Cintas rojas, comida contaminada y jaguares: las sorprendentes supersticiones que rodean a los eclipses
Jaguares que se comen el Sol, amuletos para embarazadas y comida contaminada: los mitos que sobreviven a los eclipses
Desde los rituales de antiguas civilizaciones americanas hasta la costumbre de proteger a las embarazadas con cintas rojas, los eclipses han acumulado creencias que siguen circulando pese a que la astronomía explica con precisión qué ocurre durante estos fenómenos.
Basta con que el Sol comience a desaparecer detrás de la Luna para que reaparezcan historias transmitidas durante generaciones. Los eclipses han tenido un enorme peso cultural y religioso, desde las interpretaciones de incas y mayas hasta determinadas prácticas del hinduismo.
A ellas se han sumado supersticiones sobre embarazadas, alimentos o supuestos efectos sobre la salud. La astronomía permite hoy anticipar estos fenómenos y explicar su funcionamiento, mientras organismos científicos como la NASA han dedicado esfuerzos a combatir algunos de los mitos que todavía los acompañan.
El jaguar que amenazaba al Sol y los mensajes que llegaban del cielo
En América, diferentes culturas indígenas incorporaron los eclipses a sus propias explicaciones del mundo y a sus prácticas rituales. Para los incas, uno de los animales asociados a estos episodios era el jaguar. La desaparición del Sol podía interpretarse como una amenaza en la que este animal trataba de atacarlo o devorarlo.
Ante un acontecimiento que afectaba al orden celestial, los rituales adquirían especial importancia. Música, ceremonias y ofrendas formaban parte de las respuestas con las que se buscaba afrontar aquello que sucedía en el cielo y favorecer el restablecimiento de la normalidad.
La relación de los mayas con los fenómenos astronómicos era especialmente compleja. Sus conocimientos les permitieron observar los movimientos celestes, registrar ciclos e incorporar estos acontecimientos a sus sistemas calendáricos. Pero poder anticipar determinados fenómenos no eliminaba necesariamente su dimensión religiosa.
Los eclipses podían adquirir así un significado relacionado con el orden político y religioso, los gobernantes y el destino colectivo. La astronomía y las creencias no funcionaban entonces como dos compartimentos completamente separados: la observación del cielo tenía consecuencias para la manera de interpretar el mundo.
Con el avance del conocimiento astronómico y la consolidación de grandes tradiciones religiosas, también evolucionó la interpretación de estos episodios.
Dentro del cristianismo medieval hubo estudiosos que defendieron explicaciones naturales de los eclipses. Beda el Venerable, religioso y erudito inglés de los siglos VII y VIII, trabajó sobre cuestiones relacionadas con el calendario y el movimiento de los astros en una época en la que astronomía y cálculo del tiempo tenían una estrecha relación.
En el mundo islámico, los eclipses también adquirieron una dimensión religiosa vinculada a la oración. La tradición islámica contempla una oración específica asociada a estos fenómenos y los interpreta dentro de un marco religioso, sin necesidad de atribuir su aparición a acontecimientos humanos concretos.
Esa convivencia entre conocimiento astronómico, religión y tradición ayuda a explicar por qué un mismo acontecimiento físico ha recibido interpretaciones tan distintas a lo largo de los siglos.
Cintas rojas y embarazadas: el eclipse que supuestamente puede afectar al bebé
Una de las supersticiones que más ha resistido el paso del tiempo está relacionada con el embarazo. En diferentes comunidades continúa circulando la idea de que una mujer gestante debe adoptar precauciones especiales cuando se produce un eclipse.
Entre ellas aparece el uso de una cinta o hilo rojo alrededor del vientre. Otras variantes incorporan objetos metálicos o imperdibles que supuestamente actuarían como protección.
Estas prácticas están relacionadas con otro mito: que el eclipse podría provocar marcas de nacimiento, malformaciones o problemas como el labio leporino.
También se ha transmitido la advertencia de que una embarazada no debe tocarse determinadas zonas del cuerpo durante el fenómeno porque ese gesto podría afectar al bebé.
No existe evidencia científica que demuestre que un eclipse solar produzca esos efectos sobre el embarazo. Tampoco aparece durante el fenómeno una radiación especial capaz de provocar malformaciones fetales por el simple hecho de que la Luna se interponga entre la Tierra y el Sol.
Sí existe, en cambio, un riesgo perfectamente conocido que afecta tanto a embarazadas como al resto de la población: mirar directamente al Sol sin la protección adecuada puede provocar daños oculares.
La diferencia es importante. El peligro procede de observar el Sol de manera insegura, no del eclipse como supuesto fenómeno capaz de alterar un embarazo. Las recomendaciones científicas se centran por ello en utilizar protección ocular diseñada específicamente para la observación solar y seguir métodos seguros.
De los alimentos “envenenados” a los rituales que todavía permanecen
La comida constituye otro terreno especialmente fértil para las supersticiones. Una de las creencias sostiene que los alimentos preparados durante un eclipse pueden quedar contaminados por los rayos solares, estropearse rápidamente o convertirse en perjudiciales para la salud.
Existen también tradiciones que aconsejan cubrir el agua almacenada para evitar una supuesta contaminación o la entrada de energías negativas. Ninguna de estas afirmaciones implica un mecanismo demostrado científicamente por el que un eclipse convierta el agua potable o los alimentos en sustancias peligrosas.
Las creencias asociadas a estos fenómenos, sin embargo, no han desaparecido simplemente porque conozcamos su explicación astronómica.
En determinadas tradiciones del hinduismo siguen existiendo prácticas religiosas vinculadas a los eclipses, desde oraciones y baños rituales hasta restricciones relacionadas con la comida. Algunos templos modifican además su actividad durante estos acontecimientos.
Se trata de prácticas culturales y religiosas que no deben confundirse con las afirmaciones científicas sobre los efectos físicos de un eclipse.
Algo parecido ocurre con los animales, aunque en este caso sí existe un fenómeno observable detrás de algunas historias populares. La reducción repentina de la luz ambiental puede alterar temporalmente el comportamiento de determinadas especies. Algunos animales pueden reaccionar ante el oscurecimiento como lo harían ante la llegada de la noche.
Lo que sucede en el cielo, en cambio, tiene una explicación precisa. Un eclipse solar se produce cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol y bloquea desde determinados lugares todo o parte del disco solar. Es un fenómeno astronómico predecible y no una fuente extraordinaria de radiación capaz de contaminar alimentos, alterar embarazos o anunciar catástrofes.
Esa explicación no ha borrado miles de años de tradición. Los eclipses continúan reuniendo astronomía, historia, religión y costumbres populares en un mismo acontecimiento: hoy podemos calcular cuándo llegará la oscuridad y cuánto durará, aunque algunas de las historias nacidas cuando eso todavía parecía inexplicable sigan pasando de una generación a otra.