Cristo sobre la piedra del sepulcro.
Cristo muerto en la piedra del sepulcro.

La teoría que sacude al cristianismo y a los teólogos: ¿y si Jesús no murió en la cruz?

Un forense español reabre el misterio de Jesús: las pruebas que apuntan a que sobrevivió a la crucifixión

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La posibilidad de que Jesús de Nazaret no muriera en la cruz, sino que pudiera haber sobrevivido al suplicio, ha resurgido en los últimos años como una teoría que busca abrir el diálogo entre la Historia, la medicina forense y la teología.

Si bien para muchos creyentes esta idea roza lo herético, diversos estudiosos sostienen que la hipótesis de la supervivencia de Jesús de Nazaret no puede descartarse del todo.

A lo largo de los siglos, desde los relatos de los Evangelios canónicos hasta investigaciones contemporáneas, se ha intentado o tratado de explicar cómo una ejecución tan brutal pudo desembocar en la fe en la resurrección.

Entre las objeciones clásicas a esta teoría figura la supuesta eficacia letal del método romano de crucifixión. Los romanos, conocidos por su extremo rigor en la aplicación de la pena capital, difícilmente habrían permitido que un condenado escapara con vida.

Las heridas además que se describen de Jesús de Nazaret, la "sangre y agua" que brotó de su costado, parece que no son compatibles con la vida. No obstante, registros históricos ofrecen matices.

El historiador judío Flavio Josefo, contemporáneo de los hechos, narraba que tres de sus amigos fueron crucificados durante la guerra entre judíos y romanos, y que uno de ellos sobrevivió luego de ser bajado de la cruz, obviamente a éste pudieron partirle las piernas -para que se asfixiara en la cruz- pero no lo lancearon, que es mortal.

Aquello sugiere que, aunque extremadamente improbable, la supervivencia podría ser posible bajo circunstancias excepcionales.

En el caso de Jesús, el relato de los evangelios indica que Poncio Pilato se sorprendió al recibir la noticia que la muerte del Nazareno fue tan rápida, un detalle que algunos autores consideran significativo.

En contextos de ejecución masiva, un error humano, una herida mal valorada o una pérdida temporal de consciencia podrían haber sido interpretados como la muerte. Si bien lancear a un reo crucificado y que brote sangre atravesando el corazón parece excesivo.

Desde esta perspectiva, la historia de un cuerpo que “resucita” podría tener una serie de raíces biológicas más que sobrenaturales, aunque extremadamente improbables.

Otro argumento a favor de la hipótesis naturalista apunta al momento del sepulcro, de su entierro. La piedra que sellaba el sepulcro pudo haber sido movida posteriormente por algún cuidador o un curioso -dicen los expertos- hallando a Jesús aún con vida que, bajo mi punto de vista, es fantasioso y especulativo.

En un contexto de superstición y temor, la visión de un hombre ensangrentado y tambaleante saliendo del sepulcro habría causado el pánico y la confusión, dando pie al relato del sepulcro vacío.

En el Evangelio de Marcos, considerado el más antiguo, solo menciona la tumba vacía así como la aparición de un joven vestido de blanco, sin narrar ningún tipo de encuentros directos con Jesús resucitado.

Las versiones posteriores de los evangelios, especialmente las de San Lucas y San Juan, introducen relatos más desarrollados y milagrosos, con toda posibilidad con el objetivo de reforzar la fe de las comunidades cristianas.

Si se consideran las fuentes más tempranas, las apariciones habrían ocurrido días después, momentos en los que Jesús de Nazaret pudo haberse recuperado parcialmente y reencontrarse con sus discípulos.

Esta lectura abriría la posibilidad de que el propio Jesús creyera haber resucitado tras una experiencia cercana a la muerte, tal y como sugería el ensayista Samuel Butler en el siglo XIX.

La realidad parece mucho más compleja, si hoy día nadie sobrevive a que le atravesaran el corazón, en aquella época mucho menos.

La hipótesis médica: el análisis forense de la crucifixión

El debate ha adquirido una nueva dimensión con las investigaciones del médico forense Miguel Lorente, el cual sostiene que Jesús pudo haber sobrevivido a la crucifixión y morir años después a causa de las secuelas del tormento.

Su estudio parte del análisis del Pantocrátor del Sinaí, uno de los retratos más antiguos de Cristo, datado entre los siglos IV y VI. En la representación de Jesús aparece con la mano derecha en señal de bendición y con los dedos semiflexionados, un gesto que Lorente relaciona a lesiones nerviosas típicas de una crucifixión.

Según el especialista, resulta poco probable que un artista de aquella época inventara un detalle tan sumamente específico sin haber recibido una referencia directa o una tradición visual basada en testigos o descripciones de quienes conocieron al Jesús histórico.

Igualmente Miguel Lorente observa coincidencias entre las marcas representadas en el icono y las huellas de la Sábana Santa de Turín, esto -en su opinión- vendría a reforzar la hipótesis de una supervivencia prolongada.

En su libro “42 días. Análisis forense de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo”, el médico proponía ya el concepto de “resucitación biológica”, una recuperación espontánea del mecanismo respiratorio luego de un periodo de aparente muerte.

Conforme con sus conclusiones, Jesús de Nazaret habría vivido un tiempo posterior marcado por graves secuelas físicas, aunque con plena lucidez espiritual, lo que explicaría su influencia duradera.

Miguel Lorente aclara que su trabajo no busca enfrentarse con la Iglesia católica ni es el propósito, sino el poder aportar una lectura científica que complemente la fe.

Distingue con precisión entre el plano de la creencia y el de la Ciencia en el que si la supervivencia fue un milagro, la teología lo explicará; si fue un proceso biológico, corresponde a la medicina analizarlo. El valor simbólico del mensaje de Jesús de Nazaret permanece intacto, indica.

La hipótesis de que Jesús de Nazaret sobreviviera a la crucifixión puede ser pura ficción o estar lejos de ser una fantasía sensacionalista, pero se mantiene como un tema de investigación legítimo sobre uno de los hechos más trascendentes de la Historia.