ampliamente compartida: frenar las nuevas formas de reventa y favorecer el acceso del público gaditano.
Tras los problemas registrados en 2024 con la venta online y los fallos en plataformas digitales como Bacantix, desde el año pasado la apuesta por la venta presencial se entendió como una reacción lógica, incluso necesaria.
Sin embargo, este año parece que el Ayuntamiento se han pasado un poco en su estrategia contra esa nueva reventa. La sucesión de anuncios por sorpresa, la acumulación de ventas en apenas dos días y el contexto económico y social en el que se han producido dejan una sensación incómoda: quizá se ha cruzado el punto de equilibrio y se ha tensado en exceso.
La reventa ahora no es la de toda la vida (ya es imposible) ni la compra masiva por internet. En los últimos años han surgido prácticas más difíciles de detectar: personas que cobran por hacer cola, compradores que adquieren la segunda entrada a nombre de terceros, grupos organizados que vigilan posibles puntos de venta durante la noche o el eterno rumor (nunca confirmado) de filtraciones sobre fechas y horas de salida.
Frente a esa realidad, la venta presencial con límites estrictos parece una respuesta razonable. El problema es que, los avisos cada vez más imprevisibles, generan nuevos problemas y no siempre beneficia a quien se pretende proteger.
Avisos tempranos y fines de semana: ¿para quién juega la sorpresa?
Las ventas de cuartos y semifinales se anunciaron antes de las 7:30 de la mañana, en sábado y domingo consecutivos, justo después de Reyes. Sobre el papel, vender dos días seguidos de un mismo fin de semana facilita que personas de Cádiz puedan colocarse en los primeros puestos de la cola y aguantarla.
En la práctica, muchos gente en la ciudad no estaba pendientes del móvil a esas horas: jornadas no laborables, noches largas y una ciudad que despierta más tarde tras una Pestiñada. El resultado fue que parte de quienes ocuparon los primeros lugares de la fila no respondían al perfil habitual del aficionado local, algo comentado durante la propia jornada.
Otro elemento importante es el momento elegido. Las entradas de cuartos y semifinales se pusieron a la venta antes de que se escuchara una sola copla de esta edición. Es decir, el público compró sin referencias artísticas, sin saber qué repertorios funcionan ni qué agrupaciones destacan. Siempre hay pocas, este año, ninguna.
En fases avanzadas y con precios elevados, esta circunstancia convierte la compra en una apuesta pura: ver qué pasa, qué se escucha y quién llega. Algo habitual en el COAC, sí, pero no cuando el acceso se concentra en tan poco tiempo.
El bolsillo y el calendario
Aunque los precios no son elevados para el espectáculo que se ofrece, sí lo son en términos absolutos y, sobre todo, por el momento elegido. Justo después de Reyes y en dos días consecutivos. Lo de la cuesta de enero ya no se lleva.
En el escenario más bajo, una persona que agotara el máximo permitido habría desembolsado al menos 120 euros entre cuartos y semifinales. En el más alto, hasta 240 euros, sin contar desplazamientos ni otras fases. Muchas personas ahorran para el COAC, pero la pregunta es inevitable: ¿puede asumir el público gaditano medio este gasto inmediato y concentrado?
No todo es negativo. La filosofía parece acertada. Y en la ejecución también hay grandes aciertos. Cuando las colas ya estaban formadas, la taquilla abrió antes de la hora anunciada, reduciendo el tiempo de espera en la calle, algo que ya ocurrió en preliminares.
También se ha comprobado que el sistema funciona operativamente: en cuartos, por la tarde apenas había colas y muchas personas compraron a última hora; en semifinales, en cambio, a mediodía la fila llegaba hasta ela puerta del Teatro Romano por el Campo del Sur.
Además, los datos son claros: las entradas de cuartos pasaron a internet tras finalizar la cola y se agotaron a medianoche; las de semifinales se agotaron en taquilla alrededor de las 15:30. El interés es incuestionable.
Una buena idea llevada al límite
La sensación final es doble. La idea de fondo es buena. La batalla contra la nueva reventa es necesaria. Potenciar la venta física tiene sentido y, tras los problemas de 2024, el Ayuntamiento ha hecho de la necesidad, virtud. Si hay problemas con la venta en internet, se minimiza y premiamos a la afición local.
Pero la acumulación de anuncios sorpresa, la venta de fases clave antes de escuchar una copla y el endurecimiento progresivo del modelo empiezan a transmitir más la idea de “salir del paso” que de planificación a medio plazo.
Cuartos y semifinales estaban agotados antes de que el concurso comenzara realmente, y eso, aunque habla del tirón del COAC, también plantea si no se ha cruzado ya ese punto de ni tanto ni tan calvo.
Quizá el verdadero reto ya no sea decidir entre taquilla o internet, sino construir un sistema estable y asumible que no convierta comprar entradas para cada fase del COAC en una carrera contrarreloj. Porque proteger a la afición de Cádiz no debería depender solo de quién duerme menos, se levanta antes o puede gastar más en menos tiempo.