Científicos españoles detectan por primera vez un azúcar en el espacio que puede cambiar lo que sabemos sobre el origen de la vida
El descubrimiento refuerza la hipótesis de que algunos de los ingredientes esenciales para la aparición de la vida pudieron llegar a la Tierra desde el espacio
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Durante décadas, una de las grandes preguntas de la Ciencia es y ha sido cómo aparecieron las moléculas necesarias para que apareciera o surgiera la vida en la Tierra.
Ahora, un equipo internacional liderado por investigadores de España, por españoles, ha dado un paso relevante al identificar por primera vez eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono, en el medio interestelar, concretamente en las nubes moleculares situadas cerca del centro de la Vía Láctea.
El trabajo, apoyado en observaciones realizadas desde los radiotelescopios de Yebes (en Guadalajara) y del IRAM en el pico Veleta (en Granada), aporta nuevas evidencias sobre el posible origen extraterrestre de algunos compuestos fundamentales para la química prebiótica.
Un hallazgo que cambia el mapa de la química del espacio
La detección de eritrulosa supone un avance significativo porque se trata de una molécula considerada relevante en los procesos químicos previos a la aparición de la vida.
Hasta ahora, los científicos habían encontrado diferentes compuestos orgánicos en meteoritos y asteroides, pero localizar este azúcar directamente en el espacio interestelar permite reconstruir con mayor precisión el recorrido que pudieron seguir estas moléculas antes de llegar a planetas como la Tierra.
La investigación indica que este compuesto existe en las enormes nubes de gas y polvo donde nacen nuevas estrellas y sistemas planetarios. Esos mismos entornos fueron el origen de numerosos asteroides que, hace alrededor de 4.000 millones de años, impactaron de forma intensa contra la Tierra primitiva.
Según las estimaciones realizadas por los investigadores, durante ese periodo pudieron depositarse sobre nuestro planeta entre cientos de miles y decenas de millones de toneladas de eritrulosa transportadas por cuerpos rocosos procedentes del espacio.
Si bien es cierto que la cifra es una aproximación basada en modelos científicos, respalda la posibilidad de que parte de los ingredientes necesarios para el desarrollo de la vida no se generaran exclusivamente en la superficie terrestre.
Radiotelescopios españoles con un papel decisivo
El descubrimiento ha sido posible gracias a instrumentos capaces de detectar señales extremadamente débiles emitidas por las moléculas presentes en el espacio.
Cada compuesto químico deja una firma característica en determinadas frecuencias de radio, lo que permite identificarlo incluso a miles de años luz de distancia.
En este trabajo han desempeñado un papel esencial el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes, perteneciente al Instituto Geográfico Nacional, y el telescopio de 30 metros del Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), ubicado en Sierra Nevada.
La sensibilidad de estos equipos ha permitido ampliar de forma notable el catálogo de moléculas conocidas en el medio interestelar durante los últimos años.
Los avances tecnológicos incorporados a sus receptores han convertido estas instalaciones en una referencia internacional para la astroquímica, disciplina que estudia la formación y evolución de compuestos químicos fuera de la Tierra.
Qué significa este azúcar para el origen de la vida
La importancia de la eritrulosa no reside únicamente en su presencia en el espacio. Los investigadores explican que, al entrar en contacto con agua, esta molécula puede transformarse en treosa, otro azúcar considerado relevante para la formación de estructuras relacionadas con los ácidos nucleicos.
Ese comportamiento la convierte en una pieza especialmente interesante dentro de la denominada química prebiótica, el conjunto de reacciones que precedieron a la aparición de los primeros organismos vivos.
Durante años, los experimentos de laboratorio han mostrado dificultades para producir cantidades suficientes de determinados azúcares esenciales mediante procesos exclusivamente terrestres.
La detección de estas moléculas en el espacio ofrece una vía alternativa para explicar cómo pudieron incorporarse esos compuestos al planeta en una etapa temprana de su historia.
El estudio también refuerza la idea de que el espacio interestelar no es un entorno químicamente simple, sino un laboratorio natural donde pueden sintetizarse moléculas cada vez más complejas antes de integrarse en asteroides, cometas y otros cuerpos menores.
Esa visión amplía el papel que desempeñan estos objetos en la evolución de los sistemas planetarios y en la posible aparición de vida en otros lugares del universo.
Aunque el hallazgo no demuestra cómo comenzó exactamente la vida en la Tierra, sí aporta una nueva pieza al rompecabezas científico sobre el origen de los componentes químicos que hicieron posible la aparición del material genético y de las primeras formas de vida.
La investigación, publicada en la revista Nature Astronomy, abre además nuevas líneas de búsqueda para identificar otras moléculas complejas presentes en el espacio profundo y comprender mejor la evolución química del universo.