Mesa con tarros con comida y copas de vino y una pieza de pan tras los mismos.
Mesa con diferentes guisos en tarro.

Los guisos en tarro que triunfan entre los amantes de la comida casera, destacando La Ermita y Conservas Lahoz

Cinco conservas gourmet que saben a cocina casera (y no a lata)

Actualizado:

En un mundo donde el tiempo se escapa, donde todo son prisas y se vive entre pantallas y rutinas aceleradas, las conservas artesanales han recuperado un protagonismo súbito, inesperado.

No se trata de los productos industriales que inundan los lineales de los supermercados, sino de auténticos platos tradicionales que ha sido cocinados con mimo, ingredientes locales y saber familiar, listos para servir. Desde Galicia hasta Aragón, cinco marcas españolas demuestran que la comida en lata o en tarro puede ser tan honesta y reconfortante como la de la abuela.

En O Pino (A Coruña), la familia Suárez-Vence ha hecho del caldo gallego su gran emblema culinario. Lo que empezó como un pequeño restaurante rural se transformó, durante la pandemia, en La Despensa de Vila Sen Vento, que se trata de una tienda online que ofrece recetas caseras preparadas con grelos, chorizo, patata y carne desmigada.

Su secreto está en mantener el sabor de siempre sin prisa ni artificios en el que cada lote se cocina “como si se hiciera al momento”.

Con más de mil caldos elaborados al mes, la marca ha extendido su carta con guisos de ternera, pisto de verduras, empanadas y mejillones en vinagreta, siempre con productos de la costa y la huerta gallega. Un refugio gastronómico en tiempos de comida rápida.

Desde Navarra, los hermanos Saúl, Pablo y Sara Jiménez continúan el legado que sus padres fundaron en el año 1986 con la marca Rosara. Su filosofía es simple con un “producto bueno, elaboración artesanal y sabor auténtico”. Entre sus joyas se encuentran las alcachofas rellenas de marisco, elaboradas sin espesantes ni almidones industriales.

Rosara combina tradición y adaptación, sumando recetas internacionales —como guisos que llevan curry o humus— sin abandonar los clásicos de la huerta navarra tales como legumbres, caracoles o pimientos rellenos.

En su taller, primero se busca el sabor perfecto y después se fija el precio, un lujo que pocas empresas pueden permitirse.

En Casar de Periedo (Cantabria), los hermanos Salmón García de los Salmones transformaron una antigua tienda de pueblo en toda una fábrica de guisos tradicionales. Su cocido cántabro, con berza cultivada en sus propios terrenos, es toda una referencia para quienes buscan autenticidad sin artificios.

La Ermita apuesta por procesos lentos, ingredientes de temporada y cero aditivos, también del cocido, elaboran croquetas, lácteos y platos de cuchara que rescatan sabores de antaño.

Como dice Amparo Salmón, “a nuestro cliente le gusta mirar bien la etiqueta y saborear lo que come”, que es una frase que resume la nueva conciencia gastronómica del consumidor.

Más guisos de calidad excelente

En Alcañiz (Teruel), los hermanos Antonio y Joaquín Lahoz llevan tres décadas envasando los sabores del monte como son la perdiz escabechada, codorniz, rabo de ternera o faisán con trufa.

La historia comenzó con su padre, un aficionado a cocinar piezas de caza que terminó haciendo de su pasión un negocio. Hoy, Conservas Lahoz defiende el uso exclusivo de aceite de oliva virgen extra y carnes selectas, en un mercado en el que la inmediatez suele imponerse al gusto.

Sus conservas, destinadas a ocasiones especiales, reivindican el valor de los productos que se saborean con tranquilidad, despacio, con pan y buena conversación.

El chef barcelonés Jordi Vilà, al frente del restaurante Alkimia, encarna la evolución natural de la cocina de autor hacia la despensa más usual, cotidiana. Su línea de platos en conserva y comida para llevar incluye más de cien referencias, entre ellas una samfaina que sirve de base para las carnes, pescados o verduras.

Con esta iniciativa, Vilà busca preservar la cocina local catalana así como acercar el conocimiento gastronómico de los grandes restaurantes a los hogares. “Queremos vender cocina nuestra, hecha con nuestras manos”, dice el cocinero.

De Galicia a Cataluña, estas cinco marcas comparten una misma filosofía como es cocinar con respeto al producto, al territorio y a la memoria. En sus tarros no solo se conservan guisos, sino recuerdos, saberes familiares y una forma de entender la comida tan especial, como refugio.

Mientras la industria alimentaria busca la eficiencia, ellos reivindican la lentitud, la artesanía así como el sabor real. Porque, como escribió Bill Buford, “cocinar es cuando las cosas saben a lo que son”.