Un Cádiz CF sin constantes vitales sigue su descenso a los infiernos
El equipo amarillo vuelve a caer, encaja pronto y confirma una deriva sin reacción ni en el campo ni en la grada. Y se puede quedar a un punto del descenso
El Cádiz CF es un equipo muerto. No por una cuestión matemática, todavía. Sí por lo que transmite. La derrota ante el Córdoba (1-3) volvió a dejar una imagen devastadora de un grupo sin alma, sin claridad y sin capacidad de reacción.
Un equipo que ya no compite, por mucho que diga su entrenador Sergio González que ha competido mejor. Un equipo que ya no intimida y que ni siquiera encuentra fuerzas para rebelarse contra su propia caída. Un hilillo de esperanza le hace meterse en muchos partidos, pero siempre tarde y el rival lo anula.
Porque lo más inquietante ya no es la derrota. Es la sensación de que todo se va apagando sin remedio. De que si el Cádiz se salva será porque cuatro equipos logren menos puntos al final del año. No que cuatro equipos sean peores, porque seguro que no hay cuatro equipos peores que este Cádiz que están dando tumbos por la segunda división en lo que va de 2026.
Si el Zaragoza derrota al Mirandés en el choque que cierra la jornada, los amarillos se quedaran a un punto del descenso y con unas sensaciones que no pueden ser peores.Este equipo sigue su descenso a los infiernos de la Primera RFEF, el nombre actual de la infausta Segunda B. Del hoyo cadista. Ya lo cantó Tomasito:
Y en medio de todo eso, el Cádiz volvió a ser fiel a sí mismo. Volvió a resucitar a su rival. Esta vez a un Córdoba que llevaba una racha desastrosa de doce partidos sin ganar y que encontró en el Nuevo Mirandilla (el JP Financial Estadio) el escenario perfecto para levantarse en pleno fin de semana de Resurrección del mundo católico. Como si fuera nuevo eso de resucitar rivales para un equipo que lleva media temporada entregado a una generosidad absurda con cualquiera que llegue herido.
Sergio González volvió a agitar el tablero con un nuevo sistema, el tercero distinto de inicio en los últimos tres partidos. Otro intento por encontrar soluciones que no aparecen. Como en la última etapa de Garitano: cambios constantes de sistemas y de hombres. La mejor señal de que demasiadas cosas no funcionan.
Tres dibujos tácticos para empezar los tres últimos partidos. Más los habituales movimientos durante el choque. Futbolistas que juegan en dos o tres posiciones distintas cada partido. Ante el Córdoba, otra vez, más cambios de los esperados en el once.

Y el partido empezó como empiezan casi todos últimamente: con otro golpe tempranero. El Córdoba salió con más intención, más posesión y más presencia en campo rival. Y en una acción sin aparente peligro en la frontal, Moussa Diakité, que regresaba al once, golpeó por detrás el pie del ex cadista Sergi Guardiola.
El árbitro tardó solo ocho segundos en señalar el penalti, pero el castigo terminó llegando. Y con él, la sensación de siempre: que el plan de partido del Cádiz volvía a durar un suspiro.
El 0-1 no cambió nada. Solo confirmó lo que ya se estaba viendo. El Cádiz no reaccionó. Apenas dejó un disparo cruzado de Roger tras una buena maniobra en el área. Mientras tanto, el Córdoba, sin necesidad de hacer nada extraordinario, dispuso de varias ocasiones claras para ampliar su renta, incluida una que salvó Víctor Aznar con una buena intervención.
Tras el descanso, nada cambió. Ni el escenario ni el ánimo ni la respuesta del equipo. El Cádiz seguía sin encontrar juego, ni ritmo, ni mecanismos para levantar el partido. Y cuando Sergio preparaba cambios, llegó el segundo golpe. Una gran acción individual de Adrián Fuentes, con caño incluido a Kovacevic, acabó en el 0-2. Ahí el partido sonó a sentencia. Más aún en un Cádiz que no remonta desde que estaba en Primera y que tampoco encuentra fuerzas ya ni para empatar partidos que se le ponen cuesta arriba.
Poco después, Climent vio la roja en una acción tan temeraria como aparentemente innecesaria. Un balón elevado sin motivo y una patada voladonerra a lo Oliver Atom (aquel mítico delantero de los dibuos animados Campeones) en momento que exigía aguantar los nervios. Con uno menos y dos goles abajo, el partido parecía definitivamente acabado.
Y, sin embargo, todavía el Cádiz tuvo un pequeño hilo de vida. Una recuperación de Jero Dómina acabó en los pies de Brian, que dejó un taconazo sensacional para Sergio Arribas. El lateral, seguramente el mejor del Cádiz por actitud, ganas y prestaciones, vio que no le ganaba la carrera al defensor y se sacó un disparo que, sin seguro el mejor tiro de su carrera, terminó en la escuadra. El 1-2 abrió una rendija para la fe.
Diarra tuvo el empate poco después, tras una mala salida de Iker Álvarez en una acción a balón parado. Moussa la rescató y la puso al segundo palo, donde su compatriota llegó con todo, pero su remate de cabeza se fue alto cuando medio estadio ya cantaba el gol y Jero Dómina ya iniciaba el gesto del remate. Fue la ocasión. Era el momento. Pero tampoco entró.
Con el paso de los minutos, el Cádiz fue cambiando nombres y posiciones hasta dibujar un equipo muy distinto al del inicio, ya sin orden claro y con la urgencia por delante de cualquier plan:

