Óscar Vinaza acampado a las puertas de su domicilio en alquier.

Un propietario de Puerto Real acampa ante su casa tras 18 meses sin cobrar el alquiler: “No puedo más”

Óscar Vinaza asegura que sigue pagando luz, agua y comunidad mientras espera una resolución judicial que no llega

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Óscar Vinaza, vecino de Puerto Real, lleva varios días durmiendo frente a la vivienda que compró con 18 años en la barriada de Río San Pedro. Lo hace, asegura, después de año y medio sin recibir el alquiler ni el abono de suministros por parte de la inquilina que ocupa el inmueble.

El propietario, que trabaja como mecánico en un hospital de Mallorca, ha regresado a Cádiz para intentar visibilizar una situación que, según denuncia, le está provocando graves problemas económicos y personales.

Vinaza explica que adquirió la vivienda siendo muy joven y que la acondicionó con esfuerzo para convertirla en su hogar. No obstante, cuestiones laborales le llevaron años después a trasladarse a Baleares, donde formó una familia y tuvo dos hijos. Para poder afrontar los gastos de la nueva etapa, optó por alquilar el piso de Puerto Real.

Durante los primeros años, según relata, no hubo incidencias relevantes. La relación con los inquilinos fue normal hasta que, tras la pandemia, comenzaron los retrasos en los pagos. Después, sostiene, dejaron de abonar las mensualidades de forma definitiva.

Del impago del alquiler en Puerto Real al bloqueo de comunicaciones

El propietario asegura que el contrato se firmó inicialmente por 450 euros mensuales y que posteriormente se actualizó a 500 euros.

Defiende que esa cantidad estaba por debajo del precio actual de mercado para una vivienda de tres dormitorios en la zona.

También afirma que durante los meses más duros de la crisis sanitaria accedió a no cobrar varias mensualidades para facilitar la situación de los arrendatarios.

“Pensé que entre todos había que arrimar el hombro”, indica Óscar.

La situación cambió después. Según su versión, hace alrededor de 18 meses recibió un mensaje en el que la arrendataria le comunicaba que no seguiría pagando.

Desde entonces, sostiene, no ha vuelto a percibir renta alguna y tampoco ha conseguido mantener una comunicación fluida con ella.

Entre tanto, asegura que continúa asumiendo gastos vinculados al inmueble, como recibos de luz, agua y cuotas de comunidad. A eso suma los costes de su residencia en Mallorca, donde mantiene a su familia. “Siento que estoy soportando dos casas con un solo sueldo”, lamenta.

Un procedimiento judicial sin resolver

Vinaza explica que inició acciones judiciales hace casi un año, después de esperar durante meses una salida pactada. Sin embargo, asegura que todavía no dispone de una solución efectiva ni de una fecha definitiva para recuperar la vivienda.

La lentitud del proceso es una de sus principales críticas. El propietario considera que existe una desigualdad entre las obligaciones que se exigen al titular del inmueble y las consecuencias que afronta quien incumple el contrato.

En ese sentido, señala que si dejara de pagar impuestos o tasas municipales se enfrentaría a recargos y embargos.

También sostiene que ha intentado una salida negociada. Según relata, llegó a ofrecer la condonación de la deuda acumulada e incluso una cantidad económica para facilitar la marcha voluntaria de la inquilina, sin obtener respuesta.

Apoyo vecinal en Río San Pedro

La protesta improvisada de Vinaza frente al edificio ha generado respaldo entre vecinos de Río San Pedro. Residentes de la zona se acercan, según explica, para interesarse por su situación, ofrecerle ayuda y mostrar solidaridad.

El propietario descarta recurrir a vías extrajudiciales o a empresas privadas de desocupación. Insiste en que solo reclama una solución legal y rápida que le permita recuperar la vivienda.

Además del perjuicio económico, asegura que la situación está afectando a su salud. Dice que duerme mal, vive con ansiedad y teme encontrarse el piso deteriorado cuando logre entrar de nuevo. A los gastos ya asumidos añade honorarios legales y posibles reparaciones futuras.

Mientras espera novedades del juzgado, continúa sentado ante la puerta de la casa que compró siendo adolescente. “Yo solo quiero volver a tener lo que es mío”, afirma desde la acera de su propio edificio.

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