Obreros construyendo las pirámides.

El gran mito sobre las pirámides de Egipto que la arqueología ha desmontado después de siglos

Las evidencias dibujan una organización laboral mucho más compleja que la imagen de esclavos sometidos a latigazos construyendo las pirámides

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La imagen de miles de esclavos arrastrando enormes bloques bajo la vigilancia de capataces forma parte de la cultura popular asociada a las pirámides de Guiza. Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en la zona ofrecen un escenario muy diferente.

Los restos de asentamientos relacionados con los constructores muestran una fuerza laboral organizada, formada por trabajadores egipcios, artesanos y personal especializado que recibía alimentos como compensación y vivía cerca de las obras. Una realidad que obliga a revisar una de las escenas más repetidas sobre el Antiguo Egipto.

Heródoto ayudó a extender una imagen que sobrevivió durante siglos

La asociación entre las grandes pirámides y un trabajo realizado bajo coerción tiene raíces antiguas. Heródoto visitó Egipto unos dos milenios después de la construcción de la Gran Pirámide y recogió historias sobre Keops en las que el faraón aparecía como un gobernante que había sometido a los egipcios a enormes trabajos.

En su relato, el historiador griego habló de grupos multitudinarios movilizados para transportar piedra y participar en las obras. El problema es la distancia temporal: Heródoto escribía muchos siglos después de los acontecimientos que describía y reproducía testimonios y tradiciones que circulaban en su época.

Esa visión terminó teniendo una enorme capacidad de supervivencia. Siglos después, novelas, ilustraciones y especialmente el cine consolidaron una estampa muy reconocible: filas interminables de esclavos, grandes rampas y vigilantes armados con látigos.

Las excavaciones modernas en Guiza han permitido comprobar sobre el terreno cómo se organizó realmente una parte importante de aquel gigantesco proyecto.

Un asentamiento junto a las pirámides cambió lo que sabemos de sus constructores

A unos cientos de metros al sur de la Esfinge se encuentra Heit el-Ghurab, conocido popularmente como la Ciudad Perdida de las Pirámides. Las investigaciones de la Ancient Egypt Research Associates han identificado allí un amplio asentamiento que sirvió como base para las operaciones relacionadas con los grandes complejos piramidales.

No era simplemente un lugar en el que dormían quienes transportaban bloques. Las excavaciones han documentado espacios vinculados a trabajadores, artesanos y administradores, además de instalaciones destinadas al procesamiento y preparación de alimentos.

La construcción de una pirámide necesitaba mucho más que fuerza física. Había que extraer y trabajar piedra, transportarla, mantener herramientas, organizar suministros y alimentar a una numerosa población. Detrás de los monumentos existía, por tanto, una maquinaria logística con diferentes niveles de especialización.

Digital Giza, el proyecto de Harvard dedicado al estudio del yacimiento, señala que la fuerza de trabajo pudo estar formada por entre 20.000 y 30.000 egipcios. Entre ellos habría artesanos especializados y numerosos trabajadores dedicados a cortar y trasladar los bloques.

Pan y cerveza como pago para una enorme fuerza de trabajo

Otro detalle aleja todavía más esta organización de la imagen cinematográfica tradicional. En el Egipto de aquella época no funcionaba una economía monetaria como la actual, por lo que la remuneración podía entregarse mediante alimentos. Entre las principales provisiones destinadas a los trabajadores estaban el pan y la cerveza.

La arqueología tampoco niega que existieran formas de esclavitud o trabajo forzado en el antiguo Egipto. Lo que cuestiona es que las grandes pirámides de Guiza fueran levantadas por aquellas masas de esclavos encadenados que todavía aparecen con frecuencia en la ficción.

Los hallazgos apuntan a una estructura organizada por el Estado capaz de concentrar mano de obra, especialistas, alimentos y recursos alrededor de uno de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos de la Antigüedad.

Las pirámides siguen siendo una demostración extraordinaria del poder de los faraones, pero sus constructores reales se parecen cada vez menos a los personajes anónimos y encadenados de Hollywood.

Bajo la arena de Guiza apareció algo mucho más revelador: el rastro cotidiano de las personas que hicieron posible aquellas construcciones hace más de 4.500 años.

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