Agua con gas.

Agua con gas, los beneficios que la ciencia confirma y los mitos que derriba, de Vichy Catalán a Mondariz

Por qué cada vez más personas cambian el agua del grifo por agua con gas natural

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La popularidad del agua con gas ha aumentado en España, impulsada por quienes prefieren envase de vidrio, un sabor más “vivo” y la idea de que ayuda a la digestión.

Pero entre opiniones enfrentadas —del “es mejor que la del grifo” al “estropea los dientes”— conviene separar hechos de creencias y, fundamentalmente, aprender a leer la etiqueta para elegir con criterio.

No toda el agua con gas es igual. A grandes rasgos, hay cinco categorías diferentes como son:

Seltzer, que es agua a la que se añade dióxido de carbono (CO₂) sin minerales añadidos.

Club soda, que es similar a la anterior, pero con pequeñas adiciones de bicarbonato o citratos que modifican el sabor.

Tónica, que es agua carbonatada con quinina y azúcares u otros edulcorantes; no es comparable a “agua con gas” a efectos de salud.

Agua mineral carbonatada, que es agua mineral a la que se inyecta CO₂ en la embotelladora.

Agua mineral natural carbónica, que es aquella que brota con gas de manera natural por contacto con gases del subsuelo; suele traer una “huella” mineral propia (sodio, magnesio, calcio).

La diferencia clave entre la natural y la carbonatada artificialmente está en el origen del gas y, a frecuentemente, en el perfil mineral. Ninguna categoría es “automáticamente” mejor ya que depende de necesidades y preferencias individuales.

Beneficios potenciales del agua con gas

La literatura disponible apunta a efectos modestos aunque no milagrosos:

Digestión: en algunas personas, el agua con gas mejora la sensación en la digestión y la motilidad gastrointestinal ligera. También puede ayudar a quienes presentan disfagia leve a tragar mejor merced al estímulo mecánico de las burbujas.

Saciación: puede generar plenitud temporal al permanecer más tiempo en la porción de la parte superior del estómago. Ese efecto no es universal ni sustituye hábitos dietéticos.

Alternativa a refrescos: elegir agua con gas sin azúcares ni edulcorantes es una forma bastante sencilla de reducir el consumo de bebidas ultraprocesadas.

Precauciones y malentendidos

Esmalte dental: el agua con gas es ligeramente ácida por el ácido carbónico, pero su impacto sobre el esmalte dental, consumida de forma habitual y sin azúcares, es muy bajo.

Estudios que señalan daño suelen usar condiciones poco realistas (inmersiones prolongadas o bebidas ácidas que sean azucaradas). Aun así, evitar “sorbos constantes” durante horas es sensato.

Minerales y salud renal: el contenido en elementos como calcio y sodio varía mucho por marca. Personas con pautas médicas específicas (como es la hipertensión sensible a sodio, riesgo de litiasis cálcica) deberían optar por aguas de baja mineralización en esos iones y seguir indicaciones sanitarias.

Gases y apetito: el gas puede aumentar o reducir el apetito en función del contexto; no es una herramienta de control de peso por sí misma.

Plásticos y envase: escoger vidrio reduce la exposición potencial a compuestos asociados a elementos como plásticos y es preferible por sostenibilidad y sabor. Aun así, la calidad del agua no depende solo del material del envase.

Cómo leer la etiqueta (y acertar)

Origen: Cuando pone “agua mineral natural carbónica” indica gas de manantial; “agua mineral natural” + “carbonatada” esto viene a implicar CO₂ añadido.

Mineralización: Hay que revisar calcio (Ca), sodio (Na), magnesio (Mg) y bicarbonatos. Si cuidas la sal en la dieta, prioriza bajo sodio; si tienes antecedentes de cálculos renales, consulta y considera bajo calcio.

pH: Es un rango cercano a neutro no la convierte en “más saludable” por sí mismo; el pH gástrico ya es muy ácido.

Azúcares: Suele ser la tónica y los “sparkling” saborizados pueden añadir azúcares o edulcorantes; no son equivalentes al agua con gas simple.

Envase: Si es vidrio retornable o reciclable, mejor.

Marcas y estilos que encontrarás en España

El mercado nacional combina aguas carbónicas naturales de manantial (como son el caso de Vichy Catalán o Malavella), opciones bajas en minerales procedentes de Galicia (como Mondariz o Fuente del Val) y referencias internacionales muy conocidas (San Pellegrino).

Cada una de estas con perfiles de sodio, calcio y bicarbonatos distintos que explican diferencias de sabor. No existe un “mejor absoluto” pero si elige según tus necesidades (por ejemplo, menos sodio para dietas controladas, menos calcio si te lo ha indicado tu médico) y tu paladar.

El agua del grifo en España es potable y sometida a controles reglados, aunque su sabor y dureza varían por zona. Si optas por la opción de embotellada con gas por gusto o digestión, hazlo con información: prioriza composición adecuada, envase de vidrio y transparencia del origen.

Si prefieres el grifo, un filtro certificado puede mejorar mucho el sabor sin generar residuos.

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