Lenin en la Plaza Roja de Moscú.

De Lenin a Stalin y cómo la revolución que prometía igualdad acabó en terror político

La cara oculta de la Revolución rusa: del poder de los soviets al control absoluto

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La creación de la Unión Soviética fue uno de los acontecimientos políticos más decisivos del siglo XX. Tras la caída del Imperio zarista y el triunfo de la Revolución rusa, los bolcheviques intentaron construir un nuevo sistema político basado en los soviets o consejos populares.

No obstante, el proyecto revolucionario pronto derivó hacia una estructura de poder centralizada que marcaría profundamente la historia del país y del mundo.

La creación de la Unión Soviética tras la Revolución rusa de 1917 dio lugar a un experimento político sin precedentes en la historia contemporánea.

El nuevo Estado surgió después de años de guerra mundial revolución y guerra civil que devastaron el antiguo Imperio zarista.

Cuando los bolcheviques consolidaron su poder proclamaron un sistema basado en los soviets o consejos populares que supuestamente debían representar la voluntad directa de obreros campesinos y soldados.

No obstante, desde el principio el poder real quedó concentrado en el Partido Comunista dirigido por Vladímir Ilich Lenin y su círculo revolucionario más cercano. Este partido se

En teoría los soviets debían funcionar como órganos de autogobierno popular. Sin embargo la práctica mostró que la estructura del nuevo Estado era profundamente centralizada.

Los delegados de cada consejo estaban sometidos a la disciplina del Partido Bolchevique que marcaba la línea política general.

Las decisiones importantes no se debatían libremente en los consejos sino que llegaban previamente definidas desde la dirección del partido. Cuestionarlas podía interpretarse como una muestra de deslealtad hacia la revolución.

De este modo el sistema que prometía poder para las masas terminó convirtiéndose en una estructura rígida donde la autoridad partidista resultaba incuestionable para todos

El contexto de guerra permanente reforzó esta lógica de control. Desde 1917 el nuevo régimen se vio rodeado de enemigos internos y externos. Antiguos oficiales zaristas grupos contrarrevolucionarios potencias extranjeras y movimientos nacionalistas amenazaban la supervivencia del gobierno bolchevique.

En ese clima de asedio se creó la Cheka la primera policía secreta soviética encargada de perseguir conspiraciones sabotajes y supuestos traidores.

Represión de la Cheka y los desmanes de Lenin o Stalin, el "carnicero"

Sus agentes elaboraban listas de sospechosos que podían incluir espías enemigos políticos intelectuales críticos o simples ciudadanos acusados de indiferencia hacia la revolución.

La represión se justificaba como una defensa necesaria del nuevo Estado revolucionario frente a sus adversarios

Con el paso de los años el sistema político soviético fue adquiriendo rasgos cada vez más autoritarios. Las instituciones del Estado penetraron profundamente en la vida cotidiana de la población y la vigilancia se convirtió en una realidad constante.

El temor a la denuncia o a la acusación política generó un clima de sospecha generalizada. Muchos funcionarios y militantes creían sinceramente que la delación y los interrogatorios duros eran instrumentos legítimos para proteger a la revolución.

Otros aprovecharon ese poder para ajustar cuentas personales o ascender dentro de la jerarquía política. Así el ideal de una sociedad liberada de injusticias

fue derivando progresivamente en un Estado policial que pretendía controlar todos los ámbitos de la sociedad.

En este escenario destacó la figura de Lenin líder indiscutible del proceso revolucionario. Intelectual formado en el marxismo dedicó gran parte de su vida a adaptar las ideas de Karl Marx a la realidad rusa.

Para él la revolución debía ser dirigida por un partido disciplinado capaz de orientar al proletariado hacia una transformación histórica profunda.

Sus escritos y discursos reflejan tanto la convicción ideológica como las dificultades prácticas de construir un nuevo sistema político en medio del caos social económico y militar heredado

Tras varios años de esfuerzo extremo Lenin enfermó gravemente en 1922 mientras el aparato estatal crecía con rapidez. Antes de morir en 1924 dejó advertencias sobre el futuro del Partido Comunista y sobre algunos de sus principales dirigentes.

Entre ellos se encontraba Iósif Stalin secretario general desde 1922 un cargo que pronto se convertiría en la base de un poder inmenso.

Luego de la muerte de Lenin Stalin maniobró con habilidad política para aislar a sus rivales especialmente a León Trotski uno de los protagonistas de la revolución y creador del Ejército Rojo. A finales de la década de 1920 Stalin había consolidado su autoridad absoluta.

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