Tierra abierta por el efecto del agua y de los hidrosismos o hidromotos.
Efecto de un hidromoto o hidrosismo.

Cuando el agua provoca temblores: qué es un hidromoto y por qué puede ser peligroso

Hidromotos, el nuevo tipo de movimiento sísmico que preocupa a los geólogos

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Cuando el suelo parece moverse sin causa aparente, sin placas tectónicas involucradas ni fallas geológicas activas, los geólogos miran hacia otro culpable como es el agua.

En los últimos años, el término “hidromoto” o "hidrosismo" ha comenzado a ganar relevancia entre los sismólogos y científicos para describir un tipo particular de movimiento sísmico o deslizamiento del terreno provocado por la saturación extrema de agua en el subsuelo.

Si bien aún es poco conocido, este fenómeno tiene el potencial de causar daños considerables en infraestructuras, laderas, presas y entornos urbanos, especialmente en zonas donde las lluvias intensas y los suelos blandos coinciden.

El hidromoto no es un terremoto en sentido estricto, pero sí puede generar vibraciones y desplazamientos similares a los que se registran en un sismo menor.

Su origen radica en la interacción entre el agua y el terreno, es decir cuando un volumen excesivo de agua —como pues ser por lluvias prolongadas, desbordes fluviales o filtraciones subterráneas— penetra las capas del suelo, los poros del sedimento se llenan completamente, reduciendo la fricción entre las partículas sólidas.

Este proceso, conocido en geotecnia como licuefacción, convierte el terreno en una masa inestable capaz de moverse o colapsar de forma repentina.

En zonas costeras, cuencas fluviales o áreas con rellenos artificiales, los hidromotos pueden manifestarse con particular fuerza.

Según expertos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), estos eventos han sido documentados en regiones donde la presión del agua subterránea aumenta hasta un punto crítico, desencadenando desplazamientos súbitos que pueden afectar estructuras, carreteras y edificaciones. Es lo que ha sucedido en Grazalema.

Cómo se origina un hidromoto o hidrosismo

El mecanismo de un hidromoto puede entenderse como una secuencia en tres etapas como son infiltración (1), saturación (2) y colapso (3).

Primero, las lluvias o filtraciones incrementan la humedad del suelo; después, el nivel freático asciende y los espacios entre partículas se llenan completamente; finalmente, el peso del terreno y la pérdida de cohesión provocan un movimiento lateral o vertical.

A diferencia de los deslizamientos clásicos, los hidromotos pueden producir vibraciones internas detectables por sismógrafos, lo que a menudo los confunde con pequeños sismos tectónicos.

Este fenómeno también se relaciona con la erosión interna o “piping”, cuando el flujo de agua dentro del terreno genera canales microscópicos que debilitan la estructura del suelo.

Si este proceso coincide con lluvias intensas o un rápido aumento del nivel freático, el colapso puede ser inminente. En algunos casos, se registran pequeñas grietas o hundimientos previos, pero en otros el movimiento ocurre sin advertencia.

Casos recientes y riesgos potenciales

En los últimos años se han reportado episodios de hidromotos en regiones de Asia y América Latina, sobre todo tras temporadas de lluvias extremas.

En Japón, los investigadores del National Research Institute for Earth Science and Disaster Resilience (NIED) han identificado microtemblores asociados a licuefacción en zonas urbanas tras tifones y tormentas prolongadas.

En Chile y Colombia, especialistas en geotecnia han descrito eventos similares en laderas saturadas, donde el exceso de agua redujo la resistencia del terreno y provocó deslizamientos con características sísmicas.

En Europa, algunos municipios costeros del Mediterráneo han comenzado a incluir el riesgo de hidromotos en sus planes de ordenación territorial, sobre todo en áreas con rellenos artificiales o antiguas marismas urbanizadas. En estos días, con el paso de la borrasca Leonardo y sus fuertes lluvias se ha vivido en la Sierra de Cádiz.

Estos suelos, altamente porosos, pueden comportarse como una esponja: cuando se saturan, pierden estabilidad y transmiten las vibraciones al entorno construido.

La detección temprana de un hidromoto depende del control hidrológico y geotécnico del terreno. Las estaciones de monitoreo que combinan sensores de humedad, presión de poros y acelerómetros son herramientas clave para anticipar movimientos anómalos.

Igualmente la gestión adecuada del drenaje, la impermeabilización de taludes y el mantenimiento de cauces naturales pueden reducir significativamente el riesgo.

Los expertos advierten que el cambio climático y el aumento de eventos de lluvia extrema incrementarán la frecuencia de estos fenómenos.

De esta forma los hidromotos podrían convertirse en una amenaza recurrente para regiones con suelos saturables y alta densidad urbana.

En palabras de la geofísica María López, del Instituto de Geociencias de Madrid, “el agua puede ser tan destructiva como un terremoto cuando altera el equilibrio interno del terreno”.

Los hidromotos, silenciosos y difíciles de prever, representan un recordatorio de que la tierra no solo se mueve por fuerzas tectónicas, sino también por el poder persistente del agua que se infiltra bajo nuestros pies.