Petrolero cruzando el Estrecho de Ormuz con la escolta de dos buques de guerra.
Petrolero escoltado en el Estrecho de Ormuz.

El cierre del estrecho de Ormuz desataría la mayor crisis energética del siglo

El bloqueo de la vía marítima clave entre Irán y Omán paraliza el transporte de crudo y dispara los precios del petróleo y el gas en todo el mundo

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El estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas 34 kilómetros de ancho entre Irán y Omán, se ha convertido una vez más en el eje de la tensión geopolítica y económica mundial.

Tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la confirmación de la muerte de su líder supremo, un asesor del comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) advirtió que cualquier buque que transite por la zona podría convertirse en objetivo militar.

El resultado ha sido inmediato: el estrecho está prácticamente cerrado, paralizando el transporte de petróleo desde las monarquías del Golfo y provocando un terremoto financiero que ya se siente en los mercados globales.

La importancia de esta vía no puede subestimarse. Por ella transitan diariamente cerca de 20 millones de barriles de crudo, equivalentes a una quinta parte de la producción mundial, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).

El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, y su control estratégico otorga a Irán un poder desproporcionado sobre la estabilidad energética del planeta.

Con el bloqueo, el flujo petrolero se ha reducido a mínimos históricos: apenas cinco buques cruzaron la zona el último domingo, frente al promedio habitual de sesenta, de acuerdo con datos de S&P Global Energy.

El impacto en los precios ha sido fulminante. La gasolina en Estados Unidos registró su mayor alza diaria desde el huracán Katrina en 2005, y los mercados internacionales experimentaron una volatilidad sin precedentes.

Los futuros del crudo superaron los 120 dólares por barril en cuestión de horas, arrastrando consigo al gas natural licuado (GNL), cuyo comercio global también depende en gran parte de la misma vía marítima.

Analistas de Rapidan Energy Group advierten que la actual crisis podría superar a la desatada por la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando los precios del petróleo aumentaron un 50 % en pocas semanas.

La comparación con la guerra de Ucrania resulta inevitable. Aquel conflicto puso en riesgo tres millones de barriles diarios de petróleo ruso; esta vez, la interrupción afecta potencialmente a casi veinte millones.

Los ataques recientes contra infraestructuras energéticas en Arabia Saudita, Kuwait y Qatar, aliados estratégicos de Washington y miembros de la OPEP, amplifican la sensación de vulnerabilidad.

La S&P Global Energy alertó en su último informe que el cierre prolongado del estrecho representaría “la mayor interrupción del suministro de petróleo de la historia moderna”.

Más allá del ámbito energético, las repercusiones geopolíticas son profundas. China, el principal importador mundial de crudo y el mayor comprador de petróleo iraní, ha reaccionado con cautela pero firmeza.

En una conferencia en Beijing, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores instó a todas las partes a cesar las operaciones militares y garantizar la seguridad de la navegación.

Para Pekín, el cierre del estrecho no solo amenaza su suministro energético, sino que pone en riesgo la estabilidad de su industria manufacturera, motor de la economía global.

Ormuz, el cuello de botella del petróleo en Irán

El estrecho de Ormuz se ha descrito históricamente como el “cuello de botella petrolero” del planeta.

Sus rutas de navegación son tan estrechas —apenas tres kilómetros por sentido— que los superpetroleros deben cruzar zonas bajo jurisdicción iraní y omaní, un hecho que ahora se convierte en factor de riesgo extremo.

Las principales compañías navieras, como Maersk, MSC, Hapag-Lloyd y CMA CGM, han suspendido temporalmente el tránsito por la región, redirigiendo sus flotas hacia rutas más largas y costosas.

Con los mercados energéticos en ebullición, la comunidad internacional enfrenta un escenario inédito como es una interrupción prolongada del flujo de crudo desde Oriente Medio podría desatar una crisis de inflación global, comprometer la recuperación económica y aumentar la presión sobre gobiernos ya debilitados por la desaceleración postpandemia.

Como advirtió el analista iraní Mohammad Ali Shabani, “el control de Ormuz otorga a Irán la capacidad de provocar un shock mundial en los mercados energéticos”.

Mientras el humo de los bombardeos aún cubre los cielos de Teherán y Beirut, el mundo observa con creciente inquietud cómo una franja de mar de apenas unas decenas de kilómetros tiene en sus manos el destino energético del siglo XXI.