Ordenador portátil con estadística gráfica en pantalla y texto bíblicos en pergamino.
Estudio de IA sobre el texto de la Biblia.

Un nuevo análisis con inteligencia artificial reabre el misterio de quién escribió realmente la Biblia

La IA distingue estilos y sugiere autores desconocidos en los primeros textos del Antiguo Testamento

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Durante siglos, la autoría de la Biblia, sobre todo y en particular del Antiguo Testamento, ha sido un terreno de debate entre expertos en lenguas antiguas así como de historiadores y especialistas en textos sagrados.

Ahora, un nuevo enfoque, novedoso, basado en inteligencia artificial (IA) ofrece nuevos indicios sobre cómo se compusieron los primeros libros bíblicos.

Un equipo multidisciplinar ha aplicado herramientas estadísticas avanzadas a fin de detectar estilos de escritura que podrían pertenecer a diferentes autores o tradiciones textuales, aportando una perspectiva que es cuantificable a una cuestión que ha permanecido abierta durante milenios.

El estudio comenzó de manera poco convencional ya que la matemática Shira Faigenbaum-Golovin, de la Universidad de Duke, trabajaba originalmente con inscripciones en fragmentos de cerámica antigua para intentar identificar si habían sido escritas por varias manos.

Lo que empezó como una colaboración puntual con arqueólogos terminó convirtiéndose en un proyecto más ambicioso como fue el de aplicar métodos estadísticos de última generación al análisis del Enneateuco, es decir, los nueve primeros libros del Antiguo Testamento, un conjunto básico para comprender la evolución temprana del texto bíblico.

La premisa fue clara y es que si varios autores, escuelas o grupos sacerdotales participaron en la composición de los textos, esa diversidad debía dejar huellas en la forma de escribir. Y esas huellas, invisibles a simple vista, deberían detectarse analizando la frecuencia y distribución de palabras clave en los capítulos.

Un modelo estadístico capaz de detectar estilos en la Biblia

Para probar esta idea, los investigadores organizaron los textos en tres grandes corpora reconocidos en los estudios bíblicos como son los pasajes más antiguos del Deuteronomio (D), la llamada Historia Deuteronomista (DtrH) y los textos sacerdotales (P), presentes en Levítico, Números y Éxodo.

Cada uno representa una tradición literaria diferente que durante mucho tiempo se ha intentado diferenciar mediante estudios filológicos y teológicos.

Lo innovador del trabajo fue la herramienta utilizada: la HC-discrepancy, un método que deriva de la teoría estadística conocida como Higher Criticism. Esta técnica permite comparar un capítulo concreto con un corpus de referencia así como de calcular qué tan compatible es su estilo con él.

El sistema no se basa en algoritmos de aprendizaje automático pero si requieren enormes cantidades de datos así como en modelos capaces de captar variaciones sutiles en la elección de palabras y combinaciones de términos.

El modelo analiza las palabras en su forma de lema —dicho de otra forma: la raíz base sin flexiones gramaticales— para evitar distorsiones y centrarse en el uso real del vocabulario. A partir de ahí, genera una puntuación la cual indica si un capítulo encaja estilísticamente dentro de un corpus o se aleja de él.

Los hallazgos fueron contundentes. Los textos pertenecientes a D y DtrH mostraron una fuerte cercanía estilística, entre tanto que los textos sacerdotales (P) se diferenciaron con claridad.

Este contraste coincide con teorías desarrolladas desde hace décadas, pero por primera vez se respalda con un método de tipo estadístico reproducible y transparente.

El modelo clasificó correctamente el 84% de los capítulos en su corpus de origen. El corpus sacerdotal destacó con una elevada precisión del 95%, mientras que D y DtrH obtuvieron un acierto del 78% y 72%.

Estas cifras son especialmente llamativas si se tiene en cuenta que los textos bíblicos han pasado por siglos de edición, adaptación y transmisión, lo que complica cualquier intento de análisis de autor.

Igualmente el método permitió estudiar capítulos cuya procedencia sigue siendo discutida. En el caso del relato del Arca, presente tanto en 1 Samuel como en 2 Samuel, el análisis reveló que solo la segunda versión tiene encaje con la tradición deuteronomista. La primera, en cambio, no mostró afinidad con ninguno de los tres estilos definidos y podría proceder de una tradición que fuera mucho más antigua, quizá vinculada al antiguo reino del norte.

Otros textos, como fragmentos de Génesis, Jueces, Proverbios o Ester, también fueron sometidos a este singular modelo. Algunos se alinearon de forma clara con un corpus, mientras que otros mostraron rasgos únicos que podrían aludir a tradiciones literarias aún no clasificadas.

Aunque el método presenta limitaciones —sobre todo en capítulos muy breves, donde la falta de datos dificulta la atribución— la investigación demuestra que es posible aplicar herramientas matemáticas para iluminar debates históricos.

La capacidad de señalar qué palabras específicas generan coincidencias así como también discrepancias y ello aporta un nivel de transparencia que rara vez se encuentra en los modelos computacionales actuales.

El equipo ha comenzado ya a expandir este enfoque a otros textos, como los Rollos del Mar Muerto así como de relatos patriarcales tempranos. La meta no es reemplazar a los especialistas ni mucho menos, realmente es ofrecer una herramienta que complemente su trabajo con datos verificables.

A medida que estas técnicas se perfeccionan, la historia textual de la Biblia podría reescribirse con un nivel de detalle que es impensable hace solo unas décadas, facilitando que antiguas preguntas reciban, por fin, respuestas basadas en una evidencia cuantificable.