El periodo de entre guerras gestó el mapa político del siglo XX.

De la caída del Imperio otomano al conflicto palestino-israelí, el siglo que comenzó en 1919

El mundo entre guerras: el nacimiento del orden internacional moderno (1919-1939) y Oriente Próximo

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Durante las dos décadas que separaron la Primera Guerra Mundial y la Segunda, el planeta pasó un proceso de profunda transformación política, social y económica. Donde se gestó un mapa de tensiones sin igual.

Aquel período, conocido como entreguerras, fue el laboratorio donde se gestaron las tensiones, los movimientos y las ideas que definirían el siglo XX y que "colea" en el siglo XXI.

Entre las ruinas de los imperios caídos, las potencias vencedoras redibujaron el mapa del mundo, se afianzaron nuevas ideologías y emergió una disciplina básica para comprender este escenario: las Relaciones Internacionales.

El mundo salía exhausto de la Gran Guerra, con millones de muertos, economías devastadas y un orden político en crisis.

En medio de esa descomposición, Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos, propuso en 1918 sus Catorce Puntos, concebidos para establecer las bases de una paz duradera.

De su último punto nació la Sociedad de Naciones (SDN), creada en 1919 con la misión de garantizar la independencia y la integridad de los Estados.

No obstante, el nuevo organismo reflejaba todavía el desequilibrio colonial: 42 miembros iniciales, la mayoría europeos y americanos, mientras gran parte de África y Asia seguía bajo dominio imperial.

El sistema de Mandatos, establecido por el artículo 22 del Pacto de la SDN, fue la fórmula empleada para administrar los territorios del derrotado Imperio alemán y del Imperio otomano.

La idea —presentada como una “misión sagrada de civilización”— delegaba en las potencias vencedoras la tutela de pueblos considerados incapaces de gobernarse.

En la práctica, Reino Unido, Francia, Bélgica, Japón o Australia ampliaron así su influencia colonial. Los Mandatos de tipo A, B y C clasificaban a las poblaciones según su “grado de desarrollo”, consolidando un paternalismo que prolongó la dependencia.

Tensión en Oriente Próximo

El mapa del Oriente Próximo fue el ejemplo más claro de este nuevo orden. Tras la disolución del Imperio otomano, las potencias europeas trazaron fronteras artificiales sobre los antiguos dominios árabes.

En las conferencias de San Remo (año 1920) y Sèvres (año 1920) se asignaron a Francia los Mandatos de Siria y Líbano, y al Reino Unido los de Palestina, Transjordania y Mesopotamia.

Este reparto frustró las aspiraciones del movimiento panárabe, que había soñado con un gran Estado independiente.

Las potencias, además, transplantaron sus propios modelos políticos: los británicos instauraron monarquías en Irak y Transjordania, mientras los franceses promovían repúblicas bajo su control.

En paralelo, el desmoronamiento otomano dio paso a un mosaico de nuevos Estados. En el año 1923, el Tratado de Lausana selló el nacimiento de la moderna República de Turquía bajo el liderazgo de Mustafá Kemal Atatürk, quien sustituyó el sultanato por un régimen laico y nacionalista.

En Arabia, la unificación impulsada por Abdelaziz Bin Saud culminó en 1932 con la fundación del Reino de Arabia Saudí, justo antes de que se descubrieran los grandes yacimientos petroleros que transformarían la región.

Entre tanto, en Persia, el militar Reza Khan asumió el poder en 1925, se proclamó sah con el nombre de Reza Pahlaví y emprendió un ambicioso programa de modernización nacional. En el año 1935, el país adoptó oficialmente el nombre de Irán.

Sin embargo, el Oriente Próximo se convertiría también en el escenario de uno de los conflictos más persistentes del siglo XX: el enfrentamiento entre árabes y judíos en Palestina.

El movimiento sionista, nacido en Europa central a finales del XIX, había encontrado en la Declaración Balfour de 1917 el apoyo británico para establecer un “hogar nacional judío” en ese territorio.

A lo largo de los años veinte y treinta, la inmigración judía aumentó, alimentada por la persecución en Europa. La tensión entre los colonos europeos y la población árabe local desembocó en la Gran Revuelta Árabe (1936-1939), preludio directo del conflicto palestino-israelí.

En el plano global o mundial, la expansión de las comunicaciones, la industrialización y las migraciones transformaron el tejido social.

Las nuevas ideologías de masas —como fueron/son el fascismo, el comunismo y el nacionalismo autoritario— se disputaban el control político en Europa y América, mientras el Estado soviético ofrecía un modelo alternativo al capitalismo liberal.

Al mismo tiempo, en las colonias africanas y asiáticas comenzaron a gestarse los movimientos independentistas que décadas más tarde conducirían a la descolonización.

El período de entreguerras fue un tiempo de reconstrucción y experimentación. El mundo intentó reorganizarse tras la catástrofe de 1914-1918, pero las semillas del descontento quedaron plantadas.

Ni la Sociedad de Naciones ni los acuerdos internacionales lograron frenar el avance de los totalitarismos ni evitar una nueva guerra.

Pero, de esa tremendamente convulsa etapa nació la conciencia de interdependencia mundial y el impulso por construir un orden internacional basado en normas y cooperación: los cimientos del sistema mundial contemporáneo.

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