De la Rosa lamenta la clarísima ocasión que falló con 0-0 mientras Ontiveros lo consuela. Foto: Cádiz CF.
De la Rosa lamenta la clarísima ocasión que falló con 0-0 mientras Ontiveros lo consuela. Foto: Cádiz CF.

Un penoso segundo tiempo del Cádiz CF ante la Real Sociedad B deja a Garitano contra las cuerdas

La derrota 0-2 ante el filial ‘txuri urdin’ confirma la caída libre amarilla: un punto de 18 posibles, siete partidos sin ganar y una grada que estalla contra técnico, jugadores y directiva

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Pues puede haber sido el último encuentro de Gaizka Garitano como entrenador del Cádiz CF. El 0-2 ante la Real B y la pésima imagen del equipo no dejan otro camino. En otro club con un presidente con menos paciencia con los técnicos como lo es Manuel Vizcaino o que no tuviera tan justos sus recursos económicos seguramente lo sería. Cinco derrotas y un empate en los seis partidos de la segunda vuelta son demasiada loza en el mundo del fútbol.

Es cierto que del error de De la Rosa solo en el área tras dos grandes regates para mandarla alta cuando tenía todo para marcar no tiene culpa Garitano, pero el equipo se le ha caído y no es capaz de levantarlo. Y van seis partido (un punto de 18 posibles) de caída libre y el equipo está por primera vez en la campaña en la segunda mitad de la tabla.

Pero lo de la Real B no ha sido otra derrota. ha sido la confirmación de un equipo que se ha caído, que se ha roto, que no encuentra respuestas y que transmite una preocupante sensación de impotencia. La Real Sociedad B fue muy superior durante una hora de juego y terminó llevándose un 0-2 justo, incluso corto.

El crédito del técnico se evapora. Siete partidos sin ganar, tres sistemas distintos en apenas dos encuentros y una grada que ajustició deportivamente a Gaizka Garitano pidiendo su dimisión. Pero no no todos los gritos fueron solo para él. También hubo gritos contra el presidente, Manuel Vizcaíno ("Vete pa Sevilla”) contra los jugadores (“Esa camiseta no la merecéis”, “Saca al Cádiz B”) o contra la Dirección Deportiva (“Saca al Sanluqueño” en alusión a la desmantelación del filial para reforzar al equipo de Sanlúcar).

El equipo no solo pierde. Se descompone. Y la grada ya no aguanta más.

Un once para buscar certezas

Antes del balón en juego, ya había decisiones que marcaban el choque. Garitano apostó de inicio por el 4-4-2, buscando equilibrio tras los vaivenes recientes. COn algunos cambios que parecñían obedecer a loq eu anuncio de jugadores que había sufrido fiebre y regresos difícilmente explicables.

Un penoso segundo tiempo del Cádiz CF ante la Real Sociedad B deja a Garitano contra las cuerdas

Y es que lo de Brian Ocampo es un desesperante y desquiciante Deja vu constante: él a su partido, sin leer lo que pide el juego, haciendo a los compañeros hacer esfuerzos que no aprovechaba y perdiendo constantes balones y oportunidades. Frustante para la grada y para el que tiene jugando al lado. Un quemasangre de libro, que se dice por Cádiz.

El choque comenzó con el guion previsto: posesión visitante y control local sin balón. Y durante muchos minutos, el plan funcionó. El Cádiz no dominaba desde la pelota, pero sí desde el orden. Supo cerrar líneas, juntar bloques y minimizar riesgos. Al menos, recuperó esas sensaciones, aunque se esfumaron a la media hora, al primer golpe rival.

A los dos minutos llegó una acción que marca lo que es el arbitraje moderno. Roger cargó al guardameta visitante en el área pequeña. El colegiado señaló fuera de juego en una decisión incomprensible. Tras cinco minutos de revisión, el VAR —con el viejo “amigo” del cadismo Carlos Del Cerro Grande en la sala— corrigió la decisión y se pitó la falta clara sobre el meta. Bien en esa acción. También en otra similar minutos después. Nada que objetar al viejo conocido.

Jorge More disfrutó de una buena ocasión en el minuto 20 en la, probablemente, única vez que Brian Ocampo hizo lo que pedía la jugafda y centro más o menos rápido. Fraga le negó el tanto al cadista en el 2. Roger también tuvo el 1-0 en un cabezazo tras saque de esquina que un defensor salvó en la línea junto al poste en el 32.

