Vista de Balneario de la Palma en la bajamar del mediodía de este 16 de julio de 2026. Foto: José Luis Porquicho Prada.
Vista de Balneario de la Palma en la bajamar del mediodía de este 16 de julio de 2026. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Un siglo dándole identidad a La Caleta: la historia del Balneario de la Palma

Ha sido balneario, restaurante, cine, ruina y hasta escenario de James Bond. Un siglo después sigue siendo el gran icono de La Caleta

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El Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real cumple este 16 de julio cien años convertido en mucho más que un antiguo establecimiento de baños. Su silueta forma parte de la identidad de La Caleta, de la memoria de varias generaciones de gaditanos y de algunas de las imágenes más reconocibles de Cádiz.

Durante este siglo ha sido balneario, restaurante, escuela, cine, salón de celebraciones, ruina, escenario de James Bond y sede del Centro de Arqueología Subacuática.

Hay edificios que nacen para cumplir una función concreta y otros que terminan definiendo el lugar en el que se encuentran. En Cádiz basta contemplar las galerías curvas y las cúpulas del Balneario de la Palma para reconocer inmediatamente La Caleta.

Hoy resulta difícil imaginar la playa sin su perfil blanco, aunque aquel edificio fue concebido inicialmente para algo mucho más práctico: ofrecer unas instalaciones modernas para los baños de mar de los vecinos del casco histórico.

Entrada al Balnerario de la Palma, donde actualmente se ubica el Centro de Arqueología Subacuática de la Junta. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Entrada al Balnerario de la Palma, donde actualmente se ubica el Centro de Arqueología Subacuática de la Junta. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Un siglo después de su inauguración, el Balneario sigue marcando el paisaje de la playa. Ha cambiado de función, ha sobrevivido al abandono y ha llegado a estar amenazado por el derribo, pero nunca ha dejado de ocupar un lugar central en la relación de Cádiz con el mar.

Cartel para anunciar la inaguración del Balneario de la Palma y el real. Foto: Facebook.

Cartel para anunciar la inaguración del Balneario de la Palma y el real. Foto: Facebook.

"La Concha de Andalucía". Así quiso presentarse el nuevo Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real cuando abrió sus puertas en julio de 1926. El folleto distribuido con motivo de la inauguración prometía baños templados, duchas, restaurante de primer orden, conciertos y amplias terrazas frente al mar. Cádiz aspiraba a tener un balneario moderno comparable a los grandes destinos de moda de la época.

Antes del Balneario hubo unos baños de madera

Los antiguos Baños del Real, construidos en madera, precedieron al actual Balneario de la Palma.. Foto: Facebook.

Los antiguos Baños del Real, construidos en madera, precedieron al actual Balneario de la Palma.. Foto: Facebook. 

Mucho antes de que el hormigón dibujara la imagen actual de La Caleta, la playa albergaba los Baños del Real y los Baños de la Palma. Eran instalaciones de madera levantadas durante el siglo XIX paara responder a la creciente popularidad de los baños de mar.

En aquellos años, los llamados baños de ola no eran únicamente una forma de ocio. También se recomendaban por sus supuestos beneficios para la salud, en una época en la que comenzaron a extenderse los establecimientos balnearios por numerosos puntos de la costa europea.

Las construcciones de La Caleta, sin embargo, sufrían constantemente las consecuencias del viento, la humedad, el salitre y los temporales. Su progresivo deterioro llevó a la Diputación Provincial a convocar en 1924 un concurso para construir un nuevo establecimiento más sólido, higiénico y duradero.

Con aquella iniciativa también se pretendía ofrecer una alternativa cercana a los habitantes del casco antiguo, que hasta entonces debían asumir las molestias y los gastos del desplazamiento hasta el Balneario Reina Victoria.

La propuesta elegida fue la de Enrique García Cañas. Sobre el proyecto trabajó posteriormente el arquitecto provincial Juan José Romero Aranda, mientras que el ingeniero y constructor Alberto Levenfeld Spencer también habría introducido modificaciones durante la ejecución de las obras.

El verano en que Cádiz estrenó su gran balneario

El nuevo Balneario de la Palma fue inaugurado en julio de 1926 con servicios de baños, duchas, restaurante y bar. Foto: Facebook.

El nuevo Balneario de la Palma fue inaugurado en julio de 1926 con servicios de baños, duchas, restaurante y bar. Foto: Facebook.

El acto de bendición y recepción institucional se celebró durante la tarde del 15 de julio de 1926. Al día siguiente, 16 de julio, el nuevo Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real abrió sus puertas al público.

La inauguración estuvo acompañada por la música de la banda del Hospicio, situado frente a La Caleta, en el edificio que posteriormente ocuparía el colegio Valcárcel. El presidente de la Diputación, el conde de Villamar, ejerció como anfitrión, mientras el Bar España sirvió una recepción para 150 personas.

El menú permite imaginar el ambiente de aquella jornada. Incluía langostinos, emparedados de crema de anchoas, galantina de pollo trufado, dulces, pastas finas y mantecado de vainilla. No se trataba únicamente de estrenar unas instalaciones para el baño, sino de presentar uno de los nuevos centros sociales del verano gaditano.

