Un grupo de hombres y mujeres de la Prehistoria en torno a un fuego y cocinando pescado.
Hombres de la Prehistoria comiendo pescado.

El alimento que pudo cambiar para siempre la evolución humana: ya lo cocinábamos hace 780.000 años

El dominio del fuego transformó la alimentación de nuestros antepasados, pero un yacimiento de Israel ha añadido una pieza clave a la Historia

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El fuego, la cocina, el género Homo y la evolución del cerebro humano están estrechamente relacionados, aunque reconstruir cuándo comenzó esa relación sigue siendo uno de los grandes retos de la arqueología.

Durante años se ha discutido si cocinar fue una consecuencia de nuestra evolución o uno de sus motores. Las evidencias disponibles no permiten resolver definitivamente el debate, pero sí muestran que algunos grupos humanos utilizaban el fuego para transformar alimentos cientos de miles de años antes de que apareciera nuestra especie.

Un pescado de hace 780.000 años cambia la imagen de la cocina prehistórica

Una de las pruebas más antiguas conocidas procede de Gesher Benot Ya'aqov, un yacimiento situado en el actual Israel. Una investigación publicada en 2022 en Nature Ecology & Evolution encontró indicios de que los homínidos que ocuparon aquel lugar cocinaron peces hace aproximadamente 780.000 años.

Los investigadores estudiaron restos de grandes peces de agua dulce y comprobaron que determinados dientes habían estado expuestos a temperaturas inferiores a 500 grados.

Su distribución alrededor de zonas asociadas a antiguos hogares, junto con otros datos arqueológicos, llevó al equipo a interpretar el hallazgo como la evidencia más antigua conocida de cocción intencionada de alimentos por homínidos.

El descubrimiento introduce además un matiz importante frente a la imagen tradicional de una primera cocina basada necesariamente en grandes piezas de carne asadas directamente sobre las llamas.

Con las pruebas disponibles actualmente no puede establecerse cuál fue el primer alimento cocinado de la historia. Sí sabemos que el pescado formaba parte de esa transformación alimentaria hace cientos de miles de años.

Cocinar permitió obtener más de los alimentos

El salto que supone cocinar no se limita al sabor. El tratamiento térmico puede facilitar la digestión y el aprovechamiento de los nutrientes, mientras que el procesamiento previo de carne y vegetales reduce considerablemente el trabajo necesario para masticarlos.

Un experimento dirigido por Katherine Zink y Daniel Lieberman, de Harvard, analizó precisamente el impacto del procesamiento de los alimentos sobre la masticación.

Los investigadores calcularon que una dieta con un 33% de carne, combinada con técnicas sencillas de procesamiento, podía reducir en torno a un 20% tanto el esfuerzo muscular como el número de masticaciones diarias.

Estos cambios ayudan a entender una aparente paradoja evolutiva: especies humanas antiguas desarrollaron cuerpos y cerebros con mayores necesidades energéticas mientras reducían progresivamente dientes, musculatura masticatoria y otras estructuras relacionadas con el procesamiento de comida dura.

La preparación mecánica de los alimentos y, posteriormente, la cocina forman parte de las explicaciones investigadas para ese proceso.

La hipótesis que relaciona el fuego con un cerebro mayor

El primatólogo Richard Wrangham, de Harvard, ha defendido una de las hipótesis más conocidas sobre esta cuestión: cocinar habría proporcionado alimentos más fáciles de digerir y con un mejor rendimiento energético, favoreciendo cambios anatómicos y liberando tiempo que antes debía dedicarse a masticar.

Su propuesta relaciona esta revolución alimentaria con la evolución de Homo erectus, aunque la fecha exacta del comienzo de la cocina continúa siendo discutida.

El registro arqueológico obliga, de hecho, a ser prudentes. El Smithsonian sitúa en torno a hace 800.000 años evidencias del control del fuego, mientras que Gesher Benot Ya'aqov proporciona una referencia excepcionalmente antigua tanto para su utilización como para la preparación de alimentos.

Lo que las investigaciones actuales permiten sostener es que cocinar modificó profundamente la forma en que nuestros antepasados obtenían energía y procesaban la comida.

Y la escena más antigua que podemos reconstruir con evidencias quizá no sea la de un enorme animal asándose sobre una hoguera: hace 780.000 años, unos homínidos ya estaban cocinando pescado junto al agua en lo que hoy es Israel.