Un sacerdote escribiendo historias que luego replicó el Cristianismo como el Diluvio Universal o Moisés.
Antiguas religiones como inspiradoras del Cristianismo.

Las antiguas religiones que moldearon al cristianismo y lo que casi nadie sabe

El cristianismo y sus raíces ocultas: cómo los mitos antiguos moldearon la fe occidental

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El cristianismo es, indudablemente, una de las religiones más influyentes del planeta. Su desarrollo se dio en un contexto donde las antiguas creencias del Mediterráneo, Egipto y Mesopotamia coexistían, se mezclaban y también se transformaban unas a otras.

Los primeros siglos del cristianismo fueron testigos de un fenómeno llamado sincretismo religioso que es lo mismo que un proceso mediante el cual distintas tradiciones se funden para dar forma a una nueva visión espiritual. En este contexto, muchas de las historias, símbolos y festividades cristianas muestran muchas reminiscencias y paralelismos con los mitos y narrativas mucho más antiguas.

Lejos de disminuir su valor espiritual, estos paralelismos demuestran cómo el cristianismo se alimentó, se nutrió del lenguaje simbólico que ya resonaba en las culturas del mundo antiguo, facilitando su expansión y comprensión entre pueblos de diversas creencias. Vemos algunos de esos casos.

El diluvio universal, de Gilgamesh a Noé

Uno de los ejemplos más claros de esta clara herencia cultural es el relato del diluvio universal. En el Génesis, Noé construye un arca inmensa para salvar a su familia y a los animales del mundo ante la cólera divina.

No obstante, este relato tiene un antecedente casi idéntico en la Epopeya de Gilgamesh, texto mesopotámico escrito más de mil años antes, es mucho más antiguo. En él, el héroe Utnapishtim recibe el mandato de los dioses de construir una gran embarcación para sobrevivir a una inundación que destruirá la Humanidad.

Las coincidencias —que son, por ejemplo, el motivo del castigo, la embarcación, la preservación de la vida y el sacrificio final tras el descenso de las aguas— sugieren una transmisión cultural de tipo directo. La versión bíblica habría adaptado esta antigua tradición al contexto moral y teológico del monoteísmo hebreo.

Moisés y Sargón, el niño en la cesta

Otro paralelismo sorprendente se encuentra en la historia de un profeta y "enviado" como Moisés. Según el Éxodo, el líder hebreo es colocado por su madre en una cesta de juncos y abandonado en el río Nilo, el río de Egipto,  para salvarlo de la persecución del faraón.

Este motivo narrativo aparece siglos antes en la leyenda de Sargón de Acad, fundador del primer imperio semítico conocido. En un texto acadio del siglo XXIII a.C., Sargón relata como su progenitora, su madre, sacerdotisa, lo depositó en una cesta de mimbre sellada con betún y lo confió al río Éufrates. Allí fue rescatado y criado por una mujer humilde antes de ascender al poder.

La semejanza estructural entre ambos relatos sugiere un patrón mítico común como es el héroe abandonado, salvado por intervención divina, que luego se convierte en líder o libertador de su pueblo.

El Edén y las raíces sumerias de la tentación

La historia de Adán, Eva y el Árbol del Conocimiento también guarda enormes resonancias con mitos más antiguos. En el llamado Cilindro de la Tentación, un sello sumerio fechado entre 2200 y 2400 a.C., aparece una escena con una pareja, un árbol y una serpiente, elementos que recuerdan el relato del Génesis.

Si bien las interpretaciones varían, muchos investigadores sostienen que estas imágenes reflejan la existencia de una tradición simbólica compartida en el antiguo Oriente Próximo sobre la sabiduría, la tentación y la pérdida de la inocencia.

La Navidad y las fiestas del Sol Invicto

La elección del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús no tiene respaldo en los textos bíblicos. Los primeros cristianos, sin embargo, adoptaron esta fecha durante el siglo IV d.C. para hacer coincidir la celebración con el muy celebrado Sol Invictus romano y las festividades paganas del solsticio de invierno, como la Saturnalia romana o el Yule germánico.

En esas culturas, el renacimiento del sol tras los días más oscuros del año simbolizaba lo que era la victoria de la luz sobre la oscuridad. Al situar el nacimiento de Cristo —que significa “la luz del mundo”— en esa fecha, la Iglesia integró un poderoso símbolo universal que facilitó la conversión de los pueblos paganos del Imperio.

La Virgen y el Salvador: ecos de Isis y Mitra

El motivo de la virgen madre y el salvador divino también tiene precedentes en tradiciones que son más antiguas. En Egipto, la diosa Isis dio a luz milagrosamente a Horus, considerado hijo de Osiris, dios resucitado tras su muerte.

En el mitraísmo, religión de origen persa muy popular entre los soldados romanos, Mitra era un dios nacido de forma milagrosa y considerado mediador entre el cielo y la Humanidad.

Es cierto que las diferencias doctrinales son notables, los símbolos del nacimiento prodigioso, la misión redentora y la lucha contra el mal estaban profundamente arraigados en la espiritualidad del mundo antiguo, lo que permitió que el mensaje cristiano resultara familiar y atractivo.

Doctrinas compartidas, del Zoroastrismo al Apocalipsis

Algunos de los conceptos teológicos más poderosos del cristianismo —como son, por ejemplo el Juicio Final, la batalla entre el bien y el mal y la resurrección de los muertos— tienen paralelos en el zoroastrismo, una de las religiones más antiguas de Persia.

Esta tradición enseñaba la existencia de dos fuerzas cósmicas en conflicto, la necesidad de una elección moral, y la llegada de un redentor al final de los tiempos. Estas ideas influyeron profundamente en el pensamiento judío durante el exilio babilónico y, más tarde, en las creencias cristianas.

Si bien algunos paralelismos extremos —como los que intentan equiparar de una forma directa a Jesús con Horus— han sido refutados por la investigación moderna, la evidencia histórica es muy evidente como el cristianismo primitivo no se aisló del mundo que lo rodeaba. Al contrario, adaptó, reinterpretó y resignificó mitos, símbolos y estructuras narrativas de las religiones que lo precedieron.

Esa capacidad de sincretismo explica en gran medida su éxito histórico ya que al hablar con el lenguaje simbólico del Mediterráneo antiguo, el cristianismo logró construir un mensaje universal que, aún hoy, sigue resonando en la espiritualidad contemporánea.