Los anuncios publicados en la prensa de la época aseguraban que el establecimiento estaba dotado de modernos elementos de higiene y confort. Ofrecía galerías y departamentos para señoras, baños templados, baños de agua dulce y de mar, duchas y servicio permanente de lanchas y buzos durante las horas de baño.

El conjunto disponía también de restaurante y bar. Los almuerzos se anunciaban a cinco pesetas sin vino y a seis pesetas con vino, mientras un servicio de automóviles y carruajes facilitaba la llegada de los clientes.

Una arquitectura que cambió la imagen de La Caleta

Las galerías semicirculares y las cúpulas convirtieron al Balneario en una de las construcciones más singulares de Cádiz. Foto: Facebook.

Las galerías semicirculares y las cúpulas convirtieron al Balneario en una de las construcciones más singulares de Cádiz. Foto: Facebook.

El nuevo Balneario representó también un importante salto arquitectónico. Su estructura de hormigón armado se mostraba al exterior sin quedar escondida bajo una decoración excesiva, una solución avanzada para una época en la que lo habitual era disimular los materiales industriales.

El edificio quedó dividido en dos grandes zonas. El pabellón de acceso se levantó sobre la muralla, mientras el cuerpo principal del balneario fue construido sobre pilares empotrados en la arena. Un puente permitía cruzar desde la entrada hasta las instalaciones situadas sobre la playa.

Desde una zona central flanqueada por torres rematadas con cúpulas parten dos largas alas curvas. En sus extremos se abren otros pabellones también coronados por cúpulas, componiendo una planta semicircular orientada hacia el horizonte y el castillo de San Sebastián.

Su diseño combina influencias modernistas y regionalistas con referencias a los balnearios historicistas británicos. Las cúpulas y algunos de sus elementos ornamentales aportan, además, unas reminiscencias orientales que contribuyeron a crear su perfil inconfundible.

En el pabellón de acceso destaca el panel de azulejos dedicado a la Virgen de la Palma. La imagen enlaza el edificio con una de las principales devociones del barrio y con la tradición del maremoto de Lisboa de 1755, cuando el avance de las aguas quedó unido en la memoria popular a la intervención del capellán de la iglesia de la Palma.

Cuando el agua llegaba hasta las galerías

Una pleamar bajo las galerías del Balneario, cuando las escaleras permitían bajar directamente al agua. Foto: Facebook.

Las fotografías antiguas muestran una relación entre el Balneario y el mar muy diferente a la que puede contemplarse actualmente. Durante las pleamares, el agua entraba bajo buena parte del edificio y alcanzaba las galerías sostenidas por los pilares.

Entre la estructura se instalaban escaleras de madera por las que los bañistas descendían directamente al agua. Las casetas permitían cambiarse de ropa antes de acceder al mar, mientras las propias galerías funcionaban como zonas de paseo y descanso.

Los bañistas podían acceder al mar desde las escaleras colocadas entre los pilares del edificio. Foto: Facebook.

Los bañistas podían acceder al mar desde las escaleras colocadas entre los pilares del edificio. Foto: Facebook.

Quienes conocieron el Balneario antes de su rehabilitación recuerdan incluso los saltos desde la parte frontal cuando subía la marea. Hoy esa escena resulta mucho más difícil de imaginar. El agua suele quedar más alejada y solo las mareas especialmente altas llegan a alcanzar con claridad las bases de la estructura.

La comparación entre aquellas imágenes y el paisaje actual permite entender hasta qué punto también ha cambiado La Caleta durante el último siglo. El edificio permanece en el mismo lugar, pero la playa que lo rodea no siempre ha tenido el mismo aspecto.

Un edificio con muchas vidas

El Balneario también funcionó como restaurante y espacio para banquetes, fiestas y celebraciones. Foto: Facebook.

El Balneario también funcionó como restaurante y espacio para banquetes, fiestas y celebraciones. Foto: Facebook.

El Balneario nunca se limitó únicamente a los baños de mar. Durante sus primeros años fue también restaurante, bar y lugar de reunión. Sus salones y terrazas acogieron comidas, fiestas y celebraciones, convirtiéndolo en uno de los principales espacios sociales del verano gaditano.

Su función fue cambiando al mismo tiempo que cambiaba la ciudad. Entre 1936 y 1943 albergó una Escuela de Flechas Navales y también fue utilizado como sala de proyecciones cinematográficas.

En 1958, la Diputación Provincial transfirió su titularidad al empresario José Paredes González de la Torre. A partir de entonces se mantuvieron las actividades relacionadas con el baño, pero se reforzó su explotación como restaurante y local para banquetes, fiestas y otros acontecimientos sociales.

En 1975 llegó a redactarse un proyecto para modernizar las instalaciones y adaptar sus salones a la celebración de grandes banquetes, congresos, exposiciones, espectáculos y actividades culturales. La propuesta no obtuvo las autorizaciones necesarias y nunca llegó a ejecutarse.