En el 88, el árbitro pareció no atreverse con una segunda expulsión del Cádiz, que parecía clara después de una patada (o intento al menos) de Brian a un rival con el juego detenido (llegó a sacar la cartulina del bolsillo de sus calzonas). Y de esa acción nació el golpe final. El cierre del choque.
Con todos los hombres arriba y solo Iza guardando la frontal, el saque del uruguayo salió blando, a media altura, y el Córdoba lanzó una contra vertiginosa que los amarillos no supieron cortar en falta y acabó en el 1-3 de Isma Ruiz. Aznar todavía estuvo cerca de evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Minutos después, incluso pudo llegar otro de la misma forma.
Las estadísticas del partido retratan con bastante crudeza lo que volvió a pasar sobre el césped. El Córdoba fue mejor en casi todo, y el Cádiz solo encontró una mínima ventaja duelos ganados. Otra vez más remates rivales, más control del juego ajeno y más sensación de que el equipo vive (o trata de sobrevivir) a merced del contexto, no de su propio fútbol.

Pero el problema ya no es solo futbolístico. Lo que chirría de verdad es que tampoco desde el banquillo aparece una respuesta clara. El tercer sistema diferente de inicio en los últimos partidos parece mostrar a un entrenador que no da con la tecla, buscando algo que no encuentra y repitiendo la misma sensación que ya dejó Garitano en sus últimso partidos: la de no saber por dónde cortar la sangría.
Y, aun así, lo más duro seguramente estuvo alrededor. El público apoyó al equipo durante casi todo el encuentro. Apenas hubo algunos gritos de “menos discoteca y más cojones” al filo del descanso y al final del choque. Poco más. No hubo gran bronca. No hubo un estallido visible. La grada acompañó, pero ya hasta la rabia parece agotada. Y eso, seguramente, da todavía más miedo que los pitos.
Porque este Cádiz ya ni siquiera provoca esa reacción instintiva del cadismo cuando se siente traicionado por el juego o por la actitud. El Nuevo Mirandilla se fue cabizbajo. Sin respuesta. Sin derecho siquiera al pataleo. Como si todos empezaran a asumir que esto va camino de donde parecía impensable hace solo unos meses.
Quedan jornadas y las matemáticas siguen diciendo que hay margen. Pero el fútbol hace tiempo que dice otra cosa. Porque ahora mismo el Cádiz no parece un equipo en disposición de salvarse. Parece un equipo entregado a la espera de que haya cuatro con menos puntos, no cuatro peores, porque seguramente no los hay.
En pleno Sábado Santo, este Cádiz no espera ninguna resurrección. Más bien al contrario. Porque es un equipo muerto. Y mientras pasan las jornadas, sigue avanzando, sin freno y sin respuesta, hacia un destino que cada vez parece menos amenaza y más certeza.
Y mientras tanto, en el club siguen a lo suyo. Mensajes institucionales, discursos de unidad aunque se lanzan dardos contra quien protesta y una desconexión cada vez mayor entre lo que pasa en el césped y lo que se transmite desde arriba. Y vendiendo éxitos más que discutibles y poco necesarios en estos momentos para la entidad.
El equipo se juega la vida y el club sigue pendiente de otros escaparates, de otros titulares y de otras medallas, filtrado que su Nomadar duplica ingresos en este primer trimestre del año (como si fuera difícil eso tras dos años de pérdidas). Y lo deslizan en medios cercanos a su vicepresidente, Rafael Contreras, el día del partido más importante de los últimos años. Se la suda, con perdón.