La Real Sociedad B respondió en el 36 con la más clara del primer acto: internada de Ochieng, pase atrás y disparo de Carbonell a la cruceta. A partir de ahí, el Cádiz perdió control. Sin sufrir un asedio, sí comenzó a verse superado en ritmo y movilidad.

En los últimos minutos del primer tiempo, apenas una cabalgada de Antoñito Cordero por la derecha, culminada con un centro al que Roger (otra vez) no llegó a rematar cuando incluso parecía poder el control con el pecho. El descanso reflejaba igualdad en el marcador, pero ya no en sensaciones.

Desastre cadista

El segundo tiempo fue directamente un desastre cadista.

Garitano retiró lógicamente a Ocampo en el descanso e introdujo a De la Rosa. Sin embargo, movió piezas que parecían asentadas. Cambió de banda a Cordero —más entonado desde que llegó al Cádiz en la derecha— para ubicar a De la Rosa en ese perfil. Minutos después, cambió a De la Rosa de banda (¿por qué no lo puso en la izquierda desde el principio?) y modificó el dibujo: Suso por Cordero y Ontiveros por García Pascual.

Recuperaba así el 4-2-3-1 de inicio de temporada, el tercer sistema táctico utilizado en los últimos dos partidos. Prueba evidente de que el técnico no encuentra la fórmula. Eso sí, al menos lo intenta. El problema es que ni el sistema ni los nombres funcionaron. Ni Suso ni Ontiveros están siendo diferenciales. Tampoco acertó el técnico. Y el equipo perdió aún más estructura.

Roger fue sustituido a los siete minutos de la reanudación por Dawda, decisión que provocó algún pito en la grada hacia el jugador. Curioso, Garitano le había ahorrado a Ocampo la bronca al dejarlo en el vestuario en el descaso, pero Roger se llevó algún pito que no era suyo seguro.

El Cádiz ya hacía aguas. La Real Sociedad B movía mejor el balón, llegaba con más claridad y Ansotegi le ganó la partida desde el banquillo. Antes del gol ya había avisado en un par de ocasiones.

Pese a todo los amarillos tuvieron la suya. En el 68, De la Rosa, tras dos grandes regates entrando por la izquierda, se plantó solo en el área. La mandó alta cuando lo tenía todo para marcar. En rugby hubiera sido un drop de esos que valen tres puntos al anotar entre palos, en fútbol mandó al limbo (casi literalmente) una ocasión clarísima.

El 0-1 llegó en el 71. Contra visitante, Ochieng le ganó la espalda a Caicedo (sin ayudas defensivas en su banda desde la entrada de Suso), recortó con calidad y batió por bajo a Aznar. Era justo.

El equipo cadista quedó KO. Sin reacción, sin fútbol y ya sin el orgullo competitivo que tantas veces le habñía valido esta campaña. Ya no está. La Real pudo sentenciar antes, incluso con una jugada de salón en la que se adornó en exceso dada su superioridad. El segundo tanto, obra de Astiazaran en el 90, solo confirmó lo inevitable.

Los números que engañan

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Las estadísticas finales no dejan margen al error. La Real B terminó con más posesión (56%), más tiros (17 por 14) y más disparos a puerta (10 por 2); además de los dos postes. Los amarillos solo tuvieron mejors números en los duelos (60 a 46) y y los córners (8 a 3).

Los números, esta vez, reflejan la sensación real del partido. La Real Sociedad B fue más clara, más ordenada y más madura en los momentos decisivos. Y vio que podía ganar el choque y fue a por él.

El dato más revelador es el emocional: un equipo que dispara 10 veces a puerta y se va sin marcar evidencia un problema de pegada, confianza y claridad.

El dibujo final y la falta de rumbo

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El Cádiz terminó el partido con un 4-2-3-1 que ya fue abandonado en su día por ineficaz, tras haber iniciado con un 4-4-2 y haber variado estructuras en Burgos. Tres sistemas en dos partidos. El equipo no encuentra estabilidad. Ni futbolística ni emocional.

Garitano no da con la tecla. El equipo se le ha caído. Las lesiones, las salidas del mercado invernal y las pocas incorporaciones han mermado el fondo de armario, pero la imagen va más allá de las circunstancias. Siete partidos sin ganar. Un punto de 18 posibles. La grada ha hablado.

Y el Cádiz, hoy por hoy, es un equipo que se ha desmoronado.

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