Ya es oficial: Golpe de timón en el Cádiz CF en plena desesperación, Vizcaíno cesa a Sergio tras el pulso del vestuario
Los capitanes trasladaron su falta de confianza al presidente en plena crisis deportiva; el equipo suma seis derrotas seguidas y tendrá su tercer entrenador del curso
El Cádiz CF ha decidido dar un golpe de timón cuando parecía que ya no quedaban más volantazos posibles. El club ha cesado este martes a Sergio González, apenas 48 horas después de la derrota en El Molinón y cuando todo apuntaba a que se jugaría su continuidad en el partido ante la UD Las Palmas.
La entidad ha querido agradecer "a todo el cuerpo técnico la profesionalidad y el trabajo realizado en esta segunda etapa en el club" y le desea "mucha suerte en su futuro profesional".
La decisión, esperada desde ayer, llega en medio de una crisis deportiva profunda, con seis derrotas consecutivas y unos números que han empeorado incluso los del tramo final de la etapa de Gaizka Garitano. El equipo, lejos de reaccionar con el cambio en el banquillo, ha acentuado su caída.
Sin embargo, más allá de los resultados, el detonante parece haber sido otro. Según la información publicada por CadizLeaks, los capitanes de la plantilla trasladaron directamente al presidente, Manuel Vizcaíno, su falta de confianza en el técnico.
Una reunión de enorme peso interno en la que también se habría puesto sobre la mesa el desgaste en la relación con Juan Cala, rota desde sus declaraciones públicas cuestionando el liderazgo del vestuario.
Ese movimiento interno habría acelerado una decisión que, hasta el lunes, parecía no estar en la hoja de ruta inmediata del club. Pero tras esa reunión todo se precipitó. Algunos medios apuntaban anoche que se había cambiado el entrenamiento de hoy, previsto para las 10:30 horas, para la tarde. Parece que para que diera tiempo a que llegue el nuevo entrenador.
El resultado es que el Cádiz tendrá ya su tercer entrenador de la temporada, en un nuevo intento por reconducir una situación que, a falta de siete jornadas, sigue dependiendo más de la debilidad de sus rivales que de sus propios méritos.
Pero más allá del relevo en el banquillo, lo que deja la etapa de Sergio González es una sensación aún más preocupante: la de un equipo sin una idea clara y, sobre todo, sin un diagnóstico acertado de sus propios problemas.
Y esa falta de rumbo no ha sido solo una percepción. También se ha reflejado sobre el césped. El Cádiz ha transitado por distintos sistemas, cambios constantes de nombres y reajustes continuos durante los propios partidos, sin que ninguna estructura llegara a asentarse.
Más que una evolución, el equipo ha dado la sensación de estar en permanente fase de prueba. Como si cada jornada fuera un nuevo punto de partida. Como si este tramo decisivo de la temporada se hubiera convertido, por momentos, en una especie de pretemporada.
Un escenario que ha terminado por aumentar la incertidumbre de un grupo sin referencias claras dentro del campo y que ha contribuido a acentuar la caída en el rendimiento colectivo.
El técnico catalán no solo no ha logrado estabilizar al equipo, sino que ha acentuado la sensación de incertidumbre con constantes cambios de sistema, nombres y roles. El Cádiz ha ido mutando jornada tras jornada, alternando estructuras sin que ninguna terminara de asentarse.
Más que una búsqueda de soluciones, ha dado la impresión de una huida hacia adelante. De probar sin terminar de construir. Como si cada partido fuera un nuevo punto de partida. Como si la temporada fuera, todavía, una pretemporada.
Los datos refuerzan esa sensación. El Cádiz ha pasado de una dinámica ya preocupante a una directamente alarmante: seis derrotas consecutivas. Un registro que no solo le ha acercado peligrosamente al descenso, sino que ha reabierto debates internos que el club trataba de contener. Entre ellos, el del propio proyecto deportivo.
Porque el equipo no solo pierde. Es que no compite, no transmite capacidad de reacción y ha ido perdiendo incluso aquello que le sostenía: la solidez defensiva y el orden competitivo.
Además, la reunión entre capitanes y presidente añade una capa más de preocupación. No es solo una crisis de resultados, sino también de confianza interna.
La figura de Juan Cala, el director deportivo, señalado por parte del vestuario tras sus declaraciones sobre la falta de liderazgo, aparece como uno de los focos de tensión. Y la decisión del club apunta a que ese desgaste ha terminado por hacerse insostenible.
El Cádiz afronta ahora el tramo decisivo de la temporada con un nuevo entrenador, el tercero en apenas unos meses, y con la urgencia ya instalada como estado permanente.
Mientras tanto, el club ya trabaja en la búsqueda de un sustituto para el banquillo con el margen de error prácticamente agotado. En las últimas horas, varios nombres han comenzado a aparecer con fuerza en el entorno del club.
Según han señalado distintos medios, el acuerdo con Imanol Idiakez estaría muy avanzado, hasta el punto de poder concretarse en breve como la apuesta para afrontar el tramo final de la temporada. Un perfil con conocimiento de la categoría y acostumbrado a contextos exigentes.
De hecho, Beni Arroyo ha afirmado en Radio Cádiz que el técnico ya se ha comprometido para lo que queda de temporada (seis partidos) y si logra la salvación la próxima campaña.
Junto a él, también han surgido otros nombres que gustan en la entidad, como la de Manolo Jiménez, con una trayectoria consolidada y experiencia en situaciones de presión, o incluso el nombre de Joaquín Caparrós, considerado casi como una alternativa ideal pero de difícil encaje en este momento.
De hecho el aplazamiento del entrenamiento de este miércoles previsto para las 10:30 inicialmente a por la tarde apunta a que el anuncio del nuevo técnico es inminente y se ha cambiado la hora para facilitar su llegada, ante el poco tiempo del que dispone para el próximo partido.
La decisión, en cualquier caso, deberá tomarse con rapidez. Porque el margen ya no es mínimo. Es prácticamente inexistente.
Porque los cambios se agotan. Pero las jornadas también.
Y el problema, a estas alturas, ya no parece estar solo en el banquillo.