Estatua de Buda.

El verdadero significado del Nirvana según las enseñanzas de Buda

Nirvana, el estado que pone fin al sufrimiento según el budismo

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En el corazón de la enseñanza de Buda Siddhartha Gautama, el fundador mítico del budismo, se encuentra un concepto tan profundo como complejo como es el Nirvana.

Esta noción, a menudo malinterpretada en Occidente como una simple “felicidad eterna” o “paraíso espiritual”, representa en realidad el fin del dukkha, el sufrimiento inherente a la existencia, y la liberación del ciclo de samsara, el continuo renacer que es el que condiciona la vida de todos los seres.

El término “Nirvana” proviene del sánscrito y viene a significar literalmente “extinción” o “apagamiento”. En los textos antiguos, se describe como el momento en que se apaga la llama del deseo, la ignorancia y el apego, las tres causas fundamentales del sufrimiento humano según las Cuatro Nobles Verdades.

No se trata de la aniquilación del ser, es más bien la extinción de aquello que ata a la mente al dolor y la ilusión.

En las escrituras del Canon Pali, de forma muy particular en el Dhammapada y los Suttas, Buda evita definir el Nirvana en términos positivos. Se refiere a él como algo “inacondicionado”, “no nacido”, “no compuesto”.

Esta negativa a describirlo refleja una enseñanza central del budismo como es el lenguaje y los conceptos humanos son limitados, incapaces de captar plenamente una experiencia que trasciende el pensamiento dual.

Los comentaristas budistas, desde el siglo III a. C., tales expertos como Nagasena o Bodhidharma, insistieron en que el Nirvana no puede entenderse intelectualmente, sino que es más bien algo que debe experimentarse mediante la práctica.

Esa práctica incluye la meditación, la atención plena (lo que se llama vipassana) y la observancia del Noble Óctuple Sendero, una guía ética y espiritual que conduce al desapego y la sabiduría.

El Nirvana y las escuelas budistas

Con la expansión del budismo en Asia, el concepto de Nirvana adoptó una serie de matices diversos según las tradiciones. En el budismo Theravada, considerado el más cercano a las enseñanzas originales de Buda, el Nirvana es el fin absoluto del renacimiento así como el sufrimiento.

Se concibe  el Nirvana como la meta final del arahant, aquel que ha alcanzado la iluminación y no volverá a nacer.

El budismo Mahayana, que floreció siglos después en regiones diferentes de China, Corea y Japón, amplió la noción de Nirvana con el ideal del bodhisattva, aquel que, habiendo alcanzado la iluminación, en este se renuncia a entrar en el Nirvana definitivo para ayudar a todos los seres a liberarse.

En esta visión, Nirvana y Samsara no son opuestos irreconciliables, más bien define a dos aspectos de una misma realidad última.

En el budismo Zen, el Nirvana se asocia directamente con la experiencia directa del despertar (satori), una comprensión súbita de la naturaleza de la mente. Por el contrario en el budismo tibetano, se enfatiza la purificación gradual de la mente hasta alcanzar el estado de claridad y compasión perfectas, llamado rigpa.

Más allá de la muerte y del yo

Uno de los puntos más debatidos en torno al Nirvana es si representa un estado que ocurre luego de la muerte o si puede experimentarse en vida.

Según las enseñanzas de Buda, es posible alcanzar el Nirvana mientras aún se vive, esto es conocido como sopadhisesa-nirvana, cuando el individuo ha extinguido los apegos, si bien su cuerpo físico continúe existiendo. Tras la muerte, el ser iluminado entra en el parinirvana, la liberación completa y final.

El Nirvana no implica la desaparición del individuo en un sentido nihilista, es un concepto de la disolución del falso sentido de “yo” que provoca el sufrimiento. Es la comprensión de que no existe una entidad permanente, se trata de un flujo de causas y condiciones en constante cambio.

El Nirvana no es un lugar ni un cielo, no es un Paraíso, es un estado de conciencia libre del deseo y del miedo. Es la culminación del camino budista así como la revelación de la paz más profunda, aquella que surge cuando se apaga la ilusión del ego y la mente alcanza la claridad absoluta.

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