Los años en los que Cádiz pudo perderlo

El Balneario permaneció abandonado y en estado de ruina durante buena parte de los años ochenta. Foto: Facebook.

El Balneario permaneció abandonado y en estado de ruina durante buena parte de los años ochenta. Foto: Facebook.

El deterioro de la estructura, agravado por la baja calidad de parte del hormigón y por su exposición permanente al ambiente marino, terminó provocando el abandono del edificio en 1975.

Durante buena parte de los años ochenta, el Balneario presentó una imagen muy alejada del elegante establecimiento inaugurado medio siglo antes. El acceso era complicado y el interior acumulaba basura, cristales rotos, jeringuillas y suciedad.

A pesar del riesgo, muchos jóvenes entraban en el inmueble para recorrer las galerías o lanzarse al agua cuando la pleamar llegaba hasta la estructura. El edificio estaba abandonado, pero continuaba formando parte de la vida de La Caleta.

Su estado llegó a ser tan grave que se abrió un intenso debate sobre la conveniencia de restaurarlo o derribarlo. Su desaparición habría cambiado para siempre la estampa de la playa y una de las imágenes más reconocibles de Cádiz.

La declaración del Balneario como Bien de Interés Cultural en diciembre de 1990 terminó protegiéndolo frente al derribo y abrió el camino para su recuperación. Antes de encontrar un uso definitivo se estudiaron distintas posibilidades, entre ellas la construcción de una piscina cubierta.

De la ruina a investigar la historia sumergida

La rehabilitación permitió recuperar el edificio y convertirlo en sede del Centro de Arqueología Subacuática. Foto: Facebook.

La rehabilitación permitió recuperar el edificio y convertirlo en sede del Centro de Arqueología Subacuática. Foto: Facebook.

La restauración se centró en los elementos históricos que todavía permanecían en pie: los torreones centrales, los pabellones situados en los extremos, la fachada principal y el pabellón de acceso.

Las balaustradas, columnas y remates desaparecidos fueron reconstruidos a partir de fotografías de la época. El proyecto estuvo dirigido por los arquitectos Antonio Martín Molina, Montserrat Díaz Recaséns y José María Prieto Gracia.

El edificio rehabilitado encontró una nueva función como sede del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. El organismo se dedica a documentar, investigar, conservar y proteger el patrimonio arqueológico localizado bajo las aguas de Andalucía.

La nueva utilización encerraba una curiosa continuidad. El edificio que había nacido para acercar a los gaditanos al baño y al mar pasó a custodiar y estudiar la historia que permanece sumergida bajo ese mismo mar.

Cuando James Bond convirtió La Caleta en Cuba

La arquitectura del Balneario también terminó llegando a las pantallas de todo el mundo. En 2002, La Caleta se transformó en una playa de La Habana durante el rodaje de Muere otro día, la vigésima película de la saga James Bond.

El edificio fue utilizado como parte de un establecimiento hotelero cubano desde el que el agente interpretado por Pierce Brosnan contemplaba la llegada de Halle Berry a la playa.

La escena de la actriz emergiendo del agua se convirtió en una de las imágenes más conocidas de la película. Para millones de espectadores aquel lugar era Cuba, aunque las cúpulas, las galerías y el perfil del edificio pertenecían al Balneario de la Palma.

El rodaje confirmó la capacidad de La Caleta para transformarse en escenario cinematográfico sin perder su personalidad. También llevó la silueta del Balneario a espectadores que posiblemente nunca supieron que aquella playa caribeña estaba en Cádiz.

Cien años después, su futuro vuelve a estar sobre la mesa

Estado actual del Balneario, con redes en sus galerías. Foto: José Luis Porquicho Prada.

Estado actual del Balneario, con redes en sus galerías. Foto: José Luis Porquicho Prada.

El Balneario llega a su centenario con nuevas actuaciones de conservación y con su futuro nuevamente en el centro del debate. Durante los últimos años se han planteado distintas posibilidades para el edificio y para la continuidad del Centro de Arqueología Subacuática, sin que su próximo uso haya quedado definitivamente cerrado.

Las redes y elementos de protección visibles actualmente recuerdan que se trata de una construcción especialmente expuesta al salitre, la humedad y los temporales. Mantenerla en pie exige una atención permanente sobre una estructura que lleva un siglo asentada directamente sobre la arena.

Durante estos cien años, el Balneario ha cambiado de función en numerosas ocasiones. Nació para los baños de mar, se convirtió en restaurante y espacio social, fue escuela, cine y salón de celebraciones, permaneció abandonado, llegó a estar amenazado por el derribo, renació como centro científico y se transformó en un escenario de James Bond.

Las funciones han ido cambiando, pero su presencia permanece. Cada fotografía de La Caleta, cada vista desde el camino hacia el castillo de San Sebastián y cada atardecer detrás de sus cúpulas recuerdan que el Balneario dejó hace mucho tiempo de ser únicamente un edificio. Desde hace un siglo, su silueta forma parte de la identidad de la playa y de la imagen con la que Cádiz se muestra al mar.